
Puede que la fiesta de Halloween sea una tradición anglosajona, que con el paso de los años ,y gracias al cine y a la globalización, ha ido traspasándose a otros países, entre ellos España, con la costumbre, cada vez más latente en los chiquillos, de ir a pedir caramelos por las casas… Pensamos en la capital anglosajona por excelencia, y pensamos en Londres, la capital del Reino Unido. Creemos que Halloween se celebra aquí de una manera muy especial, totalmente diferente a como se celebra en Madrid o en ciudades como Cádiz, por ejemplo.
Se cree uno que todos los escaparates estarán llenos de adornos de Halloween: calabazas, brujas, murciélagos… Piensa que se va encontrar por la calle hordas de niños hambrientos de golosinas y molestando a esos ricos ingleses que disfrutan en Chelsea del calor de su hogar… Se imagina las calles llenas y llenas de gente, todas disfrazadas, con disfraces originales, a cual más currado, tras horas y horas de costura o tras haber desembolsado una estimable cantidad de “pounds” en alguna tienda de disfraces varios.
En definitiva, te crees que esto es algo diferente, y te dispones a disfrazarte para disfrutar en la calle esta fiesta que por ser “nueva” para tí (nunca me he disfrazado en Halloween) piensas que va a ser diferente. Y de hecho lo es, es diferente a como te la imaginabas.
Les juro que me lo pasé bien, en buena compañía, en un pub con buena música, buen ambiente y gente muy simpática, o al menos eso parecía. Pero no deja uno de saborear ese aroma descafeinado que se te queda en el paladar después de haber vivido algo que esperabas con una dosis mayor de cafeína…
Una vez en la entrada del metro, nos dimos cuenta que los únicos seres humanos que estábamos disfrazados éramos nosotros, con pintas de habernos atropellado el tren, y con miradas cómplices y divertidas de los usuarios del “tube“. Para que luego diga que en Londres se pasa desapercibido te pongas lo que te pongas.
Al ir acercándonos a nuestra parada, Oxford Circus, el número de gente disfrazada aumentaba a cada momento, pero vaya disfraces… Algunos disfraces entraban dentro de lo normal: Te encontrabas el típico zombie, el vampiro, la momia… Pero siguiendo observando te dabas cuenta que en Halloween cabían todos los personajes posibles, y veías a chavalas, muy monas por ciertos, disfrazadas de gatas, de policía, de enfermera… Eso sí, con muy poca tela, que estamos en crisis oigan, y no está la cosa como para ir derrochando en trapos. Pareciese como si se dirijieran a una competición de cachas, o camisetas mojadas, o algún rodaje de esas películas que llaman de pelo. No sé a los demás, pero a mí miedo no me dieron ninguno… Bueno, un poco sí… Ya me entienden… Lo que sí es cierto es que las susodichas no pasaban frío, creo que están acostumbrado a él. Y mi teoría es que no son inglesas, sino siberianas, y tienen el frío tan asumido que han desarrollado bajo la piel una segunda capa, como si fuera un polar del Decathlon.
Y luego en el local lo típico, pagar una entrada, para acceder a una pequeña pista de baile, con más gente disfrazada bailando, no toda; con algunas chucherías en las mesas… Y los únicos adornos que te encuentras es una proyección de halloween con murciélagos, esqueletos y demás, la película de Drácula en una pantalla y las camareras disfrazadas de Popeye, que da bastante miedo también. Yo solo esperaba que no comiesen espinacas.
Lo de Popeye también se las trae, me vino a la cabeza aquel momento de la infancia en el que quedé desilusionado y engañado por ese mito infantil. Lo veía tan fácil y asequible… ¿El qué? Pues el ponerte fuerte en un santiamén solo por comer espinacas. Pero bueno, esa es otra historia que no viene a colación.
Lo que si viene al asunto es que Halloween pasa por Londres sin que te des cuenta. Es lo que tiene una ciudad grande, en la que hay tal mezcla de culturas, tantos costumbres eclécticas que las esencias más puras de la ciudad se pierden poco a poco. Quizás en los pueblecitos de Inglaterra aún se conserva esa costumbre intacta, esa esencia de festejar antiguos ritos, recordando a sus muertos, comiendo dulces típicos y reunida la familia entera mientras cada dos por tres te tienes que levantar porque aquellos pequeños fantasmas, vampiros o momias llaman a tu puerta a decir eso de “trick or treat?”. Algunos, tan amablemente, les dará algo y otros les dirá:
“Niño, tú en estas fechas te acuerdas de tus muertos, ¿no?… Pues yo también”.
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