domingo, 3 de octubre de 2010

Mi paraguas y yo.

Creo que el paraguas se está convirtiendo en parte de mi anatomía, no consigo despegarme de él por mucho que quiera...
Cuando termine esta beca, pienso ponerme en manos de expertos, a ver si consiguen estirparme el paraguas de la mano. Siempre hay que ir con él. Aunque haga un sol de justicia nadie te asegura a tí que no caiga de repente la de Dios, sea este anglicano o cristiano.
El panorama es el mismo cuando no llueve, gente con sus paraguas en la mano, mirando al cielo y esquivando los charcos.
Puedes terminar la jornada calado de arriba abajo si no apadrinas un paraguas. Aunque por mucho que te protejas del H20 es seguro que los zapatos te los empapas, pero bueno, siempre quedan los hogares con moquetas en los que tus suelas pueden felizmente secarse después del baño.
Es que también lo de Inglaterra y sus moquetas, las moquetas y su Inglaterra, merecen un capítulo aparte, o una entrada, según se mire.

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