El pasado Domingo se celebró el derbi por antonomasia en londres (Chelsea-Arsenal) y aprovechando que el Stanford Bridge (estadio del Chelsea) queda a escasos metro de mi residencia, me decidí a darme una vuelta por los aledaños antes del comienzo.
Pero no me dí una vuelta como uno más, no, sino que me decidí a amortizar la camiseta del Arsenal que me compré hace un par de años y la usé para la ocasión.
Quería experimentar cómo era recibir una paliza de un hooligan, como la gente te escupía, como era sentirse odiado, y como no, quería tocar un poco las balls.
Así que allí estaba yo, dándome una vuelta con la camiseta del eterno rival, como si nada. Algunos pasaba, otros miraban, e incluso un guarda de la seguridad privada del estadio me advirtió que tuviera cuidado, que era peligroso andar por esa zona del estadio, que era desde la cual acceden los ultras del Chelsea.
Pero me crean o no, en el par de vueltas que me dí por el estadio no recibí ni una sola burla, nadie me señaló con el dedo, no me mentaron a la madre que me parió y no me mandaron a ninguna parte obscena.
Y me pregunto si es posible darse un par de vueltas por el Bernabeu con la camiseta del Atleti sin que nadie te diga nada, o por el Camp Nou con la camiseta del Español.
Yo lo probé en el caso del Chelsea y de momento, aunque las comparaciones sean odiosas, Inglaterra-1 España-0.
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