martes, 30 de noviembre de 2010

¿Blanca? Navidad

Las navidades se acercan, y este año vienen más blancas que nunca. Blanca por la nieve que ha caido hoy, unos copos que no han cuajado en el centro de Londres, pero que han tapizado de blanco el suelo, los coches, casas y árboles de los barrios periféricos, Greenwich entre ellos.

El otro blanco, el blanco del fútbol, estuvo ausente ayer. Por el cesped del Camp Nou pasó desapercibido un Madrid que se vió desbordado por la máquina blaugrana, compuesta de esos locos bajitos que tocan la pelota como los ángeles.
Ni el Chelsea-Arsenal, ni el Liverpool-Everton ni ningún otro clásico levanta tantas pasiones como el español, seguido en Inglaterra no solo por españoles, sino también por nativos y gente de todo el mundo, que disfrutaron de un espectáculo, del fútbol en su máxima expresión, maravillando al mundo con toque, eficacia, humildad…Y así hasta un sinfín de virtudes que se convirtieron en cinco goles, una manita que dice adiós a la soberbia y prepotencia de Mourinho, y saluda al mundo del fútbol que hoy más que nunca respeta el fútbol y la filosofía que se ha forjado en Barcelona de la mano de Pep, hombre de la casa, y de un equipo conformados por campeones del mundo, del talento de Messi…

Es motivo de orgullo el llegar a la oficina y que todos los compañeros amantes del fútbol te comenten lo visto ayer, con expresiones de alabanza, afirmando que nunca habían visto tanta superioridad en un clásico ni a un equipo jugando de esa manera desde el Brasil del 70. Esto me lo comentan mientras fuera nieva, cubriendo todo de blanco, en contraste con lo visto ayer, cuando las portadas y el mundo del fútbol de todo el planeta se tiñeron de blaugrana. CINCO-mentarios.



Foto: Sergio Ramos no pudo estar CINCO-ntenerse y le asestó una dura patada a Messi además de propinarle sendos MOU-notazos a sus compañeros de selección Puyol y Xavi.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El frío-Tour

Ha venido el frío con fuerza, y lo ha hecho a lo grande, con dos huevos( o con dos cubitos de hielo mejor), con unas bajadas a temperaturas glaciales. Una monería, vamos…
El venir de climas templados es lo que tiene, que cuesta acostumbrarse a este frío propio de climas nórdicos, aunque no sé por qué le llaman nórdico, si los nórdicos abrigan un huevo y eso es lo que hecho de menos.
Cuando llego a mi casa, meto los calcetines en el frigorífico para que estén más calentitos cuando me los ponga.

Anunciaron nieve para este fin de semana, de hecho han cubierto algunas estaciones y carreteras de sal. Incluso el sábado, pasando por una estación de metro, ví un grupo de gente tirada en el suelo. Al acercarme me dí cuenta de que hablaban entre ellos en español, con acento andaluz. Les pregunté qué hacían ahí y me dijeron: Nada, nos han puesto aquí los operarios porque se les han acabado la sal y nosotros somos "mu salaos" mi arma...



La cuestión es que el frío me permitió asistí el Sábado al mismo free Tour (debería llamarlo frío-tour)que hice hace dos años, para saber un poco más y recordar cositas del frío Londres que se te pasan por alto cuando te das una simple vuelta. El tour no lo hizo un pingüino y lo de free (gratis) es un decir, ya que desde el principio te advierten de que se “aceptan” propinas, porque nadie les paga ni subvenciona y con esas propinas vivían. Al final del tour de dos horas y media lo vuelven a recordar, el chaval dice con cara de pena que era la hora de que valoremos su trabajo y dependiendo de lo que merezca le demos más o menos. Fui el primero en darle la propina y en decirle: “Mira, yo valoro tu trabajo, y te lo agradezco, pero te voy a dar esto porque está la cosa muy chunga”. Para los malpensados le dí más de una libra, incluso más de dos, pero menos de cuatro… No voy a dar más pistas leñe…

Cualquier tour es una ventana abierta a la curiosidad, es la esencia del marujeo convertida en cultura donde, en vez de permanecer ansiosos por saber cómo se tiñe el chichi Belén Esteban, acudimos hambrientos de anécdotas de la historia, entresijos de calles, personajes y épocas que te hacen ver la ciudad desde una perspectiva diferente.
A ver cómo iba a saber si no que los pelícanos de Sant Jame´s Park comen, además del lógico menú de peces del lago, palomas. Sí, comen palomas, sin masticarlas siquiera, todo para dentro, como Lucía Lapiedra. Con esta actitud que no les extrañe a nadie que puedan llegar a comerse a personas pequeñitas… Ya sabemos por qué no se ha vuelto a ver al señor Galindo…

Siempre intento descubrir nuevos sitios al lado de algún guía, esa persona que te cuenta la historia de la historia. Un amigo de solo dos horas que sabe, que conoce, y te ameniza el paseo y la mañana. Sólo así se consigue pasar por un sitio sabiendo el por qué, el cómo, el cuándo… Es un paso más allá al de leer un libro, es descubrir el lugar en su esencia, fotografiar algo que de verdad sabes qué es, sin caer en la tentación barata de echar fotos a todo lo que se mueva, llámase Big Ben o Tower Bridge; sin conocer, o lo que es peor, sin importarles un carajo, lo que son.

Después del tour me dí una vuelta por el mercado navideño que han puesto en Hyde Park, pero como de tanto leer te estás quedando frío mejor lo cuento en un post especial de navidad.



En la foto: El 104 de la Calle Pall Mall (la calle favorita de los fumadores y famosa por sus prestigiosos clubs de caballeros). En este número es en el que se basó Julio Verne para dar comienzo a su novela "La vuelta al mundo en 80 días" y esos escalones que veis son los mismos que bajó el señor Fog mientras pudo haber pensado, arrepentido: "Ostias...¿Qué coño he hecho? Yo no podría haber apostado al fútbol como todo el mundo, no..."

viernes, 26 de noviembre de 2010

Se lió parda

Otra vez se lió la de San Quintín en Londres, y otra vez Phillip of Spain querrá hacer otro Escorial, con manifestación de hordas de estudiantes sedientos de reivindicarse. Andan enfadados, no porque les haya subido el precio de la botella de Ron, motivo de protesta en España, sino porque Cameron les quieren subir las tasas de matriculación universitarias. Como ven en todos los sitios cuecen habas y hasta la gran potencia británica tiene que hacer una serie de recortes y esfuerzos para capear la crisis, aunque esta sea menos, debido a que estos saben hacer mejor las cosas que los europeos del sur.

La cuestión es que allí estaban los estudiantes, repartiendo leña, con una gran concentración por Westminster. No se recordaba tantos jóvenes juntos desde los macrobotellones organizados por alumnos de universidades españolas. Que a algunos les viene al pairo que suba los precios, los tipos de interés o la madre que los parió, que allí estarán ellos con su botella cada fin de semana, despues de haber cumplido su parte durante la ídem encerrándose en bibliotecas y salas de estudio.
Estos hooligans estudiantiles estaban deseando meter baza, y haciendo más ruido que los que fueron a manifestarse pacíficamente, consiguieron hacerse eco en la prensa nacional e internacional, dando caña a la poli, zasca zasca.

El gran protagonista, una furgoneta de la police, que fue abandonada a su suerte en medio de esos bárbaros, que dieron cuenta del “van” (que así llaman a las furgonetas) en lo que canta un pavo (ya que estamos a las puertas de la navidad). Por eso a este tipo de actos se les llama Van-dalismo, porque todo empieza por cargarse una furgoneta de la poli.

Se conoció más tarde que el jugador holandés del Arsenal “Van” Persie se refugió en la embajada de su pais a pedir asilo político al enterarse de que los jóvenes estaban destrozando todos los “van” que encontraban. También hizo lo propio Jean Claude “Van” Damme que se encontraba por aquí de visita. El pánico corrió como una mecha por Londres y pronto todas las “Van”esas, los “Van”idosos (que existen unos cuantos por aquí) y hasta los catetos que tenían cuentas en los “Ban”cos retiraron el dinero porque creían que Banco se escribía con V.

Uno de los representantes estudiantiles más radicales, Mikel Edenporculo, comentó lo siguiente a los medios: “Vamos a hacernos escuchar, que le den por c… a la poli y al gobierno, ¡viva la revolución!. Por cierto, saludo a mi madre y mi tía que seguro que me estarán viendo”.
Otro estudiante de origen italianao, Federico-Herencia, pidió coherencia a los jóvenes y reclamó que ejerzan el derecho a manifestarse de forma pacífica.
Y de nuevo vuelta a los radicales, la china de origen hispano Lalio Parda, comentó: “Para atacar a la policía he mezclado ácido de cobre con solfato de calcio, no con fosfato cal… no sé lo que era…Y ha salido gente muy afectada. Vamos que la he liao parda”.



En la foto podemos ver a un estudiante en una actuación ante la prensa en la que hizo gala de su gran talento musical representado la obra maestra “Evita. Evita pagar las tasas”. Con la inolvidable canción “No llores por mí madresita, pero así va a estudiar un romano”.Y es que cuando se trata de protestar, los ingleses tienen mucho arte en las venas.

domingo, 21 de noviembre de 2010

This is Cadiz

Pocos son los días en los que no me acuerde de Cádiz. Dejé mi ciudad un día de verano, en Septiembre, y en mi memoria se ha quedado la imagen de esa tacita soleada, calurosa y peleada con el levante.
Parece como si el tiempo se haya parado en esa ciudad y sigue tal como la dejé; y no existe en ella ni el invierno, ni el frío ni la lluvia; teniendo la idea de que cuando llegue podré volver a darme un baño en sus playas.

Todos este tsunami de recuerdos me viene día sí y día también, máxime cuando esta ciudad, Londres, se empeña en recordarme aquel rinconcito español donde se vive como en un sueño y un sueño es el encontrar trabajo.

Verbigracia, me gustaría decir que trabajo cerca de mi ciudad, y no voy muy mal encaminado cuando lo afirmo. No estoy ni en San Fernando, Puerto Real ni ningún municipio de la Bahía, y aunque en la oficina se hable inglés no estoy en ninguna empresa de Gibraltar, además no hay monos ni piratas.
Estoy a unos cuantos kilómetros más al norte, donde el planeta Tierra empieza a contar las horas, donde el Oeste se confunde con el Este. Estoy, en definitiva, en Greenwich, acariciando el meridiano. “¿Greenwich? Eso está en el quinto carajo de Cádiz.” Lo sé, pero desde el primer día sé que en la escuela de negocios donde trabajo hay una sala que se llama “Cadiz”; sin tilde, que ellos no la usan, aunque Cádiz se llame así aquí y en la Cochinchina.
El nombre de las salas corresponde a personajes o lugares importantes en la historia marítima inglesa y Cádiz, importante durante Trafalgar y como ciudad anhelada por piratas ingleses durante siglos antes, no podía faltar.
Fue curiosa la circunstancia, el que el destino me haya concedido un deseo, el de trabajar cerca de Cádiz. “¿No querías Cádiz? Pues ahí la tienes, picha”.
Se trata de una sala normal, no huele a sal ni hay marujas llevando bolsas de pescado comprado en la plaza. Las vistas no son ni a la alameda ni al campo del sur, que más quisieran ellos, pero sí a un bonito pueblo que el crecimiento de Londres se ha encargado de absorber y hacerlo parte de la gran ciudad.



De entre los anuncios del metro de Londres se puede encontrar de todo. Anunciando bancos, periódicos, maquinillas de afeitar, teatros, películas… Pero el mejor anuncio, al menos para mí y si entendemos calidad como capacidad de despertar sentimientos en el receptor, es un anuncio sobre un destino turístico. Concretamente es un anuncio sobre Andalucía “loves you” en el que presentan al público británico la posibilidad de pasar unas lovely vacaciones en la comunidad, acompañado de Manuel Chaves, si hace falta, vestido con su traje de flamenca y haciendo de guía turístico por los mejores chiringuitos y urbanizaciones de la Costa del Sol .
Solo hay dos tipos de fotos en ese anuncio repartidos por algunas de las estaciones del metro de Londres: Hay una en la que sale una muchacha, muy mona por cierto, paseando con una sonrisa de anuncio de compresa por un patio típico andaluz.
En otra foto, la que más me ha gustado, aparece una pareja paseando por la playa de Santa María, cogida de la mano, y disfrutando de una caída de sol mientras al fondo, el Campo del sur custodiado por la Catedral, recorta el mar en una línea labrada de piedra ostionera. Les hablo, como no, de Cádiz.
Véase aquí la mencionada foto:



Está mal que lo diga, y aún a riesgo de caer en la reiteración y en el alarde, estos detalles son los que te hacen un poco más orgulloso de pertenecer a un rincón donde la historia y la belleza han sellado tal pacto de amistad que ni el paro, las pocas esperanzas de las que gozamos la juventud de allí, ni la gente que ensucia y mancha el nombre de la ciudad, ni los años, ni la pujanza de otras ciudades, han podido separar.
Por eso, cuando veo Cádiz en una escuela de Greenwich que queda tan lejos de donde vengo, o aparece la foto en un anuncio en el metro que ve millones de personas al día, solo puedo decir una cosa en mi inglés caletero: “This is cadiz and here it is necessary to suck”. Que traducido resulta “Esto es Cádiz y aquí hay que mamar” o como diría aquel “`Después de Cádiz, ni hablar…”.

martes, 16 de noviembre de 2010

El laundry en Londres

No pensaba ir hoy, pero un pequeño incidente en la cocina de la oficina, en la que una taza de café le dió por ponerse gallita y resbalar de mis manos, ha provocado mi visita anticipada al "laundry" que son las lavanderias públicas que puedes encontrar por aquí.

Eso me pasa por ser tan bueno:Mi compi de oficina, el que tengo en el escritorio de al lado, me pidió que le hiciera un café, como viene siendo costumbre estos dias. Ojo, no lo hago por placer, ni por obligación, es cortesía. El hombre es ya un poco mayor, usa muleta y ha estado hospitalizado dias atrás, así que con mucho gusto le ahorro al querido colega el subir y bajar escaleras. Además me halaga diciendo que hago el mejor café de la oficina, y uno se deja comer la oreja y raudo y veloz va a la "kitchen".
Y no sé si porque el vaso tenía prisa en irse, porque estaba mojado, o una de las chicas monas de la oficina me distrajo...La cuestión es que el vaso escapó de mis manos antes de entrar en el microondas, se volcó y dió con una cuarta parte de su contenido en mis pantalones (los del traje de chaqueta). Mi primer reflejo: "Fuck!" y cagarme en la puta...
Así que en esas me ví, con la mancha secándose, pasando desapercibida pero pidiendo a gritos un baño en la lavadora.

No hay lavadoras en la residencia, así que me las apaño para hacer la colada en una lavandería pública que como he dicho llaman "laundry". En el que parecía que hoy era el día especial del vagabundo, había rebaja para ellos por lo visto. Hasta la propia encargada, colombiana, me lo dijo: Hoy es el día del homeless.
Había gente rara, entre las que me incluyo. También lavaba la ropa una señora. Deduje que era una señora por la vestimenta, y por la voz, porque si no hubiese pasado como el padre de Will Turner en "Piratas del Caribe". A esta acompañaba un simpático muchacho, con más greña que el sobaco de Melendi, pero tan amable que mantuvo una conversación de dos minutos conmigo para preguntarme de dónde era y cuánto tiempo estaba por aquí.

Pero la más freak,una señora...¿Por qué no decirlo? Más rara que ver a un chino con bigote. Era la típica vagabunda,parecida a la que salió en "solo en casa 2", la de las palomas, con el maculi culquin, o como coño se llame el chiquillo ese. Lo cierto es que la señora olía que echaba para atrás,menos mal que el olor a jabón y suavizante que había en el ambiente suavizaba, nunca mejor dicho, un poco el panoraba. Y la verdad es que me cayó simpática. Se veía tan noble y cordial... Me cayó simpática hasta que me ofrecí a abrirle la puerta, porque sus vártulos impedian su movimiento y la dificultaban para salir a la calle.
Me levanto, "déjeme ayudarle", le dije. La mujer me miró seria, me dijo algo que me parecía arameo porque no entendí una mierda. Creo que dijo algo de que no necesitaba ayuda de nadie. En esas me quedé, con la cara de gilipollas que se te queda en esas situaciones, cuando amablemente ofreces tu ayuda y algún desagradecido lo rechaza de malas maneras. Me aparté un poco, por miedo a que me mordiese, pero lo bastante cerca para poder hablarle, y ahí estuve buscando las palabras en inglés adecuadas para mandarla a la mierda educadamente, pero no las encontré. Y se fue tan campante, tras haber alimentado su certeza de poder tratar así a la gente.

Por cierto, dicen que aprender inglés es muy importante, que el conocer el idioma te abre muchas puertas y el que lo sepa encuentra trabajo antes... Pues esta mujer hablaba inglés de puta madre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La Gran Catedral


Siempre me han impresionado las catedrales, esas obras colosales que la mano del hombre se ha encargado de hacerlas infinitas, majestuosas e impecables, en su fondo y en su forma.
Siempre me llaman la atención sus bosques de columnas, sus frescos, su monumental silencio y el eco de tus propios pasos en las gruesas paredes.
No entiendo de arte, apenas puedo diferenciar entre un determinado tipo de columna u otro, pero las catedrales reflejan en mí lo que en su origen pretendieron los que la diseñaron, que me sienta diminuto, pequeño ante aquella obra de, según ellos, Dios.
Me pasó con la catedral de Sevilla, por ser la de mayor tamaño de entre las que he estado. Costaba imaginar como el hombre de aquella época pudo construir esa montaña de piedras con la tecnología de su tiempo, y darle tanta armonía y tanta belleza que ni las obras arquitectónicas actuales pudieron alcanzar.


Volví a verme envuelto por esa belleza ayer, en mi visita a la catedral de San Pablo, reconstruida después del incendio que azotó a la ciudad en 1666(curioso el año, ¿Verdad?). Aprovechando que los Sábados por la mañana la entrada es gratis no pude dejar pasar la oportunidad de volver a sentirme pequeño.
Empezando mi visita por la cripta contemplé las dos tumbas de los mayores héroes de Inglaterra, que por tal motivo gozan del privilegio de estar enterrados en la catedral de Londres: Nelson (héroe de Trafalgar) y el Duque de Wellington (Héroe en Waterloo y en la península Ibérica). Da la casualidad de que dos de los mayores héroes hayan derrotado a Napoleón, el hombre que tuvo acojonado a los ingleses, uno por mar y otro por tierra, respectivamente.

Volviendo al tema de la catedral, su cúpula es algo digno de ver al menos una vez en la vida, el dolor de cuello se hace patente cuando miras arriba para contemplar la lejanía de esa linterna que como un ojo acechando observa a los turistas dando vueltas por todo el inmenso pabellón que envuelve la cúpula.
Subí las escaleras que me llevaban a la propia cúpula desde la que pude observar la catedral desde las alturas, viendo el suelo lleno de turistas diminutos mirando hacia arriba la aún lejana linterna.


Y pasando la mirada abajo y arriba te preguntas como es posible construir esto, o pintar los frescos del techo sobre andamios de madera alcanzando una altura difícil de concebir. Me imaginé al pintor que llega a la catedral recién construida, al que le han hecho el encargo de pintar el techo: “Una cosa fácil, Manué” le dijeron. Se fue el pintor muy feliz de su casa, le dio un beso a su mujer, y buscó el sitio por el google map, que en esa época estaba hecho de pergaminos. Llegó al sitio y le dijeron “Pues aquí es”. Vió el pintor la nave central llena de andamios de madera, que se levantaban hasta la altura del techo. Empezó a subir por la mañana, y llegó a la hora del bocadillo, le jodía que se le cayera un pincel al suelo porque eso significaba que perdía un día de trabajo. Pero lo que más le hubiese fastidiado es cuando terminó su obra, mandó quitar el andamiaje, y desde el suelo, en la lejanía, se hubiera dado cuenta de que a un angelito le falta un dedo,"la mare que me parió" y vuelta a construir el andamio…

Después de observar las alturas desde dentro seguí subiendo para ver la ciudad de Londres desde fuera: El London Eye, el pepino de Norman Foster (me refiero al edificio que diseñó), el Támesis pasando por los pies del Tate Modern, el Puente de Londres... Es curioso el contraste entre lo antigüo y lo moderno, en el que los edificios que han visto pasar siglos comparten barrio con edificios modernos, acristalados y novatos. Todo Londres estaba a nuestros pies.


Los catedrales se construyeron para ser un vínculo entre la tierra y el cielo, entre Dios y el hombre, o al menos con ese intento se hicieron, y la verdad es que no se han quedado cortos. Pasear por cualquier catedral, esta por ejemplo, y escuchar el sonido del órgano retumbando hasta en el suelo impresiona hasta al más gallito y te dan ganas de plantar una tienda de campaña y pasar unos días en ese bosque de columnas.
Una vez fuera, al acabar nuestra visita, pude comprender más que nunca esa preocupación de Winston Churchill por la que la catedral no sufriera ningún tipo de daños durante los bombardeos alemanes, preguntando despúes de cada uno de ellos aquello de: "¿Sigue en Pie?".

jueves, 11 de noviembre de 2010

Remenbrance day


Hoy es el "Remembrance day" en los paises de la Commonwealth, y en especial en el Reino Unido, en el que se conmemora el final de la primera guerra mundial y se recuerda a las victimas de todos los enfrentamientos armados.
Como cada 11 de Noviembre,y desde que finalizó la primera guerra mundial, la nación se para a las 11 de la mañana durante dos minutos en un acto solenme, donde el silencio y el canto de una trompeta recuerdan a las victimas civiles y militares en tiempos de guerra.
A las once en punto, las escasas personas que trabajaban en la oficina, cinco en total, paramos el trabajo y nos dirigimos a la tele, donde la BBC emitía en directo el acto conectando con imágenes desde todas partes del Reino Unido, especialmente desde Londres.

Trafalgar Square, plaza céntrica de celebraciones, se encontraba llena y silenciosa, como una procesión fúnebre; en la abadía de Westminster el silencio solo era interrumpido por el crepitar de las campanas del BigBen; los chiquillos perfectamente uniformados de una escuela miraban con inocencia su bandera nacional, recibiendo desde temprana edad esa dosis de patriotismo británico...
Y me pregunto cómo sería un día como ese en España, que por cierto no existe. Aunque un caso parecido a este lo tenemos el día de la Hispanidad, en el que se recuerda a los caidos por España con la ofrenda floral al monumentos dedicado a estos en el paseo del Padro. No, difícil imaginar en España una conmemoración no salpicada de tintes políticos, donde todos los bandos respetasen a la enseña, donde un grupo de imbéciles no pidan la dimisión a berridos de un presidente manchando así un día que debe de ser de todo el país.



Eso aquí no pasa, el Reino Unido es diferente en cuanto sus habitantes se unen para conmemorar, recordar u homenajear, portando todos ellos el mismo emblema, sin importar de qué signo politico sean.
El emblema en cuestión se llama "Poppy", es una flor que simboliza el descanso eterno, y que los ingleses usan en funerales y entierros. Para conmemorar el anteriormente mencionado "remembrance day" los británicos han tomado ese símbolo y los días previos lucen en sus solapas un "poppy" de plástico. Todo el mundo lo lleva, desde el primer ministro al último primo, desde los grandes empresarios al que vende periódicos. Eso sí, un dato curioso es que solo he percibido su existencia en los pechos de los nativos, el resto de gente de otras naciones parece que pasa un poco de esas florecitas.
En definitiva, un día de recuerdo, de respeto y de echar una mirada a la historia. Cabría preguntarse si este recuerdo lo tendrían tambien en caso de que no hubiesen ganado esas guerras y hubieran reservado la tan famosa soberbia británica para otros actos, borrando de los libros esa molesta verdad que se llama historia y que a veces no es favorable a ellos...Pero bueno, dejemos que hable solo la historia, esa historia que tan bien han sabido escribir los que viven en esta isla, ocultando algunos hechos y resaltando otros. Están en su derecho. Cada uno que elija la historia a creerse.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Cajera Made in China



Aquí vale un ojo de la cara vivir, y si me apuran los dos, e incluso como te descuides te puede valer el ojo de abajo el sobrevivir ante tan acuciante estilo de vida. En el que comprando solo lo básico para comer, el ticket del transporte y dejar algo para alguna birra que otra, te puedes encontrar con el bolsillo o la cuenta vacía cuando menos te des cuenta.
Es por eso que uno intenta buscar lo económico: Se pide la pinta más barata, compra marca blanca, fríe los huevos con saliva… Y en este empeño por buscar lo barato entra, como no, los supermercados.
La ley de Murphy dice que el supermercado más caro estará a la puerta de tu casa, mientras que conforme te vayas alejando del punto de origen (léase su casa) el precio de los productos en tienda va disminuyendo de forma directamente proporcional a la raíz cuadrada de pi por la tangente dividido por sigma al cuadrado. Y como uno a veces se aburre pero no ha llegado al extremo de calcular la operación, el tiempo que me ahorro en hacerla es el que empleo en ir al supermercado más barato.

A la puerta de mi casa está el más caro, como bien dice la teoría: Mark and Spencer, al que me gusta llamarlo Mark and expensive, al cual no he vuelto a entrar desde que me extirparon un riñón para pagar una botella de agua hace ya algo más de tres años, en Torquay. Por el precio de la botella la estuve observando detenidamente, y puso mucho cuidado en beberla no vaya a ser que hubiese comprado alcohol en lugar de agua.

Bien, si nos alejamos un poco más dirección al metro podemos encontrar las típicas tiendas de ultramarinos, o pequeños supermercados tipo coviran para que se hagan una idea. Lo que sí es cierto es que también son algo caros, así que lo voy dejando solo para comprar chicles y alguna cerveza que otra. Están generalmente regentados por hindúes, así que algún día espero encontrarme a Apu el de los Simpsons.


Seguimos camino por la misma acera, nos encontramos con la recién abierta Co-operative, algo más barata que Mark and Expensive. Anteriormente se encontraba en el mismo lugar el Sommerfeld, que cambió el nombre por el que tiene ahora, y en el que se podía encontrar diferentes gangas de productos que caducaban el siguiente día.

Seguimos y nos encontramos, algo más alejado, el Sainsbury local. Un pequeño establecimiento, franquicia de otro más grande que se encuentra a escasos metros, algunas calles más al norte. En este supermercado es donde suelo hacer la compra, suele tener más precios competitivos y su marca blanca es la más barata que he podido encontrar. Que el menda todavía es pobre…
Si nos alejamos un poco más tenemos el Tesco. Un gran supermercado, la ostia de grande, por eso es Gigan-Tesco. (Permítanme un chiste malo de vez en cuando). En él se pueden encontrar también precios bastantes competitivos pero al que he pasado de ir porque está donde Cristo dio las tres voces.

Uno a la hora de comprar busca precios bajos, es lo más importante, pero también hay que tener en cuenta otros factores que son los que van a decantar la demanda hacia una u otra opción: Ubicación, limpieza, servicio al cliente…
Por eso, viene a colación que el otro día me acerqué al supermercado Sainsbury, no al local, porque me hacía falta un par de cosas que no pude encontrar en el pequeño. Es un supermercado muy limpio en el que puedes encontrar de todo. Bueno, casi todo…
Y no deja de sorprenderme la actitud de la cajera que me atendió, una señora de nacionalidad china, de unos cuarenta años, que sonriendo y levantando la cara me dijo: “Hola, ¿Cómo estás?¿Todo bien?”. Esto me lo dijo en inglés claro, que si me lo dice en español ya me caigo de espaldas.
Pensarán que tontería, sí, puede que lo sea, pero nadie en Londres, ningún cajero ni cajera ha dado atisbos de mostrar tal respeto por el cliente, que al fin y al cabo están ahí trabajando gracias a él. La mujer, en un gesto de generosidad sin precedente reservó un segundo de su vida para mostrar sus respetos hacia la persona que tenía delante, en una actitud genuinamente oriental, como debe ser. Y no solo a mí, con la cliente que me precedía repitió el mismo rito, y así con todos los que pasan por su caja durante el día…
Quizás esté ahí puteada, echando más horas que el camarero de Masiel, asqueada porque el alquiler y los gastos apenas le da para mantener a su familia; quizás tenga que enviar dinero a su país, o se pasa tanto tiempo trabajando que al llegar a casa apenas puede estar con sus hijos… No sé qué problemas tendrá o no, pero lo que está claro es que se los guarda para dentro, sin que nadie tenga que cargar con la culpa de cuan perra sea su vida. Y me acuerdo de los otros cajeros y cajeras del mundo mundial,sin ánimo de generalizar, gente que trabaja ante clientes en general, algunos de ellos con caras largas, de bulldog relamido, caras de perros/as sin collar dispuestos a saltarte al cuello, con esa estupidez y altanería con que hacen su trabajo. Pagando con el ajeno los platos rotos de su miserable vida.
Sintiendo una complicidad inédita, abandono el supermercado, deseando que me vuelva a tocar la misma cajera la próxima vez.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Trafalgar Square, Trafalgar Cape


Hamburguesa, patatas y coca-cola compradas en una hamburguesería famosa: 4,30 libras; comerse todo eso sentado a los pies del Nelson´s column en Trafalgar Square, viendo latir el corazón de Londres, no tiene precio.
La ocasión la pintaba clara, aprovechando que me encontraba solo por el centro de Londres, me dio por darme un paseo por el Big Ben, London Bridge… Para terminar en Trafalgar Square, que además de ser la plaza más famosa es mi favorita en Londres. Y como llegaba la hora de la cena me acerqué a la hamburguesería más cercana, pedí un menú para “take away” y con mi vitualla volví a la plaza, homónima del Cabo cercano a Cádiz, donde tuvo lugar la batalla naval más famosa y trascendental de la historia. Esto lo dicen los ingleses, claro, que si llegan a haberla perdido no iban a escribir Trafalgar ni en los libros de historia, como pasó con Cartagena de Indias.
Trafalgar Square es una céntrica plaza, lugar de reunión y de importantes citas. Entre otras cosas, aquí celebran los ingleses el nuevo año, ya que desde allí se puede ver el Big Ben; se reunieron para celebrar la proclamación de Londres como ciudad olímpica en 2012; y se reunen también para celebrar los triunfos de la selección nacional… Vamos, que no se reúnen nunca por ese motivo.
Y ahí estaba yo, en Trafalgar, pero en la plaza, no en el cabo, más quisiera yo… Comiéndome la hamburguesa en los pies de Nelson ante la atenta mirada de este, por si le manchaba las botas. Nelson fue el Almirante a cargo de la flota inglesa en la batalla, que perdió la vida en ella, y llegó a Londres metido en un barril de Ron para que su cuerpo se pudiera conservar bien y quedara bien guapito para hacerle el entierro de Estado que se le prepararía en Londres. Y como a un inglés le puedes privar de cualquier cosa menos de su ración de alcohol diaria, a los marineros no le temblaban el pulso cuando tenían que meter el vaso en la barrica de Ron donde estaba su almirante más tieso que el pezcuezo de Berlusconi.


Créanme cuando digo que la de hoy ha sido la hamburguesa más sabrosa que he degustado en mi vida. Aunque los componentes químicos ayudaran a ello, me refiero al contexto en el que me la he tomado. Lejos del bullicio de la mitad de una calle, o dentro del establecimiento… Pues nada de eso, en mitad de la plaza, con apenas una luz tibia; escuchando el continuo chorreo de agua de las dos fuentes cercanas al monumento, y sabiendo que lo que uno pisa tiene su historia, que lo que ve también. Pensando en aquella batalla, aquellos hombres que pudieron ser nuestros tatarabuelos, aunque tengamos la sensación de que las grandes batallas y hechos son cosas de la ficción, por verlas lejanas en el tiempo, como si no tuviéramos nada que ver con ello. Uno pensando en eso recuerda, claro está, a sus compatriotas, los que perdieron la vida tan miserablemente, por culpa de un gobierno incapaz. Gente arrancada a la fuerza de tabernas, de las calles de Cádiz, para luchar en el mar. Ese mar que solo conocían de haberse bañado en la caleta… Y veía esa plaza, ese monumento, como un recuerdo a ellos, a esos hombres que lucharon tan ferozmente y perdieron su vida en ese infierno de fuego, madera, metralla y sangre; sin otra escapatoria que la lucha o la muerte.
Pensaba también en que, vaya envidia, que los ingleses sí que saben homenajear a sus héroes, le ponen sus nombre a plazas céntricas, les erigen monumentos, les celebran festividades, los estudian orgullosos en sus libros de historia… Y en España poquita gente conoce a Blas de Lezo, Álvaro de Bazán, el Gran Capitán, los almogávares…
Y otra vez pensaba en la noticia sacada en prensa durante la semana pasada en la que el cabo Trafalgar va a ser urbanizable, gracias a nuestros siempre querido políticos que se han empeñado en cargarse cada centímetro de nuestro litoral, sin importarles un carajo ese paraje natural, esas playas vírgenes… Por lo visto, se han puesto entre ceja y ceja que en el cabo Trafalgar haya más guiris que en la plaza, con sus chanclas, sus calcetines y su cangrejada piel.
Cádiz-Londres fue el último viaje que Nelson realizó, aunque ya estaba muerto, jartándose de Ron ya. Y ahí estaba el de Cádiz, ósea yo, paisano de Gabriel de Araceli, que la pluma de Galdós se empeñó en que combatiera en la batalla, junto a otros marineros que sí perdieron la vida, y cuyos fantasmas pululan por el Cabo y por la plaza, oliendo mi hamburguesa.
Me fui no sin antes mostrarle mis respetos al almirante, que al fin y al cabo lo que hizo tiene su mérito, y mandándole un saludo departe del que lo dejó manco en Tenerife y le hizo volver a Inglaterra con el rabo entre las piernas, recordándole que el calificativo de “invencible” le venía aún un poco grande, por mucho que se empeñara la maquinaria propagandística británica.
Es lo más cerca que he estado de Cádiz en estas semanas, escuchando el eco de la batalla, y las olas contra la escollera de la caleta, donde esperaban los barcos a zarpar hacia la escabechina que le tenían preperada los ingleses.

Estas son las sensaciones que produce el conocer, el saber por qué están ahí las cosas, el que tengamos la posibilidad de recrearnos en cada plaza, cada calle, con un trocito de historia. A esta forma de moverse por el mundo algunos lo llaman “ser carca”, “un entendido”,”un pedante”. Y a mí no me cabe otra que sentirlo por ellos, por no tener nunca la posibilidad de moverse por ese museo al aire libre que es la calle, que no tiene nada que envidiar a ningún museo cubierto. Porque a lo mejor los aburridos son estos, que no hacen más que fotografiar un monumento solo porque más gente lo hace.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Bebiendo bajo la lluvia

Parece como si la lluvia quisiera apuntarse a la fiesta del fin de semana. Como si la luz hubiese dejado de trabajar y se fuera a otra parte, a otras latitudes. Las nubes invaden Londres en un abrazo de sombras y humedad. En armonía con la polución reinante, las gotas de lluvia bailan entre los faros de los coches, se cuelan en el metro por cornisas y alcantarillas y saltan traviesas entre las piernas de los transeuntes, que se mueven al son de silbatos, claxones y música de mp3s.
Raro es un Viernes que las precipitaciones no hagan acto de presencia. Y siempre me las encuentro ahí, a la salida del metro, después de un día de trabajo y a punto de llegar a casa.
Para el anecdotario una escena que no por pintoresca es menos curiosa. Un señor ya entrado en años, jubilado, sentado en la terraza de una cafetería que aún tiene las mesas en la calle, como si se resistieran a entrar, justo al lado de la entrada al metro. En una mano sostiene un paragüas, protegiéndose de la incesante lluvia; en la otra un periódico, y en la mesa el café, agüándose por momentos.
Ahí estaba el señor, aguantándo el chaparrón, nunca mejor dicho, inevitablemente solo y viendo a la muchedumbre correr. "Pobres infelices, con el gusto que da saborear un coffe bajo la lluvia"..."¿Por qué corre?Mira ese, ¿Acaso quiere llegar antes a casa para pillar a su mujer con otro?"."O aquel otro, ¿Acaso te vas a mojar menos cuando agachas la cabeza?"."Bonitas medias para humedecerlas tan pronto"...
Quizás sea el último cliente del día en aquella pequeña terraza. Al último de Filipinas no se le oyó ni una palabra, su estoicismo era patente, pero estoy seguro que entre dientes gruñía a la lluvia: "I´m sorry, pero no me vas a estropear el fin de semana, cacho perra".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Robin Hood robaba papel.


Pues sí, he tenido que ponerlo. Encima del váter, para que se vea bien... Porque pienso que un hombre puede estar dos dias sin comer, incluso sin beber, pero no puede soportar estar dos dias sin evacuar, sin jiñar, sin cagar... Esta necesidad biológica está infravalorada, y resulta que es uno de los placeres de la vida. Si piensas que soy desagradable admito la crítica, pero por el trono pasa todo el mundo, sea el rey o el último primo.
En mi planta ya nos quedamos sin papel higiénico ayer, y con nocturnidad y alevosía tuve que subir a la segunda planta y hacerme con un rollo, al que le quedaba un telediario para decir "hasta aquí hemos llegado". Así que ahora volvemos a tener el mismo problema, y mañana por la mañana me vuelvo a ver robando más papel de arriba, o usando el señor Roca de los vecinos. Pero ya saben, cuando uno se acostumbra a un váter...
No es la primera vez que tengo que "pedir prestado" algo en esta residencia. Ya he hecho más visitas arriba para adquirir cucharas, cuchillos, vasos... Y es que por lo visto somos los pobres de la resi, los marginados. Tenemos un servicio para toda la planta (3 habitaciones), en lugar de dos como los demás; la cocina es minúscula, tanto que para cocinar un pollo el animal tiene que pedir permiso para entrar...
Parece que me ha tocado el papel de Robin Hood, y tengo que robarle a los ricos de arriba, para nosotros, los pobrecitos de abajo. Villarriba y villabajo, como si fuera un anuncio de mistol.
A esto hay que sumarle que el extractor de aire de la cocina no funciona, tenemos que limpiarnos la habitación, las sábanas no nos la cambian hasta que anden por ellas mismas...
Solo el pensar que al final de la beca tengo que rellenar un cuestionario de satisfacción y comentar qué me ha aparecido el alojamiento me muero de gusto. Arrieritos somos. Cada uno se consuela como puede.