viernes, 5 de noviembre de 2010

Bebiendo bajo la lluvia

Parece como si la lluvia quisiera apuntarse a la fiesta del fin de semana. Como si la luz hubiese dejado de trabajar y se fuera a otra parte, a otras latitudes. Las nubes invaden Londres en un abrazo de sombras y humedad. En armonía con la polución reinante, las gotas de lluvia bailan entre los faros de los coches, se cuelan en el metro por cornisas y alcantarillas y saltan traviesas entre las piernas de los transeuntes, que se mueven al son de silbatos, claxones y música de mp3s.
Raro es un Viernes que las precipitaciones no hagan acto de presencia. Y siempre me las encuentro ahí, a la salida del metro, después de un día de trabajo y a punto de llegar a casa.
Para el anecdotario una escena que no por pintoresca es menos curiosa. Un señor ya entrado en años, jubilado, sentado en la terraza de una cafetería que aún tiene las mesas en la calle, como si se resistieran a entrar, justo al lado de la entrada al metro. En una mano sostiene un paragüas, protegiéndose de la incesante lluvia; en la otra un periódico, y en la mesa el café, agüándose por momentos.
Ahí estaba el señor, aguantándo el chaparrón, nunca mejor dicho, inevitablemente solo y viendo a la muchedumbre correr. "Pobres infelices, con el gusto que da saborear un coffe bajo la lluvia"..."¿Por qué corre?Mira ese, ¿Acaso quiere llegar antes a casa para pillar a su mujer con otro?"."O aquel otro, ¿Acaso te vas a mojar menos cuando agachas la cabeza?"."Bonitas medias para humedecerlas tan pronto"...
Quizás sea el último cliente del día en aquella pequeña terraza. Al último de Filipinas no se le oyó ni una palabra, su estoicismo era patente, pero estoy seguro que entre dientes gruñía a la lluvia: "I´m sorry, pero no me vas a estropear el fin de semana, cacho perra".

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