lunes, 8 de noviembre de 2010

Cajera Made in China



Aquí vale un ojo de la cara vivir, y si me apuran los dos, e incluso como te descuides te puede valer el ojo de abajo el sobrevivir ante tan acuciante estilo de vida. En el que comprando solo lo básico para comer, el ticket del transporte y dejar algo para alguna birra que otra, te puedes encontrar con el bolsillo o la cuenta vacía cuando menos te des cuenta.
Es por eso que uno intenta buscar lo económico: Se pide la pinta más barata, compra marca blanca, fríe los huevos con saliva… Y en este empeño por buscar lo barato entra, como no, los supermercados.
La ley de Murphy dice que el supermercado más caro estará a la puerta de tu casa, mientras que conforme te vayas alejando del punto de origen (léase su casa) el precio de los productos en tienda va disminuyendo de forma directamente proporcional a la raíz cuadrada de pi por la tangente dividido por sigma al cuadrado. Y como uno a veces se aburre pero no ha llegado al extremo de calcular la operación, el tiempo que me ahorro en hacerla es el que empleo en ir al supermercado más barato.

A la puerta de mi casa está el más caro, como bien dice la teoría: Mark and Spencer, al que me gusta llamarlo Mark and expensive, al cual no he vuelto a entrar desde que me extirparon un riñón para pagar una botella de agua hace ya algo más de tres años, en Torquay. Por el precio de la botella la estuve observando detenidamente, y puso mucho cuidado en beberla no vaya a ser que hubiese comprado alcohol en lugar de agua.

Bien, si nos alejamos un poco más dirección al metro podemos encontrar las típicas tiendas de ultramarinos, o pequeños supermercados tipo coviran para que se hagan una idea. Lo que sí es cierto es que también son algo caros, así que lo voy dejando solo para comprar chicles y alguna cerveza que otra. Están generalmente regentados por hindúes, así que algún día espero encontrarme a Apu el de los Simpsons.


Seguimos camino por la misma acera, nos encontramos con la recién abierta Co-operative, algo más barata que Mark and Expensive. Anteriormente se encontraba en el mismo lugar el Sommerfeld, que cambió el nombre por el que tiene ahora, y en el que se podía encontrar diferentes gangas de productos que caducaban el siguiente día.

Seguimos y nos encontramos, algo más alejado, el Sainsbury local. Un pequeño establecimiento, franquicia de otro más grande que se encuentra a escasos metros, algunas calles más al norte. En este supermercado es donde suelo hacer la compra, suele tener más precios competitivos y su marca blanca es la más barata que he podido encontrar. Que el menda todavía es pobre…
Si nos alejamos un poco más tenemos el Tesco. Un gran supermercado, la ostia de grande, por eso es Gigan-Tesco. (Permítanme un chiste malo de vez en cuando). En él se pueden encontrar también precios bastantes competitivos pero al que he pasado de ir porque está donde Cristo dio las tres voces.

Uno a la hora de comprar busca precios bajos, es lo más importante, pero también hay que tener en cuenta otros factores que son los que van a decantar la demanda hacia una u otra opción: Ubicación, limpieza, servicio al cliente…
Por eso, viene a colación que el otro día me acerqué al supermercado Sainsbury, no al local, porque me hacía falta un par de cosas que no pude encontrar en el pequeño. Es un supermercado muy limpio en el que puedes encontrar de todo. Bueno, casi todo…
Y no deja de sorprenderme la actitud de la cajera que me atendió, una señora de nacionalidad china, de unos cuarenta años, que sonriendo y levantando la cara me dijo: “Hola, ¿Cómo estás?¿Todo bien?”. Esto me lo dijo en inglés claro, que si me lo dice en español ya me caigo de espaldas.
Pensarán que tontería, sí, puede que lo sea, pero nadie en Londres, ningún cajero ni cajera ha dado atisbos de mostrar tal respeto por el cliente, que al fin y al cabo están ahí trabajando gracias a él. La mujer, en un gesto de generosidad sin precedente reservó un segundo de su vida para mostrar sus respetos hacia la persona que tenía delante, en una actitud genuinamente oriental, como debe ser. Y no solo a mí, con la cliente que me precedía repitió el mismo rito, y así con todos los que pasan por su caja durante el día…
Quizás esté ahí puteada, echando más horas que el camarero de Masiel, asqueada porque el alquiler y los gastos apenas le da para mantener a su familia; quizás tenga que enviar dinero a su país, o se pasa tanto tiempo trabajando que al llegar a casa apenas puede estar con sus hijos… No sé qué problemas tendrá o no, pero lo que está claro es que se los guarda para dentro, sin que nadie tenga que cargar con la culpa de cuan perra sea su vida. Y me acuerdo de los otros cajeros y cajeras del mundo mundial,sin ánimo de generalizar, gente que trabaja ante clientes en general, algunos de ellos con caras largas, de bulldog relamido, caras de perros/as sin collar dispuestos a saltarte al cuello, con esa estupidez y altanería con que hacen su trabajo. Pagando con el ajeno los platos rotos de su miserable vida.
Sintiendo una complicidad inédita, abandono el supermercado, deseando que me vuelva a tocar la misma cajera la próxima vez.

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