viernes, 31 de diciembre de 2010

Bye London, Bye 2010

Aprovechando las últimas horas de este año que se nos acaba, quiero cerrar este blog con el último post que saldrá de mi teclado.

Vista la experiencia londinense desde la distancia, tanto temporal como espacial, puedo asegurar que sí, que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. He hecho amigos, he estado en lugares desconocidos, he mejorado mi inglés, pero sobre todo he crecido como persona. Mi actitud ante la vida, mi filosofía y mi visión del mundo se han visto enriquecidos por esos tres meses y medios en los que he estado, como dije en su momento, en paz con la vida y en guerra con las moquetas.
Vuelta a la “querida” España y vuelta a la rutina, vuelta al panorama. El mismo paro, las empresas que siguen sin contratar, empleadores que dicen que tu currículum es demasiado grande para el puesto o que no tienes suficiente experiencia…

No quiero pasar por alto el hacer un análisis de este 2010 que dejo, del que mi estancia en Londres ha salvado el panorama…
Para saber si un año ha sido bueno, si ha merecido la pena, creo uno mismo debe compararse con lo que era hace un año. Y sí, puede que este año haya sido productivo, he hecho un curso de inglés en Barcelona, un curso de informática de gestión en verano y los tres últimos meses he estado en Londres de prácticas de empresa…

La crisis me ha afectado profundamente este año, negándome el derecho a un trabajo, negándome el derecho a demostrar lo que valgo y para lo que me he preparado todos los días de mi vida, en la que no he hecho otra cosa que intentar mejorar, cumplir objetivos, alcanzando esa máxima del deber, primero porque era mi obligación y luego porque así lo creí conveniente para mi futuro.
Al niño que fui, al muchacho que era y al joven que sigo siendo, le debo el seguir luchando, por ellos, porque un día ellos lo hicieron, no bajo los brazos y me doy de codazos en este mundo en el que unos cuantos cabestros se han montado un chiringuito a costa del sudor de los de siempre. Seguiré aprendiendo, creciendo si hace falta, en esta sociedad cada vez más infame a la vez que exigente.

Me preocupa demasiado el futuro, como debe ser, como buena hormiga previsora. Resulta que me contaron el cuento de la cigala de chico y me lo tomé a pecho. Esta hormiga que soy se ha llevado toda una vida llevando comida al hormiguero (pero no era para Pablo Motos) y ahora que ha llegado el invierno he visto como la comida se ha esfumado, de momento de nada ha valido el trabajo, aún así estoy seguro que esa comida volverá, algún día. Mientras tanto, la cigala que conocí y que durante mi infancia y juventud no hizo ni el huevo resulta que la cabrona está ahora disfrutando de la comida, bien porque sus papis se la pagan o porque el día antes del invierno la enchufaron en una empresa, o se hizo funcionaria. Así que imagínense dónde les metería el cuentecito de la puñetera hormiga a quien me lo contó…
Respecto a 2010, ha sido un año muy barroco, lleno de claroscuros. He cumplido mi sueño de visitar Barcelona, he visto por primera vez un partido del Barça, he estado 20 días en Madrid comprobando que la situación por allí también estaba hecha una mierda, he conocido mucha gente y, sobre todo, he comprobado como los míos estaban ahí en los momentos malos, desde aquí , gracias.

Por eso, saludo al 2011 y pido que acabe con este 2010. Seguramente la cosa seguirá igual, puede que sea un mejor año para la economía, que la situación empiece, poco a poco a equilibrarse, pero seguirán aquí la misma gente, los prevaricadores, explotadores, ni-nis, timadores, especuladores… Toda esa carroña que abunda en cualquier sociedad y que impiden el progreso. Pero queda la esperanza de que los que estamos aquí abajo salgamos de esta situación reforzados y con una lección aprendida: que se puede ser feliz con muy poco, y aunque no esté de acuerdo en que el dinero no da la felicidad, sí que se puede ser feliz con cuatro duros, todo depende de lo que necesites. Sin figurar de algo que no tienes, sin llevar ropa de marca cuando no tienes que llevar al plato…

Deseándoles un feliz año nuevo, en el que se cumplan todos los deseos de la gente de bien, me despido hasta otro blog.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Carta a Dios

Querido Dios:

Si estás leyendo esta carta es porque la entrega ha tenido éxito y he podido llegar a las puertas del cielo donde me espera San Pedro vestido de negro y con gafas de sol, cual portero de discoteca. Si no te entrego esta carta personalmente es porque voy en zapatillas y hecho un ecce-homo (ups, perdón). Y resulta que estaré de esta guisa porque aquí no para de nevar, ejem...
Ha empezado a nevar ayer, despues de muchos dias sin hacerlo, hoy ha nevado más fuerte y se han cancelado muchos vuelos. El mío es mañana, no digo más...
Como broma está bien, eres muy chistoso, ji ji ja ja... Así que...¿Vamos a cerrar un poco el grifo ya, no? Hombre, es un poco pesada la bromita. No podrías ponerme un cubo de hielo con una mosca dentro en la bebida, o teñir el agua del grifo rosa... No, ¡Tú a lo grande!
Dios mio... que tus bromas son pesaditas, escucha a la gente. Que otras veces se te ha ido la mano con esto de las gracias. Que se lo pregunten a los contemporáneos de Noé cuando hiciste caer en la Tierra dos gotitas, o a los egipcios cuando le teñiste el Nilo de rojo o le mandaste unas cuantas langostas.Solo te pido que si la próxima vez mandas langostas que éstas sean las marinas, que se puedan comer, así la gracia tendría un cariz más festivo.
Solo espero no tener que celebrar la natividad de tu hijo en el aeropuerto tirado, en el caso de que eso pasara tendré que volverme gracioso también y cargarme todos los belenes de Cádiz a mi llegada.

Sin más, reciba un cordial saludo.
A-Dios.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Farewell

Nuevo día de despedidas, pero esta vez el que decía adiós muy buenas era el menda. Un menda que ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, que ha intentado aprender de todo un poco y que se va con la misma ilusión con la que vino, y “na” más que vino,y “na” más que vino… Perdonen, que se me va la cabeza hacia la cena de navidad del otro día.

Me llena de orgullo y satisfacción (ahora que viene el mensaje de navidad)el sentirme tan querido por unos compañeros con los que ni siquiera compartía patria ni lengua pero que me han hecho sentirme como en casa, como uno más. Reconociéndome y agradeciendo mi trabajo, claro que el trabajar gratis es lo que tiene... Aún así a partir de ahora soy un poco más inglés, mi cuerpo a las cinco de la tarde me pedirá té, aunque no me guste.

Me voy del trabajo con la sensación del trabajo bien hecho, con la conciencia tranquila por haberlo dado todo y con la seguridad del deber patriótico cumplido. Y es que, sin temor a caer en descalificativos de aquellos que ven el patriotismo como una palabra tabú, puedo decir que he dejando, como debe ser, el listón de mi país bien alto, aunque ya se encargue más de uno en bajarlo en un futuro.
Decía Unamuno que hay que españolizar el resto del mundo, yo le he hecho un guiño a Miguel y he puesto mi granito de arena en el empeño.

Londres ha querido hoy despedirme de blanco en un acto que simboliza mi enlace con la ciudad. Con un manto de nieve que cubría el camino de vuelta a casa, recordándome que mío es el futuro, y en blanco está para que escriba cada línea y cada párrafo pero de forma metafórica porque esta ciudad es muy cara y paso de gastarme dinero en un bolígrafo. Queda en el frío aire la pregunta de sí es verdad que volveré, la semana que viene lo sabré, y entonces mi etapa en Londres no habrá acabado.
Aún así, siento que algo se cierra, lo que he vivido forma parte de mi historia personal y no puedo más que estar agradecidos a todas las personas que han hecho posible esta aventura, que han estado ahí siempre y que con su cálida presencia han permitido que uno se sienta un poco más en casa en esta ciudad desconocida.

No quiero despedirme de tí, amable y paciente lector, ya que este no es el último post que escribiré en mis cartas londinesas. Dejaremos la tarea para cuando regrese a España y la relajación y la paz de mis aposentos me permitan reflexionar sobre lo que se ha quedado de mí en Londres, qué me he llevado y qué me he olvidado en el avión. Para eso queda unos días, un viaje que no estoy seguro si la nieve permitirá y unos cuantos kilómetros por delante.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La soledad

Ahora que se han ido yendo poco a poco las personas que he conocido aquí no te queda más remedio que pasar más tiempo en soledad que antes. Dicen que la soledad es el mayor enemigo del hombre, que nadie la quiere y todo el mundo huye de ella.
Está claro que quienes así lo cree hablan de la soledad como algo permanente, un laberinto perpetuo.

Pero quizás la soledad sea ese momento de paz que todos buscamos en algunas ocasiones, ese pacto entre nosotros y la vida durante el que todo adquiere su orden, el dolor deja de existir o se multiplica hasta límites inimaginados. Ese momento solemne en el que presente, pasado y futuro juegan al twister y se confunden en una masa deforme, y no te queda otra que amoldarla con unas pequeñas dosis de locura, valentía, experiencia, cariño y templanza.
Es ese momento del día en el que sabes que hacer, todo para tí está escrito,no existen las dudas, lo que quieres hacer y lo que vas a hacer parece que se pintan en un mismo cuadro bajo un mismo pincel de un mismo maestro.Hay tregua entre tus sentimientos y tus actos, nada tiembla, las piernas se relajan, el corazón sigue su ritmo normal,la sangre circula sin agolparse en tus extremidades, y la gargante es libre para poder hablar.

Pero cuando termina esa paz, esa tregua, ese estado de letargo, y te enfrentas a la realidad, a lo que más añoras, o temes, o quieres o rechazas...todo en tí cambia, lo que antes estaba en calma ahora es un remolino violento que te golpea el pecho, lo que antes no se movía ahora tiembla en infinitos terremotos. Y el alma se te llena de dudas, y vienen los fantasmas con sus candelabros, y espíritus que te nublan la vista con sus maléficos presagios. Te paralizan los nervios, te cortan el habla, y si pudieran te arrancarían el corazón, el cerebro, las vísceras... para que nada en tí piense ni sienta durante ese momento.

Ahí nada importa, ni el carpe diem, ni la infinita literatura leida, ni consejos, ni consecuencias... Ni siquiera el mundo de fuera, no hay coches, ni gente, ni árboles curiosos, ni edificios que simulan aplastarte. Todo se reduce a un "¿Qué hago?", un "quizás refugiándome en mi soledad sepa qué hacer",pero cuando vuelves a ella, a la soledad, te das cuenta que quieres volver a ese momento en el que la tregua se para, en el que la paz deja de existir en tu cuerpo, en la que vienen los fantasmas de las dudas...Porque te das cuenta que solo de esa manera eres feliz...

viernes, 10 de diciembre de 2010

Una de iglesias y palomitas

El pasado Domingo visité la iglesia de San Bartolomé el Grande (St Bartolomew the great). Una iglesia que no ocupa portada en las guías de Londres y, afortunadamente, no está invadida constantemente por turistas, que prefieren visitar los lugares típicos y hacerse esas fotos que han visto millones de veces en los perfiles de sus amigos de Facebook, allá ellos.
Se trata de una de las iglesias más antigua de Londres, de la que tuve constancia gracias al programa “españoles por el mundo“, donde un cinéfilo llevó a las cámaras a visitar esa pequeña iglesia.


Y es que,para los amantes del cine, les interesará saber que aquí se rodaron escenas de “cuatro bodas y un funeral”, “Shakespeare in Love”, “Robin Hood príncipe de los ladrones”,”Elizabeth, la edad de oro”, “las hermanas bolena” o la última versión de “Sherlock Holmes”, entre otras…
Para los que además del cine les gusten la historia o el arte, en esta iglesia va a poder respirar el mismo olor a incienso que han respirado cientos de generaciones, va a creer oir los murmullos de millones de feligreses que han orado entre sus muros de piedra, o va a tener la sensación de tropezar con algún mendigo de los que se llegaron a llenar la iglesia cuando sufrió un lamentable estado de abandono durante el siglo XVIII.
Afortunadamente para el interés cultural, esta iglesia fue restaurada en el siglo XIX, devolviéndole el esplendor de antaño y haciendo posible que hoy día podamos seguir disfrutando de un remanso de tranquilidad colmado de calma y belleza en pleno centro de Londres. Ningún ruido se puede oir del exterior, es por eso que muchas películas se han rodado aquí.

Volviendo al mundo del cine y a la película “Elizabeth, la edad de oro”, aquí fue donde se rodó la escena en la que despacharon a María Estuardo cortándole la cabeza, después de ser delatada como cabeza de la conspiración para matar a Elizabeth (la reina Virgen), apodada así porque no estaba todavía casada y por tanto no conocía varón y no le habían dado aún lo suyo y lo de su prima. Por eso en la película se la ve más caliente que al hombre antorcha en una sauna, y se bebe los vientos por Francis Drake, el guapito de turno que tiene toda película de Hollywood, aunque éste en el fondo sea un maldito hijo de puta.
La cuestión es que a María le cortaron la cabeza de una forma muy limpia en la película: Poniendo ella muy estoicamente la cabeza, vestida de rojo, queriendo morir como una mártir (católica, apostólica y romana) el verdugo que levanta el hacha y ¡zasca!, golpe seco y la cabeza a rodar se ha dicho… Pero la realidad fue bien distinta, los verdugos de la edad moderna no eran tan precisos como los de Hollywood o el hacha no estaba tan afilada, y antes de que la cabeza se separase del cuerpo había que asestarle dos o tres tajadas, como el carnicero de tu barrio, vamos. El caso de María, aunque era noble ella, no fue una excepción y tuvo un pequeño dolor de cuello antes de dejar de sentir el resto del cuerpo.


Precisamente esta película trata del periodo en el que Inglaterra se vio amenaza por la invasión española. Un país al que pintan de oscuro, adalid del catolicismo y radical hasta la sotana. Es el malo, el bueno de la peli es Inglaterra, con su prota, Elizabeth (“la Eli” para los amigos) defendiendo como una loba su rebaño dejando para la posteridad del cine aquella frase, ante el embajador español en Londres, que queda muy mona en la gran pantalla pero ya saben, del dicho al hecho…

“Yo también puedo gobernar los vientos, hay un volcán dentro de mí que gobernará España si osais desafiarme. Que vengan con sus ejércitos del infierno, porque aquí caerán”.

Están en su derecho al defender en sus películas sus versiones de los hechos. Y es una lástima que en España no se valore nuestros logros ni se rinda homenaje a nuestros héroes haciéndoles una película en condiciones en lugar de poner tetas y escenas de sexo en cada uno de los largometrajes. Porque cada vez que veo una película española siempre termino diciendo lo mismo “Ya estaban tardando en salir las tetas”. Bueno, me estoy desviando de tema, empiezo a hablar de iglesia y acabo hablando de glándulas mamarias…
En fin, la armada invencible, la película, su versión… En el siguiente blog os contaré por qué esto tiene relación con algo que ví en el museo marítimo de Greenwich.

martes, 7 de diciembre de 2010

La ciudad impersonal

Londres es la ciudad impersonal, los que viven aquí lo saben. Formas parte de un inmenso hormiguero donde todo lo que haces en la calle es grabado por miles de cámaras que te siguen a donde vayas grabándote, dicen, que trescientas veces en un mismo día.

Es como un Gran Hermano pero en el que nadie se orina en las duchas. Aquí el que orina tiene que pagar, aunque los servicios se encuentren en lugares públicos como estaciones de autobuses o metro.
Todo se vende y se compra, Londres es la ciudad del consumismo y del despilfarro. La vida aquí de un mileurista puede hacerse pésima en tanto en cuanto solo le daría lo justo para vivir, comprando en los supermercados más baratos, si a esto se le puede llamar barato.

El precio del transporte público no se traduce en comodidad en los trayectos, las huelgas son numerosas y el funcionamiento durante el fin de semana deja mucho que desear, con cortes de líneas incluidos debido a las obras acometidas. Aun así la inmensa red conforma una enorme ciudad que late al mismo ritmo que la ciudad descubierta.

Londres te invita a gastar: Jugar un partido de fútbol se hace casi prohibitivo (6 libras) , cortarse el pelo es sinónimo de hipotecar la casa (16,5 libras), vivir en una residencia de mala muerte en el centro es mucho más que hacerlo en un barrio acomodado de Madrid (120 libras a la semana, 480 al mes)…
Los anuncios publicitarios, las tiendas llenas… te recuerdan que tienes que consumir, que no te quedes atrás. Aquí hasta el último tonto tiene un Ipod, siendo el móvil más visto en la calle y en el metro.Los e-books y los i-pad han ganado la partida a los libros… Todo está a la moda y te sientes como un mindundi cuando sacas tu Nokia modelo Atapuerca del bolsillo.

Todo está lleno, pareces que la misma corriente de personas te arrastra donde quieras que vayas. Andas en línea recta y un sinfín de personas se te cruzan en tu camino sin importarles un carajo el tropezar contigo o no. Es una ciudad impersonal, digo, porque a nadie le importas tú, eres uno más… Es una ciudad donde es fácil sentirte solo, donde la mayoría de las veces no entiendes las conversaciones a tu alrededor o el silencio en cualquier vagón es tal que te sientes dentro de un trailer de Zara lleno de maniquíes.
Solo importa tu dinero, lo que puedas llegar a consumir. Ya ni siquiera te permiten el honor de poder saludar a aquella cajera del supermercado que tan amablemente introducía la compra en las bolsas. Unas máquinas han sustituido a las personas haciendo tú todo el trabajo de coger, pasar y pagar, sin que ni siquiera esto haya permitido bajar el precio de los productos. Eres un productos más dentro del supermercado, en tu espalda llevas un número, que es el dinero que vas a dejar allí: Llegas, coges, pasas, pagas y te vas; sin decir buenas tardes ni adiós muy buenas, un cliente más, un número más …

Dicen que esta es la ciudad de las oportunidades, pero aquí el que quiera una vida mejor tiene que pagar un precio, y vaya precio… En lo que a mí me respecta, estoy contento por poder vivir esta experiencia en la que he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente, alguna infame, la mayoría encantadora, de la que me llevaré un gran recuerdo. He podido conocer muchos lugares interesantes dentro de esta gran ciudad que, aunque sea fría en espíritu, no deja de ser majestuosa. Grandes museos, impresionantes plazas y monumentos, iglesias, catedrales… Es la ciudad perfecta para vivir unos meses, los suficientes para no endurecerte demasiado, para adquirir la habilidad de ver la vida con ese ojo crítico, esa frialdad que puede ayudarte a vivir en momentos de soledad o apatía. Londres es una gran escuela .Aquí se puede llegar a algo, las oportunidades creo que son inmensas, y algunos meses pueden llegar a ser un buen chute de taurina para el resto de la vida.

Pero permítanme decirle que no cambio una riqueza en Londres por el mileurismo en España, a poder ser en Andalucía, cerca de mi gente, de gente cercana, de marujas que hablan en el bus y te cuentan su vida cuando vas a comprar el pan. Cerca de algo tan natural como una playa y lejos de esos parques artificiales llenos de turistas. Quiero poder pagar precios razonables, pagar lo que de verdad cuesta una mercancía o servicio, no quiero contribuir a alimentar el estómago de piratas ávaros, quiero estar con gente sencilla, hechas de humildad y de trabajo. Porque hay una cosa llamada calidad de vida, y la palabra calidad es algo tan a tener un cuenta que no podemos dejar de aplicarla en algo que se pasa una sola vez y de forma tan deprisa. Por eso me gustaría poder decir: “Mileurista, sí, pero feliz”.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Otro fiasco...

Otro fiasco deportivo para España desde que estoy aquí, y es que hoy hemos recibido una guantada (como Mourinho el Lunes) y nos hemos quedado sin poder albergar el mundial del 2018, al que optábamos junto a Portugal entre las candidaturas de Rusia, Inglaterra y Holanda-Bélgica.
De los creadores de “Alonso se queda sin mundial”,”Nadal pierde la final ante Federer” y “España es goleada por Portugal”, llega “Nos quedamos sin mundial”… Una superproducción en tono con la tónica reinante estos últimos meses en la que España se come un mojón, deportivamente hablando, siendo Jorge Lorenzo el único que salva la papeleta.


Foto: La pertiguista Eva Selina apoyando la candidatura Rusia. Podemos apreciar que los miembros del comité de la FIFA no son tonto y además de Inglés saben latín.


Lo cierto es que no pude celebrar nada , uno no puede llegar a la oficina y picar al compañero inglés que se come deportivamente lo que se come Mahoma… Y es que si Alonso estuvo apunto de ganar el mundial de Formula 1 se quedó a las puertas de hacerlo, “first” fiasco. Nadal se clasificó para la final del ATP Master series de Londres pero perdió la final contra Federer, “second“ fiasco. La selección española recibió una humillante derrota ante Portugal por 4-0, “third” fiasco. Y ahora lo de la candidatura ibérica…



Foto: El muñeco de cera de Iker Casillas no quiso faltar a la cita y allí lo pusieron, para dar suerte a la candidatura ibérica.


Inglaterra, como he dicho, también se presentaba candidata, porque por lo visto esta gente no tienen suficiente con albergar los juegos olímpicos de Londres en 2012. Días atrás la prensa ha estado pendiente de la decisión de la FIFA, hablando incluso sobre una supuesta compra de votos. Hoy mismo, no han parado de hablar de la ceremonia en la que se decidía el país y conectaban muy a menudo con Zurich, recordando una y otra vez las bondades y las maravillas de su candidatura.
Pero esta vez no estaba Alberto de Mónaco para echar por tierra una candidatura como lo hizo con Madrid 2012 sacando el tema bastante espinoso de las bombas del 11M. Así que los ingleses, como españoles y portugueses, se han tenido que marchar de allí con el rabo entre las piernas, comprobando que el dinero y el petróleo también compran organizaciones como la de Qatar 2022, que ha sido junto a Rusia 2018 las triunfadoras del día.

Pues nada, habrá que faldar a otra parte, los éxitos llegaran cuando esté ya en España, pero ya no tendrá tanta gracia, porque no podré sacar pecho ni picar a nadie. Aun así me queda el consuelo de que mis colegas ingleses tampoco tienen nada en donde pueda darse el vacile deportivamente hablando.


Foto: Los representantes de la candidatura inglesa. De izquierda a derecha: El principe William, que se nos casa. El primer ministro británico David Cameron y el modelo que en ocasiones juega al fútbol David Beckham.
Mientras esperan la decisíón de la FIFA, Cameron bromea con William sobre el tamaño de las orejas de su padre, mientras Beckham se rie y el propio William le sigue el juego pensando en sus adentros: "Ríete maricona, verás cuando llegue a Rey".