Nuevo día de despedidas, pero esta vez el que decía adiós muy buenas era el menda. Un menda que ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, que ha intentado aprender de todo un poco y que se va con la misma ilusión con la que vino, y “na” más que vino,y “na” más que vino… Perdonen, que se me va la cabeza hacia la cena de navidad del otro día.
Me llena de orgullo y satisfacción (ahora que viene el mensaje de navidad)el sentirme tan querido por unos compañeros con los que ni siquiera compartía patria ni lengua pero que me han hecho sentirme como en casa, como uno más. Reconociéndome y agradeciendo mi trabajo, claro que el trabajar gratis es lo que tiene... Aún así a partir de ahora soy un poco más inglés, mi cuerpo a las cinco de la tarde me pedirá té, aunque no me guste.
Me voy del trabajo con la sensación del trabajo bien hecho, con la conciencia tranquila por haberlo dado todo y con la seguridad del deber patriótico cumplido. Y es que, sin temor a caer en descalificativos de aquellos que ven el patriotismo como una palabra tabú, puedo decir que he dejando, como debe ser, el listón de mi país bien alto, aunque ya se encargue más de uno en bajarlo en un futuro.
Decía Unamuno que hay que españolizar el resto del mundo, yo le he hecho un guiño a Miguel y he puesto mi granito de arena en el empeño.
Londres ha querido hoy despedirme de blanco en un acto que simboliza mi enlace con la ciudad. Con un manto de nieve que cubría el camino de vuelta a casa, recordándome que mío es el futuro, y en blanco está para que escriba cada línea y cada párrafo pero de forma metafórica porque esta ciudad es muy cara y paso de gastarme dinero en un bolígrafo. Queda en el frío aire la pregunta de sí es verdad que volveré, la semana que viene lo sabré, y entonces mi etapa en Londres no habrá acabado.
Aún así, siento que algo se cierra, lo que he vivido forma parte de mi historia personal y no puedo más que estar agradecidos a todas las personas que han hecho posible esta aventura, que han estado ahí siempre y que con su cálida presencia han permitido que uno se sienta un poco más en casa en esta ciudad desconocida.
No quiero despedirme de tí, amable y paciente lector, ya que este no es el último post que escribiré en mis cartas londinesas. Dejaremos la tarea para cuando regrese a España y la relajación y la paz de mis aposentos me permitan reflexionar sobre lo que se ha quedado de mí en Londres, qué me he llevado y qué me he olvidado en el avión. Para eso queda unos días, un viaje que no estoy seguro si la nieve permitirá y unos cuantos kilómetros por delante.
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