Aprovechando las últimas horas de este año que se nos acaba, quiero cerrar este blog con el último post que saldrá de mi teclado.
Vista la experiencia londinense desde la distancia, tanto temporal como espacial, puedo asegurar que sí, que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. He hecho amigos, he estado en lugares desconocidos, he mejorado mi inglés, pero sobre todo he crecido como persona. Mi actitud ante la vida, mi filosofía y mi visión del mundo se han visto enriquecidos por esos tres meses y medios en los que he estado, como dije en su momento, en paz con la vida y en guerra con las moquetas.
Vuelta a la “querida” España y vuelta a la rutina, vuelta al panorama. El mismo paro, las empresas que siguen sin contratar, empleadores que dicen que tu currículum es demasiado grande para el puesto o que no tienes suficiente experiencia…
No quiero pasar por alto el hacer un análisis de este 2010 que dejo, del que mi estancia en Londres ha salvado el panorama…
Para saber si un año ha sido bueno, si ha merecido la pena, creo uno mismo debe compararse con lo que era hace un año. Y sí, puede que este año haya sido productivo, he hecho un curso de inglés en Barcelona, un curso de informática de gestión en verano y los tres últimos meses he estado en Londres de prácticas de empresa…
La crisis me ha afectado profundamente este año, negándome el derecho a un trabajo, negándome el derecho a demostrar lo que valgo y para lo que me he preparado todos los días de mi vida, en la que no he hecho otra cosa que intentar mejorar, cumplir objetivos, alcanzando esa máxima del deber, primero porque era mi obligación y luego porque así lo creí conveniente para mi futuro.
Al niño que fui, al muchacho que era y al joven que sigo siendo, le debo el seguir luchando, por ellos, porque un día ellos lo hicieron, no bajo los brazos y me doy de codazos en este mundo en el que unos cuantos cabestros se han montado un chiringuito a costa del sudor de los de siempre. Seguiré aprendiendo, creciendo si hace falta, en esta sociedad cada vez más infame a la vez que exigente.
Me preocupa demasiado el futuro, como debe ser, como buena hormiga previsora. Resulta que me contaron el cuento de la cigala de chico y me lo tomé a pecho. Esta hormiga que soy se ha llevado toda una vida llevando comida al hormiguero (pero no era para Pablo Motos) y ahora que ha llegado el invierno he visto como la comida se ha esfumado, de momento de nada ha valido el trabajo, aún así estoy seguro que esa comida volverá, algún día. Mientras tanto, la cigala que conocí y que durante mi infancia y juventud no hizo ni el huevo resulta que la cabrona está ahora disfrutando de la comida, bien porque sus papis se la pagan o porque el día antes del invierno la enchufaron en una empresa, o se hizo funcionaria. Así que imagínense dónde les metería el cuentecito de la puñetera hormiga a quien me lo contó…
Respecto a 2010, ha sido un año muy barroco, lleno de claroscuros. He cumplido mi sueño de visitar Barcelona, he visto por primera vez un partido del Barça, he estado 20 días en Madrid comprobando que la situación por allí también estaba hecha una mierda, he conocido mucha gente y, sobre todo, he comprobado como los míos estaban ahí en los momentos malos, desde aquí , gracias.
Por eso, saludo al 2011 y pido que acabe con este 2010. Seguramente la cosa seguirá igual, puede que sea un mejor año para la economía, que la situación empiece, poco a poco a equilibrarse, pero seguirán aquí la misma gente, los prevaricadores, explotadores, ni-nis, timadores, especuladores… Toda esa carroña que abunda en cualquier sociedad y que impiden el progreso. Pero queda la esperanza de que los que estamos aquí abajo salgamos de esta situación reforzados y con una lección aprendida: que se puede ser feliz con muy poco, y aunque no esté de acuerdo en que el dinero no da la felicidad, sí que se puede ser feliz con cuatro duros, todo depende de lo que necesites. Sin figurar de algo que no tienes, sin llevar ropa de marca cuando no tienes que llevar al plato…
Deseándoles un feliz año nuevo, en el que se cumplan todos los deseos de la gente de bien, me despido hasta otro blog.
viernes, 31 de diciembre de 2010
sábado, 18 de diciembre de 2010
Carta a Dios
Querido Dios:
Si estás leyendo esta carta es porque la entrega ha tenido éxito y he podido llegar a las puertas del cielo donde me espera San Pedro vestido de negro y con gafas de sol, cual portero de discoteca. Si no te entrego esta carta personalmente es porque voy en zapatillas y hecho un ecce-homo (ups, perdón). Y resulta que estaré de esta guisa porque aquí no para de nevar, ejem...
Ha empezado a nevar ayer, despues de muchos dias sin hacerlo, hoy ha nevado más fuerte y se han cancelado muchos vuelos. El mío es mañana, no digo más...
Como broma está bien, eres muy chistoso, ji ji ja ja... Así que...¿Vamos a cerrar un poco el grifo ya, no? Hombre, es un poco pesada la bromita. No podrías ponerme un cubo de hielo con una mosca dentro en la bebida, o teñir el agua del grifo rosa... No, ¡Tú a lo grande!
Dios mio... que tus bromas son pesaditas, escucha a la gente. Que otras veces se te ha ido la mano con esto de las gracias. Que se lo pregunten a los contemporáneos de Noé cuando hiciste caer en la Tierra dos gotitas, o a los egipcios cuando le teñiste el Nilo de rojo o le mandaste unas cuantas langostas.Solo te pido que si la próxima vez mandas langostas que éstas sean las marinas, que se puedan comer, así la gracia tendría un cariz más festivo.
Solo espero no tener que celebrar la natividad de tu hijo en el aeropuerto tirado, en el caso de que eso pasara tendré que volverme gracioso también y cargarme todos los belenes de Cádiz a mi llegada.
Sin más, reciba un cordial saludo.
A-Dios.
Si estás leyendo esta carta es porque la entrega ha tenido éxito y he podido llegar a las puertas del cielo donde me espera San Pedro vestido de negro y con gafas de sol, cual portero de discoteca. Si no te entrego esta carta personalmente es porque voy en zapatillas y hecho un ecce-homo (ups, perdón). Y resulta que estaré de esta guisa porque aquí no para de nevar, ejem...
Ha empezado a nevar ayer, despues de muchos dias sin hacerlo, hoy ha nevado más fuerte y se han cancelado muchos vuelos. El mío es mañana, no digo más...
Como broma está bien, eres muy chistoso, ji ji ja ja... Así que...¿Vamos a cerrar un poco el grifo ya, no? Hombre, es un poco pesada la bromita. No podrías ponerme un cubo de hielo con una mosca dentro en la bebida, o teñir el agua del grifo rosa... No, ¡Tú a lo grande!
Dios mio... que tus bromas son pesaditas, escucha a la gente. Que otras veces se te ha ido la mano con esto de las gracias. Que se lo pregunten a los contemporáneos de Noé cuando hiciste caer en la Tierra dos gotitas, o a los egipcios cuando le teñiste el Nilo de rojo o le mandaste unas cuantas langostas.Solo te pido que si la próxima vez mandas langostas que éstas sean las marinas, que se puedan comer, así la gracia tendría un cariz más festivo.
Solo espero no tener que celebrar la natividad de tu hijo en el aeropuerto tirado, en el caso de que eso pasara tendré que volverme gracioso también y cargarme todos los belenes de Cádiz a mi llegada.
Sin más, reciba un cordial saludo.
A-Dios.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Farewell
Nuevo día de despedidas, pero esta vez el que decía adiós muy buenas era el menda. Un menda que ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, que ha intentado aprender de todo un poco y que se va con la misma ilusión con la que vino, y “na” más que vino,y “na” más que vino… Perdonen, que se me va la cabeza hacia la cena de navidad del otro día.
Me llena de orgullo y satisfacción (ahora que viene el mensaje de navidad)el sentirme tan querido por unos compañeros con los que ni siquiera compartía patria ni lengua pero que me han hecho sentirme como en casa, como uno más. Reconociéndome y agradeciendo mi trabajo, claro que el trabajar gratis es lo que tiene... Aún así a partir de ahora soy un poco más inglés, mi cuerpo a las cinco de la tarde me pedirá té, aunque no me guste.
Me voy del trabajo con la sensación del trabajo bien hecho, con la conciencia tranquila por haberlo dado todo y con la seguridad del deber patriótico cumplido. Y es que, sin temor a caer en descalificativos de aquellos que ven el patriotismo como una palabra tabú, puedo decir que he dejando, como debe ser, el listón de mi país bien alto, aunque ya se encargue más de uno en bajarlo en un futuro.
Decía Unamuno que hay que españolizar el resto del mundo, yo le he hecho un guiño a Miguel y he puesto mi granito de arena en el empeño.
Londres ha querido hoy despedirme de blanco en un acto que simboliza mi enlace con la ciudad. Con un manto de nieve que cubría el camino de vuelta a casa, recordándome que mío es el futuro, y en blanco está para que escriba cada línea y cada párrafo pero de forma metafórica porque esta ciudad es muy cara y paso de gastarme dinero en un bolígrafo. Queda en el frío aire la pregunta de sí es verdad que volveré, la semana que viene lo sabré, y entonces mi etapa en Londres no habrá acabado.
Aún así, siento que algo se cierra, lo que he vivido forma parte de mi historia personal y no puedo más que estar agradecidos a todas las personas que han hecho posible esta aventura, que han estado ahí siempre y que con su cálida presencia han permitido que uno se sienta un poco más en casa en esta ciudad desconocida.
No quiero despedirme de tí, amable y paciente lector, ya que este no es el último post que escribiré en mis cartas londinesas. Dejaremos la tarea para cuando regrese a España y la relajación y la paz de mis aposentos me permitan reflexionar sobre lo que se ha quedado de mí en Londres, qué me he llevado y qué me he olvidado en el avión. Para eso queda unos días, un viaje que no estoy seguro si la nieve permitirá y unos cuantos kilómetros por delante.
Me llena de orgullo y satisfacción (ahora que viene el mensaje de navidad)el sentirme tan querido por unos compañeros con los que ni siquiera compartía patria ni lengua pero que me han hecho sentirme como en casa, como uno más. Reconociéndome y agradeciendo mi trabajo, claro que el trabajar gratis es lo que tiene... Aún así a partir de ahora soy un poco más inglés, mi cuerpo a las cinco de la tarde me pedirá té, aunque no me guste.
Me voy del trabajo con la sensación del trabajo bien hecho, con la conciencia tranquila por haberlo dado todo y con la seguridad del deber patriótico cumplido. Y es que, sin temor a caer en descalificativos de aquellos que ven el patriotismo como una palabra tabú, puedo decir que he dejando, como debe ser, el listón de mi país bien alto, aunque ya se encargue más de uno en bajarlo en un futuro.
Decía Unamuno que hay que españolizar el resto del mundo, yo le he hecho un guiño a Miguel y he puesto mi granito de arena en el empeño.
Londres ha querido hoy despedirme de blanco en un acto que simboliza mi enlace con la ciudad. Con un manto de nieve que cubría el camino de vuelta a casa, recordándome que mío es el futuro, y en blanco está para que escriba cada línea y cada párrafo pero de forma metafórica porque esta ciudad es muy cara y paso de gastarme dinero en un bolígrafo. Queda en el frío aire la pregunta de sí es verdad que volveré, la semana que viene lo sabré, y entonces mi etapa en Londres no habrá acabado.
Aún así, siento que algo se cierra, lo que he vivido forma parte de mi historia personal y no puedo más que estar agradecidos a todas las personas que han hecho posible esta aventura, que han estado ahí siempre y que con su cálida presencia han permitido que uno se sienta un poco más en casa en esta ciudad desconocida.
No quiero despedirme de tí, amable y paciente lector, ya que este no es el último post que escribiré en mis cartas londinesas. Dejaremos la tarea para cuando regrese a España y la relajación y la paz de mis aposentos me permitan reflexionar sobre lo que se ha quedado de mí en Londres, qué me he llevado y qué me he olvidado en el avión. Para eso queda unos días, un viaje que no estoy seguro si la nieve permitirá y unos cuantos kilómetros por delante.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
La soledad
Ahora que se han ido yendo poco a poco las personas que he conocido aquí no te queda más remedio que pasar más tiempo en soledad que antes. Dicen que la soledad es el mayor enemigo del hombre, que nadie la quiere y todo el mundo huye de ella.
Está claro que quienes así lo cree hablan de la soledad como algo permanente, un laberinto perpetuo.
Pero quizás la soledad sea ese momento de paz que todos buscamos en algunas ocasiones, ese pacto entre nosotros y la vida durante el que todo adquiere su orden, el dolor deja de existir o se multiplica hasta límites inimaginados. Ese momento solemne en el que presente, pasado y futuro juegan al twister y se confunden en una masa deforme, y no te queda otra que amoldarla con unas pequeñas dosis de locura, valentía, experiencia, cariño y templanza.
Es ese momento del día en el que sabes que hacer, todo para tí está escrito,no existen las dudas, lo que quieres hacer y lo que vas a hacer parece que se pintan en un mismo cuadro bajo un mismo pincel de un mismo maestro.Hay tregua entre tus sentimientos y tus actos, nada tiembla, las piernas se relajan, el corazón sigue su ritmo normal,la sangre circula sin agolparse en tus extremidades, y la gargante es libre para poder hablar.
Pero cuando termina esa paz, esa tregua, ese estado de letargo, y te enfrentas a la realidad, a lo que más añoras, o temes, o quieres o rechazas...todo en tí cambia, lo que antes estaba en calma ahora es un remolino violento que te golpea el pecho, lo que antes no se movía ahora tiembla en infinitos terremotos. Y el alma se te llena de dudas, y vienen los fantasmas con sus candelabros, y espíritus que te nublan la vista con sus maléficos presagios. Te paralizan los nervios, te cortan el habla, y si pudieran te arrancarían el corazón, el cerebro, las vísceras... para que nada en tí piense ni sienta durante ese momento.
Ahí nada importa, ni el carpe diem, ni la infinita literatura leida, ni consejos, ni consecuencias... Ni siquiera el mundo de fuera, no hay coches, ni gente, ni árboles curiosos, ni edificios que simulan aplastarte. Todo se reduce a un "¿Qué hago?", un "quizás refugiándome en mi soledad sepa qué hacer",pero cuando vuelves a ella, a la soledad, te das cuenta que quieres volver a ese momento en el que la tregua se para, en el que la paz deja de existir en tu cuerpo, en la que vienen los fantasmas de las dudas...Porque te das cuenta que solo de esa manera eres feliz...
Está claro que quienes así lo cree hablan de la soledad como algo permanente, un laberinto perpetuo.
Pero quizás la soledad sea ese momento de paz que todos buscamos en algunas ocasiones, ese pacto entre nosotros y la vida durante el que todo adquiere su orden, el dolor deja de existir o se multiplica hasta límites inimaginados. Ese momento solemne en el que presente, pasado y futuro juegan al twister y se confunden en una masa deforme, y no te queda otra que amoldarla con unas pequeñas dosis de locura, valentía, experiencia, cariño y templanza.
Es ese momento del día en el que sabes que hacer, todo para tí está escrito,no existen las dudas, lo que quieres hacer y lo que vas a hacer parece que se pintan en un mismo cuadro bajo un mismo pincel de un mismo maestro.Hay tregua entre tus sentimientos y tus actos, nada tiembla, las piernas se relajan, el corazón sigue su ritmo normal,la sangre circula sin agolparse en tus extremidades, y la gargante es libre para poder hablar.
Pero cuando termina esa paz, esa tregua, ese estado de letargo, y te enfrentas a la realidad, a lo que más añoras, o temes, o quieres o rechazas...todo en tí cambia, lo que antes estaba en calma ahora es un remolino violento que te golpea el pecho, lo que antes no se movía ahora tiembla en infinitos terremotos. Y el alma se te llena de dudas, y vienen los fantasmas con sus candelabros, y espíritus que te nublan la vista con sus maléficos presagios. Te paralizan los nervios, te cortan el habla, y si pudieran te arrancarían el corazón, el cerebro, las vísceras... para que nada en tí piense ni sienta durante ese momento.
Ahí nada importa, ni el carpe diem, ni la infinita literatura leida, ni consejos, ni consecuencias... Ni siquiera el mundo de fuera, no hay coches, ni gente, ni árboles curiosos, ni edificios que simulan aplastarte. Todo se reduce a un "¿Qué hago?", un "quizás refugiándome en mi soledad sepa qué hacer",pero cuando vuelves a ella, a la soledad, te das cuenta que quieres volver a ese momento en el que la tregua se para, en el que la paz deja de existir en tu cuerpo, en la que vienen los fantasmas de las dudas...Porque te das cuenta que solo de esa manera eres feliz...
viernes, 10 de diciembre de 2010
Una de iglesias y palomitas
El pasado Domingo visité la iglesia de San Bartolomé el Grande (St Bartolomew the great). Una iglesia que no ocupa portada en las guías de Londres y, afortunadamente, no está invadida constantemente por turistas, que prefieren visitar los lugares típicos y hacerse esas fotos que han visto millones de veces en los perfiles de sus amigos de Facebook, allá ellos.
Se trata de una de las iglesias más antigua de Londres, de la que tuve constancia gracias al programa “españoles por el mundo“, donde un cinéfilo llevó a las cámaras a visitar esa pequeña iglesia.

Y es que,para los amantes del cine, les interesará saber que aquí se rodaron escenas de “cuatro bodas y un funeral”, “Shakespeare in Love”, “Robin Hood príncipe de los ladrones”,”Elizabeth, la edad de oro”, “las hermanas bolena” o la última versión de “Sherlock Holmes”, entre otras…
Para los que además del cine les gusten la historia o el arte, en esta iglesia va a poder respirar el mismo olor a incienso que han respirado cientos de generaciones, va a creer oir los murmullos de millones de feligreses que han orado entre sus muros de piedra, o va a tener la sensación de tropezar con algún mendigo de los que se llegaron a llenar la iglesia cuando sufrió un lamentable estado de abandono durante el siglo XVIII.
Afortunadamente para el interés cultural, esta iglesia fue restaurada en el siglo XIX, devolviéndole el esplendor de antaño y haciendo posible que hoy día podamos seguir disfrutando de un remanso de tranquilidad colmado de calma y belleza en pleno centro de Londres. Ningún ruido se puede oir del exterior, es por eso que muchas películas se han rodado aquí.
Volviendo al mundo del cine y a la película “Elizabeth, la edad de oro”, aquí fue donde se rodó la escena en la que despacharon a María Estuardo cortándole la cabeza, después de ser delatada como cabeza de la conspiración para matar a Elizabeth (la reina Virgen), apodada así porque no estaba todavía casada y por tanto no conocía varón y no le habían dado aún lo suyo y lo de su prima. Por eso en la película se la ve más caliente que al hombre antorcha en una sauna, y se bebe los vientos por Francis Drake, el guapito de turno que tiene toda película de Hollywood, aunque éste en el fondo sea un maldito hijo de puta.
La cuestión es que a María le cortaron la cabeza de una forma muy limpia en la película: Poniendo ella muy estoicamente la cabeza, vestida de rojo, queriendo morir como una mártir (católica, apostólica y romana) el verdugo que levanta el hacha y ¡zasca!, golpe seco y la cabeza a rodar se ha dicho… Pero la realidad fue bien distinta, los verdugos de la edad moderna no eran tan precisos como los de Hollywood o el hacha no estaba tan afilada, y antes de que la cabeza se separase del cuerpo había que asestarle dos o tres tajadas, como el carnicero de tu barrio, vamos. El caso de María, aunque era noble ella, no fue una excepción y tuvo un pequeño dolor de cuello antes de dejar de sentir el resto del cuerpo.

Precisamente esta película trata del periodo en el que Inglaterra se vio amenaza por la invasión española. Un país al que pintan de oscuro, adalid del catolicismo y radical hasta la sotana. Es el malo, el bueno de la peli es Inglaterra, con su prota, Elizabeth (“la Eli” para los amigos) defendiendo como una loba su rebaño dejando para la posteridad del cine aquella frase, ante el embajador español en Londres, que queda muy mona en la gran pantalla pero ya saben, del dicho al hecho…
“Yo también puedo gobernar los vientos, hay un volcán dentro de mí que gobernará España si osais desafiarme. Que vengan con sus ejércitos del infierno, porque aquí caerán”.
Están en su derecho al defender en sus películas sus versiones de los hechos. Y es una lástima que en España no se valore nuestros logros ni se rinda homenaje a nuestros héroes haciéndoles una película en condiciones en lugar de poner tetas y escenas de sexo en cada uno de los largometrajes. Porque cada vez que veo una película española siempre termino diciendo lo mismo “Ya estaban tardando en salir las tetas”. Bueno, me estoy desviando de tema, empiezo a hablar de iglesia y acabo hablando de glándulas mamarias…
En fin, la armada invencible, la película, su versión… En el siguiente blog os contaré por qué esto tiene relación con algo que ví en el museo marítimo de Greenwich.
Se trata de una de las iglesias más antigua de Londres, de la que tuve constancia gracias al programa “españoles por el mundo“, donde un cinéfilo llevó a las cámaras a visitar esa pequeña iglesia.
Y es que,para los amantes del cine, les interesará saber que aquí se rodaron escenas de “cuatro bodas y un funeral”, “Shakespeare in Love”, “Robin Hood príncipe de los ladrones”,”Elizabeth, la edad de oro”, “las hermanas bolena” o la última versión de “Sherlock Holmes”, entre otras…
Para los que además del cine les gusten la historia o el arte, en esta iglesia va a poder respirar el mismo olor a incienso que han respirado cientos de generaciones, va a creer oir los murmullos de millones de feligreses que han orado entre sus muros de piedra, o va a tener la sensación de tropezar con algún mendigo de los que se llegaron a llenar la iglesia cuando sufrió un lamentable estado de abandono durante el siglo XVIII.
Afortunadamente para el interés cultural, esta iglesia fue restaurada en el siglo XIX, devolviéndole el esplendor de antaño y haciendo posible que hoy día podamos seguir disfrutando de un remanso de tranquilidad colmado de calma y belleza en pleno centro de Londres. Ningún ruido se puede oir del exterior, es por eso que muchas películas se han rodado aquí.
Volviendo al mundo del cine y a la película “Elizabeth, la edad de oro”, aquí fue donde se rodó la escena en la que despacharon a María Estuardo cortándole la cabeza, después de ser delatada como cabeza de la conspiración para matar a Elizabeth (la reina Virgen), apodada así porque no estaba todavía casada y por tanto no conocía varón y no le habían dado aún lo suyo y lo de su prima. Por eso en la película se la ve más caliente que al hombre antorcha en una sauna, y se bebe los vientos por Francis Drake, el guapito de turno que tiene toda película de Hollywood, aunque éste en el fondo sea un maldito hijo de puta.
La cuestión es que a María le cortaron la cabeza de una forma muy limpia en la película: Poniendo ella muy estoicamente la cabeza, vestida de rojo, queriendo morir como una mártir (católica, apostólica y romana) el verdugo que levanta el hacha y ¡zasca!, golpe seco y la cabeza a rodar se ha dicho… Pero la realidad fue bien distinta, los verdugos de la edad moderna no eran tan precisos como los de Hollywood o el hacha no estaba tan afilada, y antes de que la cabeza se separase del cuerpo había que asestarle dos o tres tajadas, como el carnicero de tu barrio, vamos. El caso de María, aunque era noble ella, no fue una excepción y tuvo un pequeño dolor de cuello antes de dejar de sentir el resto del cuerpo.
Precisamente esta película trata del periodo en el que Inglaterra se vio amenaza por la invasión española. Un país al que pintan de oscuro, adalid del catolicismo y radical hasta la sotana. Es el malo, el bueno de la peli es Inglaterra, con su prota, Elizabeth (“la Eli” para los amigos) defendiendo como una loba su rebaño dejando para la posteridad del cine aquella frase, ante el embajador español en Londres, que queda muy mona en la gran pantalla pero ya saben, del dicho al hecho…
“Yo también puedo gobernar los vientos, hay un volcán dentro de mí que gobernará España si osais desafiarme. Que vengan con sus ejércitos del infierno, porque aquí caerán”.
Están en su derecho al defender en sus películas sus versiones de los hechos. Y es una lástima que en España no se valore nuestros logros ni se rinda homenaje a nuestros héroes haciéndoles una película en condiciones en lugar de poner tetas y escenas de sexo en cada uno de los largometrajes. Porque cada vez que veo una película española siempre termino diciendo lo mismo “Ya estaban tardando en salir las tetas”. Bueno, me estoy desviando de tema, empiezo a hablar de iglesia y acabo hablando de glándulas mamarias…
En fin, la armada invencible, la película, su versión… En el siguiente blog os contaré por qué esto tiene relación con algo que ví en el museo marítimo de Greenwich.
martes, 7 de diciembre de 2010
La ciudad impersonal
Londres es la ciudad impersonal, los que viven aquí lo saben. Formas parte de un inmenso hormiguero donde todo lo que haces en la calle es grabado por miles de cámaras que te siguen a donde vayas grabándote, dicen, que trescientas veces en un mismo día.
Es como un Gran Hermano pero en el que nadie se orina en las duchas. Aquí el que orina tiene que pagar, aunque los servicios se encuentren en lugares públicos como estaciones de autobuses o metro.
Todo se vende y se compra, Londres es la ciudad del consumismo y del despilfarro. La vida aquí de un mileurista puede hacerse pésima en tanto en cuanto solo le daría lo justo para vivir, comprando en los supermercados más baratos, si a esto se le puede llamar barato.
El precio del transporte público no se traduce en comodidad en los trayectos, las huelgas son numerosas y el funcionamiento durante el fin de semana deja mucho que desear, con cortes de líneas incluidos debido a las obras acometidas. Aun así la inmensa red conforma una enorme ciudad que late al mismo ritmo que la ciudad descubierta.
Londres te invita a gastar: Jugar un partido de fútbol se hace casi prohibitivo (6 libras) , cortarse el pelo es sinónimo de hipotecar la casa (16,5 libras), vivir en una residencia de mala muerte en el centro es mucho más que hacerlo en un barrio acomodado de Madrid (120 libras a la semana, 480 al mes)…
Los anuncios publicitarios, las tiendas llenas… te recuerdan que tienes que consumir, que no te quedes atrás. Aquí hasta el último tonto tiene un Ipod, siendo el móvil más visto en la calle y en el metro.Los e-books y los i-pad han ganado la partida a los libros… Todo está a la moda y te sientes como un mindundi cuando sacas tu Nokia modelo Atapuerca del bolsillo.
Todo está lleno, pareces que la misma corriente de personas te arrastra donde quieras que vayas. Andas en línea recta y un sinfín de personas se te cruzan en tu camino sin importarles un carajo el tropezar contigo o no. Es una ciudad impersonal, digo, porque a nadie le importas tú, eres uno más… Es una ciudad donde es fácil sentirte solo, donde la mayoría de las veces no entiendes las conversaciones a tu alrededor o el silencio en cualquier vagón es tal que te sientes dentro de un trailer de Zara lleno de maniquíes.
Solo importa tu dinero, lo que puedas llegar a consumir. Ya ni siquiera te permiten el honor de poder saludar a aquella cajera del supermercado que tan amablemente introducía la compra en las bolsas. Unas máquinas han sustituido a las personas haciendo tú todo el trabajo de coger, pasar y pagar, sin que ni siquiera esto haya permitido bajar el precio de los productos. Eres un productos más dentro del supermercado, en tu espalda llevas un número, que es el dinero que vas a dejar allí: Llegas, coges, pasas, pagas y te vas; sin decir buenas tardes ni adiós muy buenas, un cliente más, un número más …
Dicen que esta es la ciudad de las oportunidades, pero aquí el que quiera una vida mejor tiene que pagar un precio, y vaya precio… En lo que a mí me respecta, estoy contento por poder vivir esta experiencia en la que he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente, alguna infame, la mayoría encantadora, de la que me llevaré un gran recuerdo. He podido conocer muchos lugares interesantes dentro de esta gran ciudad que, aunque sea fría en espíritu, no deja de ser majestuosa. Grandes museos, impresionantes plazas y monumentos, iglesias, catedrales… Es la ciudad perfecta para vivir unos meses, los suficientes para no endurecerte demasiado, para adquirir la habilidad de ver la vida con ese ojo crítico, esa frialdad que puede ayudarte a vivir en momentos de soledad o apatía. Londres es una gran escuela .Aquí se puede llegar a algo, las oportunidades creo que son inmensas, y algunos meses pueden llegar a ser un buen chute de taurina para el resto de la vida.
Pero permítanme decirle que no cambio una riqueza en Londres por el mileurismo en España, a poder ser en Andalucía, cerca de mi gente, de gente cercana, de marujas que hablan en el bus y te cuentan su vida cuando vas a comprar el pan. Cerca de algo tan natural como una playa y lejos de esos parques artificiales llenos de turistas. Quiero poder pagar precios razonables, pagar lo que de verdad cuesta una mercancía o servicio, no quiero contribuir a alimentar el estómago de piratas ávaros, quiero estar con gente sencilla, hechas de humildad y de trabajo. Porque hay una cosa llamada calidad de vida, y la palabra calidad es algo tan a tener un cuenta que no podemos dejar de aplicarla en algo que se pasa una sola vez y de forma tan deprisa. Por eso me gustaría poder decir: “Mileurista, sí, pero feliz”.
Es como un Gran Hermano pero en el que nadie se orina en las duchas. Aquí el que orina tiene que pagar, aunque los servicios se encuentren en lugares públicos como estaciones de autobuses o metro.
Todo se vende y se compra, Londres es la ciudad del consumismo y del despilfarro. La vida aquí de un mileurista puede hacerse pésima en tanto en cuanto solo le daría lo justo para vivir, comprando en los supermercados más baratos, si a esto se le puede llamar barato.
El precio del transporte público no se traduce en comodidad en los trayectos, las huelgas son numerosas y el funcionamiento durante el fin de semana deja mucho que desear, con cortes de líneas incluidos debido a las obras acometidas. Aun así la inmensa red conforma una enorme ciudad que late al mismo ritmo que la ciudad descubierta.
Londres te invita a gastar: Jugar un partido de fútbol se hace casi prohibitivo (6 libras) , cortarse el pelo es sinónimo de hipotecar la casa (16,5 libras), vivir en una residencia de mala muerte en el centro es mucho más que hacerlo en un barrio acomodado de Madrid (120 libras a la semana, 480 al mes)…
Los anuncios publicitarios, las tiendas llenas… te recuerdan que tienes que consumir, que no te quedes atrás. Aquí hasta el último tonto tiene un Ipod, siendo el móvil más visto en la calle y en el metro.Los e-books y los i-pad han ganado la partida a los libros… Todo está a la moda y te sientes como un mindundi cuando sacas tu Nokia modelo Atapuerca del bolsillo.
Todo está lleno, pareces que la misma corriente de personas te arrastra donde quieras que vayas. Andas en línea recta y un sinfín de personas se te cruzan en tu camino sin importarles un carajo el tropezar contigo o no. Es una ciudad impersonal, digo, porque a nadie le importas tú, eres uno más… Es una ciudad donde es fácil sentirte solo, donde la mayoría de las veces no entiendes las conversaciones a tu alrededor o el silencio en cualquier vagón es tal que te sientes dentro de un trailer de Zara lleno de maniquíes.
Solo importa tu dinero, lo que puedas llegar a consumir. Ya ni siquiera te permiten el honor de poder saludar a aquella cajera del supermercado que tan amablemente introducía la compra en las bolsas. Unas máquinas han sustituido a las personas haciendo tú todo el trabajo de coger, pasar y pagar, sin que ni siquiera esto haya permitido bajar el precio de los productos. Eres un productos más dentro del supermercado, en tu espalda llevas un número, que es el dinero que vas a dejar allí: Llegas, coges, pasas, pagas y te vas; sin decir buenas tardes ni adiós muy buenas, un cliente más, un número más …
Dicen que esta es la ciudad de las oportunidades, pero aquí el que quiera una vida mejor tiene que pagar un precio, y vaya precio… En lo que a mí me respecta, estoy contento por poder vivir esta experiencia en la que he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente, alguna infame, la mayoría encantadora, de la que me llevaré un gran recuerdo. He podido conocer muchos lugares interesantes dentro de esta gran ciudad que, aunque sea fría en espíritu, no deja de ser majestuosa. Grandes museos, impresionantes plazas y monumentos, iglesias, catedrales… Es la ciudad perfecta para vivir unos meses, los suficientes para no endurecerte demasiado, para adquirir la habilidad de ver la vida con ese ojo crítico, esa frialdad que puede ayudarte a vivir en momentos de soledad o apatía. Londres es una gran escuela .Aquí se puede llegar a algo, las oportunidades creo que son inmensas, y algunos meses pueden llegar a ser un buen chute de taurina para el resto de la vida.
Pero permítanme decirle que no cambio una riqueza en Londres por el mileurismo en España, a poder ser en Andalucía, cerca de mi gente, de gente cercana, de marujas que hablan en el bus y te cuentan su vida cuando vas a comprar el pan. Cerca de algo tan natural como una playa y lejos de esos parques artificiales llenos de turistas. Quiero poder pagar precios razonables, pagar lo que de verdad cuesta una mercancía o servicio, no quiero contribuir a alimentar el estómago de piratas ávaros, quiero estar con gente sencilla, hechas de humildad y de trabajo. Porque hay una cosa llamada calidad de vida, y la palabra calidad es algo tan a tener un cuenta que no podemos dejar de aplicarla en algo que se pasa una sola vez y de forma tan deprisa. Por eso me gustaría poder decir: “Mileurista, sí, pero feliz”.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Otro fiasco...
Otro fiasco deportivo para España desde que estoy aquí, y es que hoy hemos recibido una guantada (como Mourinho el Lunes) y nos hemos quedado sin poder albergar el mundial del 2018, al que optábamos junto a Portugal entre las candidaturas de Rusia, Inglaterra y Holanda-Bélgica.
De los creadores de “Alonso se queda sin mundial”,”Nadal pierde la final ante Federer” y “España es goleada por Portugal”, llega “Nos quedamos sin mundial”… Una superproducción en tono con la tónica reinante estos últimos meses en la que España se come un mojón, deportivamente hablando, siendo Jorge Lorenzo el único que salva la papeleta.

Foto: La pertiguista Eva Selina apoyando la candidatura Rusia. Podemos apreciar que los miembros del comité de la FIFA no son tonto y además de Inglés saben latín.
Lo cierto es que no pude celebrar nada , uno no puede llegar a la oficina y picar al compañero inglés que se come deportivamente lo que se come Mahoma… Y es que si Alonso estuvo apunto de ganar el mundial de Formula 1 se quedó a las puertas de hacerlo, “first” fiasco. Nadal se clasificó para la final del ATP Master series de Londres pero perdió la final contra Federer, “second“ fiasco. La selección española recibió una humillante derrota ante Portugal por 4-0, “third” fiasco. Y ahora lo de la candidatura ibérica…

Foto: El muñeco de cera de Iker Casillas no quiso faltar a la cita y allí lo pusieron, para dar suerte a la candidatura ibérica.
Inglaterra, como he dicho, también se presentaba candidata, porque por lo visto esta gente no tienen suficiente con albergar los juegos olímpicos de Londres en 2012. Días atrás la prensa ha estado pendiente de la decisión de la FIFA, hablando incluso sobre una supuesta compra de votos. Hoy mismo, no han parado de hablar de la ceremonia en la que se decidía el país y conectaban muy a menudo con Zurich, recordando una y otra vez las bondades y las maravillas de su candidatura.
Pero esta vez no estaba Alberto de Mónaco para echar por tierra una candidatura como lo hizo con Madrid 2012 sacando el tema bastante espinoso de las bombas del 11M. Así que los ingleses, como españoles y portugueses, se han tenido que marchar de allí con el rabo entre las piernas, comprobando que el dinero y el petróleo también compran organizaciones como la de Qatar 2022, que ha sido junto a Rusia 2018 las triunfadoras del día.
Pues nada, habrá que faldar a otra parte, los éxitos llegaran cuando esté ya en España, pero ya no tendrá tanta gracia, porque no podré sacar pecho ni picar a nadie. Aun así me queda el consuelo de que mis colegas ingleses tampoco tienen nada en donde pueda darse el vacile deportivamente hablando.

Foto: Los representantes de la candidatura inglesa. De izquierda a derecha: El principe William, que se nos casa. El primer ministro británico David Cameron y el modelo que en ocasiones juega al fútbol David Beckham.
Mientras esperan la decisíón de la FIFA, Cameron bromea con William sobre el tamaño de las orejas de su padre, mientras Beckham se rie y el propio William le sigue el juego pensando en sus adentros: "Ríete maricona, verás cuando llegue a Rey".
De los creadores de “Alonso se queda sin mundial”,”Nadal pierde la final ante Federer” y “España es goleada por Portugal”, llega “Nos quedamos sin mundial”… Una superproducción en tono con la tónica reinante estos últimos meses en la que España se come un mojón, deportivamente hablando, siendo Jorge Lorenzo el único que salva la papeleta.

Foto: La pertiguista Eva Selina apoyando la candidatura Rusia. Podemos apreciar que los miembros del comité de la FIFA no son tonto y además de Inglés saben latín.
Lo cierto es que no pude celebrar nada , uno no puede llegar a la oficina y picar al compañero inglés que se come deportivamente lo que se come Mahoma… Y es que si Alonso estuvo apunto de ganar el mundial de Formula 1 se quedó a las puertas de hacerlo, “first” fiasco. Nadal se clasificó para la final del ATP Master series de Londres pero perdió la final contra Federer, “second“ fiasco. La selección española recibió una humillante derrota ante Portugal por 4-0, “third” fiasco. Y ahora lo de la candidatura ibérica…

Foto: El muñeco de cera de Iker Casillas no quiso faltar a la cita y allí lo pusieron, para dar suerte a la candidatura ibérica.
Inglaterra, como he dicho, también se presentaba candidata, porque por lo visto esta gente no tienen suficiente con albergar los juegos olímpicos de Londres en 2012. Días atrás la prensa ha estado pendiente de la decisión de la FIFA, hablando incluso sobre una supuesta compra de votos. Hoy mismo, no han parado de hablar de la ceremonia en la que se decidía el país y conectaban muy a menudo con Zurich, recordando una y otra vez las bondades y las maravillas de su candidatura.
Pero esta vez no estaba Alberto de Mónaco para echar por tierra una candidatura como lo hizo con Madrid 2012 sacando el tema bastante espinoso de las bombas del 11M. Así que los ingleses, como españoles y portugueses, se han tenido que marchar de allí con el rabo entre las piernas, comprobando que el dinero y el petróleo también compran organizaciones como la de Qatar 2022, que ha sido junto a Rusia 2018 las triunfadoras del día.
Pues nada, habrá que faldar a otra parte, los éxitos llegaran cuando esté ya en España, pero ya no tendrá tanta gracia, porque no podré sacar pecho ni picar a nadie. Aun así me queda el consuelo de que mis colegas ingleses tampoco tienen nada en donde pueda darse el vacile deportivamente hablando.

Foto: Los representantes de la candidatura inglesa. De izquierda a derecha: El principe William, que se nos casa. El primer ministro británico David Cameron y el modelo que en ocasiones juega al fútbol David Beckham.
Mientras esperan la decisíón de la FIFA, Cameron bromea con William sobre el tamaño de las orejas de su padre, mientras Beckham se rie y el propio William le sigue el juego pensando en sus adentros: "Ríete maricona, verás cuando llegue a Rey".
martes, 30 de noviembre de 2010
¿Blanca? Navidad
Las navidades se acercan, y este año vienen más blancas que nunca. Blanca por la nieve que ha caido hoy, unos copos que no han cuajado en el centro de Londres, pero que han tapizado de blanco el suelo, los coches, casas y árboles de los barrios periféricos, Greenwich entre ellos.
El otro blanco, el blanco del fútbol, estuvo ausente ayer. Por el cesped del Camp Nou pasó desapercibido un Madrid que se vió desbordado por la máquina blaugrana, compuesta de esos locos bajitos que tocan la pelota como los ángeles.
Ni el Chelsea-Arsenal, ni el Liverpool-Everton ni ningún otro clásico levanta tantas pasiones como el español, seguido en Inglaterra no solo por españoles, sino también por nativos y gente de todo el mundo, que disfrutaron de un espectáculo, del fútbol en su máxima expresión, maravillando al mundo con toque, eficacia, humildad…Y así hasta un sinfín de virtudes que se convirtieron en cinco goles, una manita que dice adiós a la soberbia y prepotencia de Mourinho, y saluda al mundo del fútbol que hoy más que nunca respeta el fútbol y la filosofía que se ha forjado en Barcelona de la mano de Pep, hombre de la casa, y de un equipo conformados por campeones del mundo, del talento de Messi…
Es motivo de orgullo el llegar a la oficina y que todos los compañeros amantes del fútbol te comenten lo visto ayer, con expresiones de alabanza, afirmando que nunca habían visto tanta superioridad en un clásico ni a un equipo jugando de esa manera desde el Brasil del 70. Esto me lo comentan mientras fuera nieva, cubriendo todo de blanco, en contraste con lo visto ayer, cuando las portadas y el mundo del fútbol de todo el planeta se tiñeron de blaugrana. CINCO-mentarios.

Foto: Sergio Ramos no pudo estar CINCO-ntenerse y le asestó una dura patada a Messi además de propinarle sendos MOU-notazos a sus compañeros de selección Puyol y Xavi.
El otro blanco, el blanco del fútbol, estuvo ausente ayer. Por el cesped del Camp Nou pasó desapercibido un Madrid que se vió desbordado por la máquina blaugrana, compuesta de esos locos bajitos que tocan la pelota como los ángeles.
Ni el Chelsea-Arsenal, ni el Liverpool-Everton ni ningún otro clásico levanta tantas pasiones como el español, seguido en Inglaterra no solo por españoles, sino también por nativos y gente de todo el mundo, que disfrutaron de un espectáculo, del fútbol en su máxima expresión, maravillando al mundo con toque, eficacia, humildad…Y así hasta un sinfín de virtudes que se convirtieron en cinco goles, una manita que dice adiós a la soberbia y prepotencia de Mourinho, y saluda al mundo del fútbol que hoy más que nunca respeta el fútbol y la filosofía que se ha forjado en Barcelona de la mano de Pep, hombre de la casa, y de un equipo conformados por campeones del mundo, del talento de Messi…
Es motivo de orgullo el llegar a la oficina y que todos los compañeros amantes del fútbol te comenten lo visto ayer, con expresiones de alabanza, afirmando que nunca habían visto tanta superioridad en un clásico ni a un equipo jugando de esa manera desde el Brasil del 70. Esto me lo comentan mientras fuera nieva, cubriendo todo de blanco, en contraste con lo visto ayer, cuando las portadas y el mundo del fútbol de todo el planeta se tiñeron de blaugrana. CINCO-mentarios.

Foto: Sergio Ramos no pudo estar CINCO-ntenerse y le asestó una dura patada a Messi además de propinarle sendos MOU-notazos a sus compañeros de selección Puyol y Xavi.
domingo, 28 de noviembre de 2010
El frío-Tour
Ha venido el frío con fuerza, y lo ha hecho a lo grande, con dos huevos( o con dos cubitos de hielo mejor), con unas bajadas a temperaturas glaciales. Una monería, vamos…
El venir de climas templados es lo que tiene, que cuesta acostumbrarse a este frío propio de climas nórdicos, aunque no sé por qué le llaman nórdico, si los nórdicos abrigan un huevo y eso es lo que hecho de menos.
Cuando llego a mi casa, meto los calcetines en el frigorífico para que estén más calentitos cuando me los ponga.
Anunciaron nieve para este fin de semana, de hecho han cubierto algunas estaciones y carreteras de sal. Incluso el sábado, pasando por una estación de metro, ví un grupo de gente tirada en el suelo. Al acercarme me dí cuenta de que hablaban entre ellos en español, con acento andaluz. Les pregunté qué hacían ahí y me dijeron: Nada, nos han puesto aquí los operarios porque se les han acabado la sal y nosotros somos "mu salaos" mi arma...

La cuestión es que el frío me permitió asistí el Sábado al mismo free Tour (debería llamarlo frío-tour)que hice hace dos años, para saber un poco más y recordar cositas del frío Londres que se te pasan por alto cuando te das una simple vuelta. El tour no lo hizo un pingüino y lo de free (gratis) es un decir, ya que desde el principio te advierten de que se “aceptan” propinas, porque nadie les paga ni subvenciona y con esas propinas vivían. Al final del tour de dos horas y media lo vuelven a recordar, el chaval dice con cara de pena que era la hora de que valoremos su trabajo y dependiendo de lo que merezca le demos más o menos. Fui el primero en darle la propina y en decirle: “Mira, yo valoro tu trabajo, y te lo agradezco, pero te voy a dar esto porque está la cosa muy chunga”. Para los malpensados le dí más de una libra, incluso más de dos, pero menos de cuatro… No voy a dar más pistas leñe…
Cualquier tour es una ventana abierta a la curiosidad, es la esencia del marujeo convertida en cultura donde, en vez de permanecer ansiosos por saber cómo se tiñe el chichi Belén Esteban, acudimos hambrientos de anécdotas de la historia, entresijos de calles, personajes y épocas que te hacen ver la ciudad desde una perspectiva diferente.
A ver cómo iba a saber si no que los pelícanos de Sant Jame´s Park comen, además del lógico menú de peces del lago, palomas. Sí, comen palomas, sin masticarlas siquiera, todo para dentro, como Lucía Lapiedra. Con esta actitud que no les extrañe a nadie que puedan llegar a comerse a personas pequeñitas… Ya sabemos por qué no se ha vuelto a ver al señor Galindo…
Siempre intento descubrir nuevos sitios al lado de algún guía, esa persona que te cuenta la historia de la historia. Un amigo de solo dos horas que sabe, que conoce, y te ameniza el paseo y la mañana. Sólo así se consigue pasar por un sitio sabiendo el por qué, el cómo, el cuándo… Es un paso más allá al de leer un libro, es descubrir el lugar en su esencia, fotografiar algo que de verdad sabes qué es, sin caer en la tentación barata de echar fotos a todo lo que se mueva, llámase Big Ben o Tower Bridge; sin conocer, o lo que es peor, sin importarles un carajo, lo que son.
Después del tour me dí una vuelta por el mercado navideño que han puesto en Hyde Park, pero como de tanto leer te estás quedando frío mejor lo cuento en un post especial de navidad.

En la foto: El 104 de la Calle Pall Mall (la calle favorita de los fumadores y famosa por sus prestigiosos clubs de caballeros). En este número es en el que se basó Julio Verne para dar comienzo a su novela "La vuelta al mundo en 80 días" y esos escalones que veis son los mismos que bajó el señor Fog mientras pudo haber pensado, arrepentido: "Ostias...¿Qué coño he hecho? Yo no podría haber apostado al fútbol como todo el mundo, no..."
El venir de climas templados es lo que tiene, que cuesta acostumbrarse a este frío propio de climas nórdicos, aunque no sé por qué le llaman nórdico, si los nórdicos abrigan un huevo y eso es lo que hecho de menos.
Cuando llego a mi casa, meto los calcetines en el frigorífico para que estén más calentitos cuando me los ponga.
Anunciaron nieve para este fin de semana, de hecho han cubierto algunas estaciones y carreteras de sal. Incluso el sábado, pasando por una estación de metro, ví un grupo de gente tirada en el suelo. Al acercarme me dí cuenta de que hablaban entre ellos en español, con acento andaluz. Les pregunté qué hacían ahí y me dijeron: Nada, nos han puesto aquí los operarios porque se les han acabado la sal y nosotros somos "mu salaos" mi arma...
La cuestión es que el frío me permitió asistí el Sábado al mismo free Tour (debería llamarlo frío-tour)que hice hace dos años, para saber un poco más y recordar cositas del frío Londres que se te pasan por alto cuando te das una simple vuelta. El tour no lo hizo un pingüino y lo de free (gratis) es un decir, ya que desde el principio te advierten de que se “aceptan” propinas, porque nadie les paga ni subvenciona y con esas propinas vivían. Al final del tour de dos horas y media lo vuelven a recordar, el chaval dice con cara de pena que era la hora de que valoremos su trabajo y dependiendo de lo que merezca le demos más o menos. Fui el primero en darle la propina y en decirle: “Mira, yo valoro tu trabajo, y te lo agradezco, pero te voy a dar esto porque está la cosa muy chunga”. Para los malpensados le dí más de una libra, incluso más de dos, pero menos de cuatro… No voy a dar más pistas leñe…
Cualquier tour es una ventana abierta a la curiosidad, es la esencia del marujeo convertida en cultura donde, en vez de permanecer ansiosos por saber cómo se tiñe el chichi Belén Esteban, acudimos hambrientos de anécdotas de la historia, entresijos de calles, personajes y épocas que te hacen ver la ciudad desde una perspectiva diferente.
A ver cómo iba a saber si no que los pelícanos de Sant Jame´s Park comen, además del lógico menú de peces del lago, palomas. Sí, comen palomas, sin masticarlas siquiera, todo para dentro, como Lucía Lapiedra. Con esta actitud que no les extrañe a nadie que puedan llegar a comerse a personas pequeñitas… Ya sabemos por qué no se ha vuelto a ver al señor Galindo…
Siempre intento descubrir nuevos sitios al lado de algún guía, esa persona que te cuenta la historia de la historia. Un amigo de solo dos horas que sabe, que conoce, y te ameniza el paseo y la mañana. Sólo así se consigue pasar por un sitio sabiendo el por qué, el cómo, el cuándo… Es un paso más allá al de leer un libro, es descubrir el lugar en su esencia, fotografiar algo que de verdad sabes qué es, sin caer en la tentación barata de echar fotos a todo lo que se mueva, llámase Big Ben o Tower Bridge; sin conocer, o lo que es peor, sin importarles un carajo, lo que son.
Después del tour me dí una vuelta por el mercado navideño que han puesto en Hyde Park, pero como de tanto leer te estás quedando frío mejor lo cuento en un post especial de navidad.
En la foto: El 104 de la Calle Pall Mall (la calle favorita de los fumadores y famosa por sus prestigiosos clubs de caballeros). En este número es en el que se basó Julio Verne para dar comienzo a su novela "La vuelta al mundo en 80 días" y esos escalones que veis son los mismos que bajó el señor Fog mientras pudo haber pensado, arrepentido: "Ostias...¿Qué coño he hecho? Yo no podría haber apostado al fútbol como todo el mundo, no..."
viernes, 26 de noviembre de 2010
Se lió parda
Otra vez se lió la de San Quintín en Londres, y otra vez Phillip of Spain querrá hacer otro Escorial, con manifestación de hordas de estudiantes sedientos de reivindicarse. Andan enfadados, no porque les haya subido el precio de la botella de Ron, motivo de protesta en España, sino porque Cameron les quieren subir las tasas de matriculación universitarias. Como ven en todos los sitios cuecen habas y hasta la gran potencia británica tiene que hacer una serie de recortes y esfuerzos para capear la crisis, aunque esta sea menos, debido a que estos saben hacer mejor las cosas que los europeos del sur.
La cuestión es que allí estaban los estudiantes, repartiendo leña, con una gran concentración por Westminster. No se recordaba tantos jóvenes juntos desde los macrobotellones organizados por alumnos de universidades españolas. Que a algunos les viene al pairo que suba los precios, los tipos de interés o la madre que los parió, que allí estarán ellos con su botella cada fin de semana, despues de haber cumplido su parte durante la ídem encerrándose en bibliotecas y salas de estudio.
Estos hooligans estudiantiles estaban deseando meter baza, y haciendo más ruido que los que fueron a manifestarse pacíficamente, consiguieron hacerse eco en la prensa nacional e internacional, dando caña a la poli, zasca zasca.
El gran protagonista, una furgoneta de la police, que fue abandonada a su suerte en medio de esos bárbaros, que dieron cuenta del “van” (que así llaman a las furgonetas) en lo que canta un pavo (ya que estamos a las puertas de la navidad). Por eso a este tipo de actos se les llama Van-dalismo, porque todo empieza por cargarse una furgoneta de la poli.
Se conoció más tarde que el jugador holandés del Arsenal “Van” Persie se refugió en la embajada de su pais a pedir asilo político al enterarse de que los jóvenes estaban destrozando todos los “van” que encontraban. También hizo lo propio Jean Claude “Van” Damme que se encontraba por aquí de visita. El pánico corrió como una mecha por Londres y pronto todas las “Van”esas, los “Van”idosos (que existen unos cuantos por aquí) y hasta los catetos que tenían cuentas en los “Ban”cos retiraron el dinero porque creían que Banco se escribía con V.
Uno de los representantes estudiantiles más radicales, Mikel Edenporculo, comentó lo siguiente a los medios: “Vamos a hacernos escuchar, que le den por c… a la poli y al gobierno, ¡viva la revolución!. Por cierto, saludo a mi madre y mi tía que seguro que me estarán viendo”.
Otro estudiante de origen italianao, Federico-Herencia, pidió coherencia a los jóvenes y reclamó que ejerzan el derecho a manifestarse de forma pacífica.
Y de nuevo vuelta a los radicales, la china de origen hispano Lalio Parda, comentó: “Para atacar a la policía he mezclado ácido de cobre con solfato de calcio, no con fosfato cal… no sé lo que era…Y ha salido gente muy afectada. Vamos que la he liao parda”.

En la foto podemos ver a un estudiante en una actuación ante la prensa en la que hizo gala de su gran talento musical representado la obra maestra “Evita. Evita pagar las tasas”. Con la inolvidable canción “No llores por mí madresita, pero así va a estudiar un romano”.Y es que cuando se trata de protestar, los ingleses tienen mucho arte en las venas.
La cuestión es que allí estaban los estudiantes, repartiendo leña, con una gran concentración por Westminster. No se recordaba tantos jóvenes juntos desde los macrobotellones organizados por alumnos de universidades españolas. Que a algunos les viene al pairo que suba los precios, los tipos de interés o la madre que los parió, que allí estarán ellos con su botella cada fin de semana, despues de haber cumplido su parte durante la ídem encerrándose en bibliotecas y salas de estudio.
Estos hooligans estudiantiles estaban deseando meter baza, y haciendo más ruido que los que fueron a manifestarse pacíficamente, consiguieron hacerse eco en la prensa nacional e internacional, dando caña a la poli, zasca zasca.
El gran protagonista, una furgoneta de la police, que fue abandonada a su suerte en medio de esos bárbaros, que dieron cuenta del “van” (que así llaman a las furgonetas) en lo que canta un pavo (ya que estamos a las puertas de la navidad). Por eso a este tipo de actos se les llama Van-dalismo, porque todo empieza por cargarse una furgoneta de la poli.
Se conoció más tarde que el jugador holandés del Arsenal “Van” Persie se refugió en la embajada de su pais a pedir asilo político al enterarse de que los jóvenes estaban destrozando todos los “van” que encontraban. También hizo lo propio Jean Claude “Van” Damme que se encontraba por aquí de visita. El pánico corrió como una mecha por Londres y pronto todas las “Van”esas, los “Van”idosos (que existen unos cuantos por aquí) y hasta los catetos que tenían cuentas en los “Ban”cos retiraron el dinero porque creían que Banco se escribía con V.
Uno de los representantes estudiantiles más radicales, Mikel Edenporculo, comentó lo siguiente a los medios: “Vamos a hacernos escuchar, que le den por c… a la poli y al gobierno, ¡viva la revolución!. Por cierto, saludo a mi madre y mi tía que seguro que me estarán viendo”.
Otro estudiante de origen italianao, Federico-Herencia, pidió coherencia a los jóvenes y reclamó que ejerzan el derecho a manifestarse de forma pacífica.
Y de nuevo vuelta a los radicales, la china de origen hispano Lalio Parda, comentó: “Para atacar a la policía he mezclado ácido de cobre con solfato de calcio, no con fosfato cal… no sé lo que era…Y ha salido gente muy afectada. Vamos que la he liao parda”.

En la foto podemos ver a un estudiante en una actuación ante la prensa en la que hizo gala de su gran talento musical representado la obra maestra “Evita. Evita pagar las tasas”. Con la inolvidable canción “No llores por mí madresita, pero así va a estudiar un romano”.Y es que cuando se trata de protestar, los ingleses tienen mucho arte en las venas.
domingo, 21 de noviembre de 2010
This is Cadiz
Pocos son los días en los que no me acuerde de Cádiz. Dejé mi ciudad un día de verano, en Septiembre, y en mi memoria se ha quedado la imagen de esa tacita soleada, calurosa y peleada con el levante.
Parece como si el tiempo se haya parado en esa ciudad y sigue tal como la dejé; y no existe en ella ni el invierno, ni el frío ni la lluvia; teniendo la idea de que cuando llegue podré volver a darme un baño en sus playas.
Todos este tsunami de recuerdos me viene día sí y día también, máxime cuando esta ciudad, Londres, se empeña en recordarme aquel rinconcito español donde se vive como en un sueño y un sueño es el encontrar trabajo.
Verbigracia, me gustaría decir que trabajo cerca de mi ciudad, y no voy muy mal encaminado cuando lo afirmo. No estoy ni en San Fernando, Puerto Real ni ningún municipio de la Bahía, y aunque en la oficina se hable inglés no estoy en ninguna empresa de Gibraltar, además no hay monos ni piratas.
Estoy a unos cuantos kilómetros más al norte, donde el planeta Tierra empieza a contar las horas, donde el Oeste se confunde con el Este. Estoy, en definitiva, en Greenwich, acariciando el meridiano. “¿Greenwich? Eso está en el quinto carajo de Cádiz.” Lo sé, pero desde el primer día sé que en la escuela de negocios donde trabajo hay una sala que se llama “Cadiz”; sin tilde, que ellos no la usan, aunque Cádiz se llame así aquí y en la Cochinchina.
El nombre de las salas corresponde a personajes o lugares importantes en la historia marítima inglesa y Cádiz, importante durante Trafalgar y como ciudad anhelada por piratas ingleses durante siglos antes, no podía faltar.
Fue curiosa la circunstancia, el que el destino me haya concedido un deseo, el de trabajar cerca de Cádiz. “¿No querías Cádiz? Pues ahí la tienes, picha”.
Se trata de una sala normal, no huele a sal ni hay marujas llevando bolsas de pescado comprado en la plaza. Las vistas no son ni a la alameda ni al campo del sur, que más quisieran ellos, pero sí a un bonito pueblo que el crecimiento de Londres se ha encargado de absorber y hacerlo parte de la gran ciudad.

De entre los anuncios del metro de Londres se puede encontrar de todo. Anunciando bancos, periódicos, maquinillas de afeitar, teatros, películas… Pero el mejor anuncio, al menos para mí y si entendemos calidad como capacidad de despertar sentimientos en el receptor, es un anuncio sobre un destino turístico. Concretamente es un anuncio sobre Andalucía “loves you” en el que presentan al público británico la posibilidad de pasar unas lovely vacaciones en la comunidad, acompañado de Manuel Chaves, si hace falta, vestido con su traje de flamenca y haciendo de guía turístico por los mejores chiringuitos y urbanizaciones de la Costa del Sol .
Solo hay dos tipos de fotos en ese anuncio repartidos por algunas de las estaciones del metro de Londres: Hay una en la que sale una muchacha, muy mona por cierto, paseando con una sonrisa de anuncio de compresa por un patio típico andaluz.
En otra foto, la que más me ha gustado, aparece una pareja paseando por la playa de Santa María, cogida de la mano, y disfrutando de una caída de sol mientras al fondo, el Campo del sur custodiado por la Catedral, recorta el mar en una línea labrada de piedra ostionera. Les hablo, como no, de Cádiz.
Véase aquí la mencionada foto:

Está mal que lo diga, y aún a riesgo de caer en la reiteración y en el alarde, estos detalles son los que te hacen un poco más orgulloso de pertenecer a un rincón donde la historia y la belleza han sellado tal pacto de amistad que ni el paro, las pocas esperanzas de las que gozamos la juventud de allí, ni la gente que ensucia y mancha el nombre de la ciudad, ni los años, ni la pujanza de otras ciudades, han podido separar.
Por eso, cuando veo Cádiz en una escuela de Greenwich que queda tan lejos de donde vengo, o aparece la foto en un anuncio en el metro que ve millones de personas al día, solo puedo decir una cosa en mi inglés caletero: “This is cadiz and here it is necessary to suck”. Que traducido resulta “Esto es Cádiz y aquí hay que mamar” o como diría aquel “`Después de Cádiz, ni hablar…”.
Parece como si el tiempo se haya parado en esa ciudad y sigue tal como la dejé; y no existe en ella ni el invierno, ni el frío ni la lluvia; teniendo la idea de que cuando llegue podré volver a darme un baño en sus playas.
Todos este tsunami de recuerdos me viene día sí y día también, máxime cuando esta ciudad, Londres, se empeña en recordarme aquel rinconcito español donde se vive como en un sueño y un sueño es el encontrar trabajo.
Verbigracia, me gustaría decir que trabajo cerca de mi ciudad, y no voy muy mal encaminado cuando lo afirmo. No estoy ni en San Fernando, Puerto Real ni ningún municipio de la Bahía, y aunque en la oficina se hable inglés no estoy en ninguna empresa de Gibraltar, además no hay monos ni piratas.
Estoy a unos cuantos kilómetros más al norte, donde el planeta Tierra empieza a contar las horas, donde el Oeste se confunde con el Este. Estoy, en definitiva, en Greenwich, acariciando el meridiano. “¿Greenwich? Eso está en el quinto carajo de Cádiz.” Lo sé, pero desde el primer día sé que en la escuela de negocios donde trabajo hay una sala que se llama “Cadiz”; sin tilde, que ellos no la usan, aunque Cádiz se llame así aquí y en la Cochinchina.
El nombre de las salas corresponde a personajes o lugares importantes en la historia marítima inglesa y Cádiz, importante durante Trafalgar y como ciudad anhelada por piratas ingleses durante siglos antes, no podía faltar.
Fue curiosa la circunstancia, el que el destino me haya concedido un deseo, el de trabajar cerca de Cádiz. “¿No querías Cádiz? Pues ahí la tienes, picha”.
Se trata de una sala normal, no huele a sal ni hay marujas llevando bolsas de pescado comprado en la plaza. Las vistas no son ni a la alameda ni al campo del sur, que más quisieran ellos, pero sí a un bonito pueblo que el crecimiento de Londres se ha encargado de absorber y hacerlo parte de la gran ciudad.
De entre los anuncios del metro de Londres se puede encontrar de todo. Anunciando bancos, periódicos, maquinillas de afeitar, teatros, películas… Pero el mejor anuncio, al menos para mí y si entendemos calidad como capacidad de despertar sentimientos en el receptor, es un anuncio sobre un destino turístico. Concretamente es un anuncio sobre Andalucía “loves you” en el que presentan al público británico la posibilidad de pasar unas lovely vacaciones en la comunidad, acompañado de Manuel Chaves, si hace falta, vestido con su traje de flamenca y haciendo de guía turístico por los mejores chiringuitos y urbanizaciones de la Costa del Sol .
Solo hay dos tipos de fotos en ese anuncio repartidos por algunas de las estaciones del metro de Londres: Hay una en la que sale una muchacha, muy mona por cierto, paseando con una sonrisa de anuncio de compresa por un patio típico andaluz.
En otra foto, la que más me ha gustado, aparece una pareja paseando por la playa de Santa María, cogida de la mano, y disfrutando de una caída de sol mientras al fondo, el Campo del sur custodiado por la Catedral, recorta el mar en una línea labrada de piedra ostionera. Les hablo, como no, de Cádiz.
Véase aquí la mencionada foto:
Está mal que lo diga, y aún a riesgo de caer en la reiteración y en el alarde, estos detalles son los que te hacen un poco más orgulloso de pertenecer a un rincón donde la historia y la belleza han sellado tal pacto de amistad que ni el paro, las pocas esperanzas de las que gozamos la juventud de allí, ni la gente que ensucia y mancha el nombre de la ciudad, ni los años, ni la pujanza de otras ciudades, han podido separar.
Por eso, cuando veo Cádiz en una escuela de Greenwich que queda tan lejos de donde vengo, o aparece la foto en un anuncio en el metro que ve millones de personas al día, solo puedo decir una cosa en mi inglés caletero: “This is cadiz and here it is necessary to suck”. Que traducido resulta “Esto es Cádiz y aquí hay que mamar” o como diría aquel “`Después de Cádiz, ni hablar…”.
martes, 16 de noviembre de 2010
El laundry en Londres
No pensaba ir hoy, pero un pequeño incidente en la cocina de la oficina, en la que una taza de café le dió por ponerse gallita y resbalar de mis manos, ha provocado mi visita anticipada al "laundry" que son las lavanderias públicas que puedes encontrar por aquí.
Eso me pasa por ser tan bueno:Mi compi de oficina, el que tengo en el escritorio de al lado, me pidió que le hiciera un café, como viene siendo costumbre estos dias. Ojo, no lo hago por placer, ni por obligación, es cortesía. El hombre es ya un poco mayor, usa muleta y ha estado hospitalizado dias atrás, así que con mucho gusto le ahorro al querido colega el subir y bajar escaleras. Además me halaga diciendo que hago el mejor café de la oficina, y uno se deja comer la oreja y raudo y veloz va a la "kitchen".
Y no sé si porque el vaso tenía prisa en irse, porque estaba mojado, o una de las chicas monas de la oficina me distrajo...La cuestión es que el vaso escapó de mis manos antes de entrar en el microondas, se volcó y dió con una cuarta parte de su contenido en mis pantalones (los del traje de chaqueta). Mi primer reflejo: "Fuck!" y cagarme en la puta...
Así que en esas me ví, con la mancha secándose, pasando desapercibida pero pidiendo a gritos un baño en la lavadora.
No hay lavadoras en la residencia, así que me las apaño para hacer la colada en una lavandería pública que como he dicho llaman "laundry". En el que parecía que hoy era el día especial del vagabundo, había rebaja para ellos por lo visto. Hasta la propia encargada, colombiana, me lo dijo: Hoy es el día del homeless.
Había gente rara, entre las que me incluyo. También lavaba la ropa una señora. Deduje que era una señora por la vestimenta, y por la voz, porque si no hubiese pasado como el padre de Will Turner en "Piratas del Caribe". A esta acompañaba un simpático muchacho, con más greña que el sobaco de Melendi, pero tan amable que mantuvo una conversación de dos minutos conmigo para preguntarme de dónde era y cuánto tiempo estaba por aquí.
Pero la más freak,una señora...¿Por qué no decirlo? Más rara que ver a un chino con bigote. Era la típica vagabunda,parecida a la que salió en "solo en casa 2", la de las palomas, con el maculi culquin, o como coño se llame el chiquillo ese. Lo cierto es que la señora olía que echaba para atrás,menos mal que el olor a jabón y suavizante que había en el ambiente suavizaba, nunca mejor dicho, un poco el panoraba. Y la verdad es que me cayó simpática. Se veía tan noble y cordial... Me cayó simpática hasta que me ofrecí a abrirle la puerta, porque sus vártulos impedian su movimiento y la dificultaban para salir a la calle.
Me levanto, "déjeme ayudarle", le dije. La mujer me miró seria, me dijo algo que me parecía arameo porque no entendí una mierda. Creo que dijo algo de que no necesitaba ayuda de nadie. En esas me quedé, con la cara de gilipollas que se te queda en esas situaciones, cuando amablemente ofreces tu ayuda y algún desagradecido lo rechaza de malas maneras. Me aparté un poco, por miedo a que me mordiese, pero lo bastante cerca para poder hablarle, y ahí estuve buscando las palabras en inglés adecuadas para mandarla a la mierda educadamente, pero no las encontré. Y se fue tan campante, tras haber alimentado su certeza de poder tratar así a la gente.
Por cierto, dicen que aprender inglés es muy importante, que el conocer el idioma te abre muchas puertas y el que lo sepa encuentra trabajo antes... Pues esta mujer hablaba inglés de puta madre.
Eso me pasa por ser tan bueno:Mi compi de oficina, el que tengo en el escritorio de al lado, me pidió que le hiciera un café, como viene siendo costumbre estos dias. Ojo, no lo hago por placer, ni por obligación, es cortesía. El hombre es ya un poco mayor, usa muleta y ha estado hospitalizado dias atrás, así que con mucho gusto le ahorro al querido colega el subir y bajar escaleras. Además me halaga diciendo que hago el mejor café de la oficina, y uno se deja comer la oreja y raudo y veloz va a la "kitchen".
Y no sé si porque el vaso tenía prisa en irse, porque estaba mojado, o una de las chicas monas de la oficina me distrajo...La cuestión es que el vaso escapó de mis manos antes de entrar en el microondas, se volcó y dió con una cuarta parte de su contenido en mis pantalones (los del traje de chaqueta). Mi primer reflejo: "Fuck!" y cagarme en la puta...
Así que en esas me ví, con la mancha secándose, pasando desapercibida pero pidiendo a gritos un baño en la lavadora.
No hay lavadoras en la residencia, así que me las apaño para hacer la colada en una lavandería pública que como he dicho llaman "laundry". En el que parecía que hoy era el día especial del vagabundo, había rebaja para ellos por lo visto. Hasta la propia encargada, colombiana, me lo dijo: Hoy es el día del homeless.
Había gente rara, entre las que me incluyo. También lavaba la ropa una señora. Deduje que era una señora por la vestimenta, y por la voz, porque si no hubiese pasado como el padre de Will Turner en "Piratas del Caribe". A esta acompañaba un simpático muchacho, con más greña que el sobaco de Melendi, pero tan amable que mantuvo una conversación de dos minutos conmigo para preguntarme de dónde era y cuánto tiempo estaba por aquí.
Pero la más freak,una señora...¿Por qué no decirlo? Más rara que ver a un chino con bigote. Era la típica vagabunda,parecida a la que salió en "solo en casa 2", la de las palomas, con el maculi culquin, o como coño se llame el chiquillo ese. Lo cierto es que la señora olía que echaba para atrás,menos mal que el olor a jabón y suavizante que había en el ambiente suavizaba, nunca mejor dicho, un poco el panoraba. Y la verdad es que me cayó simpática. Se veía tan noble y cordial... Me cayó simpática hasta que me ofrecí a abrirle la puerta, porque sus vártulos impedian su movimiento y la dificultaban para salir a la calle.
Me levanto, "déjeme ayudarle", le dije. La mujer me miró seria, me dijo algo que me parecía arameo porque no entendí una mierda. Creo que dijo algo de que no necesitaba ayuda de nadie. En esas me quedé, con la cara de gilipollas que se te queda en esas situaciones, cuando amablemente ofreces tu ayuda y algún desagradecido lo rechaza de malas maneras. Me aparté un poco, por miedo a que me mordiese, pero lo bastante cerca para poder hablarle, y ahí estuve buscando las palabras en inglés adecuadas para mandarla a la mierda educadamente, pero no las encontré. Y se fue tan campante, tras haber alimentado su certeza de poder tratar así a la gente.
Por cierto, dicen que aprender inglés es muy importante, que el conocer el idioma te abre muchas puertas y el que lo sepa encuentra trabajo antes... Pues esta mujer hablaba inglés de puta madre.
domingo, 14 de noviembre de 2010
La Gran Catedral
Siempre me han impresionado las catedrales, esas obras colosales que la mano del hombre se ha encargado de hacerlas infinitas, majestuosas e impecables, en su fondo y en su forma.
Siempre me llaman la atención sus bosques de columnas, sus frescos, su monumental silencio y el eco de tus propios pasos en las gruesas paredes.
No entiendo de arte, apenas puedo diferenciar entre un determinado tipo de columna u otro, pero las catedrales reflejan en mí lo que en su origen pretendieron los que la diseñaron, que me sienta diminuto, pequeño ante aquella obra de, según ellos, Dios.
Me pasó con la catedral de Sevilla, por ser la de mayor tamaño de entre las que he estado. Costaba imaginar como el hombre de aquella época pudo construir esa montaña de piedras con la tecnología de su tiempo, y darle tanta armonía y tanta belleza que ni las obras arquitectónicas actuales pudieron alcanzar.
Volví a verme envuelto por esa belleza ayer, en mi visita a la catedral de San Pablo, reconstruida después del incendio que azotó a la ciudad en 1666(curioso el año, ¿Verdad?). Aprovechando que los Sábados por la mañana la entrada es gratis no pude dejar pasar la oportunidad de volver a sentirme pequeño.
Empezando mi visita por la cripta contemplé las dos tumbas de los mayores héroes de Inglaterra, que por tal motivo gozan del privilegio de estar enterrados en la catedral de Londres: Nelson (héroe de Trafalgar) y el Duque de Wellington (Héroe en Waterloo y en la península Ibérica). Da la casualidad de que dos de los mayores héroes hayan derrotado a Napoleón, el hombre que tuvo acojonado a los ingleses, uno por mar y otro por tierra, respectivamente.
Volviendo al tema de la catedral, su cúpula es algo digno de ver al menos una vez en la vida, el dolor de cuello se hace patente cuando miras arriba para contemplar la lejanía de esa linterna que como un ojo acechando observa a los turistas dando vueltas por todo el inmenso pabellón que envuelve la cúpula.
Subí las escaleras que me llevaban a la propia cúpula desde la que pude observar la catedral desde las alturas, viendo el suelo lleno de turistas diminutos mirando hacia arriba la aún lejana linterna.
Y pasando la mirada abajo y arriba te preguntas como es posible construir esto, o pintar los frescos del techo sobre andamios de madera alcanzando una altura difícil de concebir. Me imaginé al pintor que llega a la catedral recién construida, al que le han hecho el encargo de pintar el techo: “Una cosa fácil, Manué” le dijeron. Se fue el pintor muy feliz de su casa, le dio un beso a su mujer, y buscó el sitio por el google map, que en esa época estaba hecho de pergaminos. Llegó al sitio y le dijeron “Pues aquí es”. Vió el pintor la nave central llena de andamios de madera, que se levantaban hasta la altura del techo. Empezó a subir por la mañana, y llegó a la hora del bocadillo, le jodía que se le cayera un pincel al suelo porque eso significaba que perdía un día de trabajo. Pero lo que más le hubiese fastidiado es cuando terminó su obra, mandó quitar el andamiaje, y desde el suelo, en la lejanía, se hubiera dado cuenta de que a un angelito le falta un dedo,"la mare que me parió" y vuelta a construir el andamio…
Después de observar las alturas desde dentro seguí subiendo para ver la ciudad de Londres desde fuera: El London Eye, el pepino de Norman Foster (me refiero al edificio que diseñó), el Támesis pasando por los pies del Tate Modern, el Puente de Londres... Es curioso el contraste entre lo antigüo y lo moderno, en el que los edificios que han visto pasar siglos comparten barrio con edificios modernos, acristalados y novatos. Todo Londres estaba a nuestros pies.
Los catedrales se construyeron para ser un vínculo entre la tierra y el cielo, entre Dios y el hombre, o al menos con ese intento se hicieron, y la verdad es que no se han quedado cortos. Pasear por cualquier catedral, esta por ejemplo, y escuchar el sonido del órgano retumbando hasta en el suelo impresiona hasta al más gallito y te dan ganas de plantar una tienda de campaña y pasar unos días en ese bosque de columnas.
Una vez fuera, al acabar nuestra visita, pude comprender más que nunca esa preocupación de Winston Churchill por la que la catedral no sufriera ningún tipo de daños durante los bombardeos alemanes, preguntando despúes de cada uno de ellos aquello de: "¿Sigue en Pie?".
jueves, 11 de noviembre de 2010
Remenbrance day

Hoy es el "Remembrance day" en los paises de la Commonwealth, y en especial en el Reino Unido, en el que se conmemora el final de la primera guerra mundial y se recuerda a las victimas de todos los enfrentamientos armados.
Como cada 11 de Noviembre,y desde que finalizó la primera guerra mundial, la nación se para a las 11 de la mañana durante dos minutos en un acto solenme, donde el silencio y el canto de una trompeta recuerdan a las victimas civiles y militares en tiempos de guerra.
A las once en punto, las escasas personas que trabajaban en la oficina, cinco en total, paramos el trabajo y nos dirigimos a la tele, donde la BBC emitía en directo el acto conectando con imágenes desde todas partes del Reino Unido, especialmente desde Londres.
Trafalgar Square, plaza céntrica de celebraciones, se encontraba llena y silenciosa, como una procesión fúnebre; en la abadía de Westminster el silencio solo era interrumpido por el crepitar de las campanas del BigBen; los chiquillos perfectamente uniformados de una escuela miraban con inocencia su bandera nacional, recibiendo desde temprana edad esa dosis de patriotismo británico...
Y me pregunto cómo sería un día como ese en España, que por cierto no existe. Aunque un caso parecido a este lo tenemos el día de la Hispanidad, en el que se recuerda a los caidos por España con la ofrenda floral al monumentos dedicado a estos en el paseo del Padro. No, difícil imaginar en España una conmemoración no salpicada de tintes políticos, donde todos los bandos respetasen a la enseña, donde un grupo de imbéciles no pidan la dimisión a berridos de un presidente manchando así un día que debe de ser de todo el país.

Eso aquí no pasa, el Reino Unido es diferente en cuanto sus habitantes se unen para conmemorar, recordar u homenajear, portando todos ellos el mismo emblema, sin importar de qué signo politico sean.
El emblema en cuestión se llama "Poppy", es una flor que simboliza el descanso eterno, y que los ingleses usan en funerales y entierros. Para conmemorar el anteriormente mencionado "remembrance day" los británicos han tomado ese símbolo y los días previos lucen en sus solapas un "poppy" de plástico. Todo el mundo lo lleva, desde el primer ministro al último primo, desde los grandes empresarios al que vende periódicos. Eso sí, un dato curioso es que solo he percibido su existencia en los pechos de los nativos, el resto de gente de otras naciones parece que pasa un poco de esas florecitas.
En definitiva, un día de recuerdo, de respeto y de echar una mirada a la historia. Cabría preguntarse si este recuerdo lo tendrían tambien en caso de que no hubiesen ganado esas guerras y hubieran reservado la tan famosa soberbia británica para otros actos, borrando de los libros esa molesta verdad que se llama historia y que a veces no es favorable a ellos...Pero bueno, dejemos que hable solo la historia, esa historia que tan bien han sabido escribir los que viven en esta isla, ocultando algunos hechos y resaltando otros. Están en su derecho. Cada uno que elija la historia a creerse.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Cajera Made in China

Aquí vale un ojo de la cara vivir, y si me apuran los dos, e incluso como te descuides te puede valer el ojo de abajo el sobrevivir ante tan acuciante estilo de vida. En el que comprando solo lo básico para comer, el ticket del transporte y dejar algo para alguna birra que otra, te puedes encontrar con el bolsillo o la cuenta vacía cuando menos te des cuenta.
Es por eso que uno intenta buscar lo económico: Se pide la pinta más barata, compra marca blanca, fríe los huevos con saliva… Y en este empeño por buscar lo barato entra, como no, los supermercados.
La ley de Murphy dice que el supermercado más caro estará a la puerta de tu casa, mientras que conforme te vayas alejando del punto de origen (léase su casa) el precio de los productos en tienda va disminuyendo de forma directamente proporcional a la raíz cuadrada de pi por la tangente dividido por sigma al cuadrado. Y como uno a veces se aburre pero no ha llegado al extremo de calcular la operación, el tiempo que me ahorro en hacerla es el que empleo en ir al supermercado más barato.
A la puerta de mi casa está el más caro, como bien dice la teoría: Mark and Spencer, al que me gusta llamarlo Mark and expensive, al cual no he vuelto a entrar desde que me extirparon un riñón para pagar una botella de agua hace ya algo más de tres años, en Torquay. Por el precio de la botella la estuve observando detenidamente, y puso mucho cuidado en beberla no vaya a ser que hubiese comprado alcohol en lugar de agua.
Bien, si nos alejamos un poco más dirección al metro podemos encontrar las típicas tiendas de ultramarinos, o pequeños supermercados tipo coviran para que se hagan una idea. Lo que sí es cierto es que también son algo caros, así que lo voy dejando solo para comprar chicles y alguna cerveza que otra. Están generalmente regentados por hindúes, así que algún día espero encontrarme a Apu el de los Simpsons.

Seguimos camino por la misma acera, nos encontramos con la recién abierta Co-operative, algo más barata que Mark and Expensive. Anteriormente se encontraba en el mismo lugar el Sommerfeld, que cambió el nombre por el que tiene ahora, y en el que se podía encontrar diferentes gangas de productos que caducaban el siguiente día.
Seguimos y nos encontramos, algo más alejado, el Sainsbury local. Un pequeño establecimiento, franquicia de otro más grande que se encuentra a escasos metros, algunas calles más al norte. En este supermercado es donde suelo hacer la compra, suele tener más precios competitivos y su marca blanca es la más barata que he podido encontrar. Que el menda todavía es pobre…
Si nos alejamos un poco más tenemos el Tesco. Un gran supermercado, la ostia de grande, por eso es Gigan-Tesco. (Permítanme un chiste malo de vez en cuando). En él se pueden encontrar también precios bastantes competitivos pero al que he pasado de ir porque está donde Cristo dio las tres voces.
Uno a la hora de comprar busca precios bajos, es lo más importante, pero también hay que tener en cuenta otros factores que son los que van a decantar la demanda hacia una u otra opción: Ubicación, limpieza, servicio al cliente…
Por eso, viene a colación que el otro día me acerqué al supermercado Sainsbury, no al local, porque me hacía falta un par de cosas que no pude encontrar en el pequeño. Es un supermercado muy limpio en el que puedes encontrar de todo. Bueno, casi todo…
Y no deja de sorprenderme la actitud de la cajera que me atendió, una señora de nacionalidad china, de unos cuarenta años, que sonriendo y levantando la cara me dijo: “Hola, ¿Cómo estás?¿Todo bien?”. Esto me lo dijo en inglés claro, que si me lo dice en español ya me caigo de espaldas.
Pensarán que tontería, sí, puede que lo sea, pero nadie en Londres, ningún cajero ni cajera ha dado atisbos de mostrar tal respeto por el cliente, que al fin y al cabo están ahí trabajando gracias a él. La mujer, en un gesto de generosidad sin precedente reservó un segundo de su vida para mostrar sus respetos hacia la persona que tenía delante, en una actitud genuinamente oriental, como debe ser. Y no solo a mí, con la cliente que me precedía repitió el mismo rito, y así con todos los que pasan por su caja durante el día…
Quizás esté ahí puteada, echando más horas que el camarero de Masiel, asqueada porque el alquiler y los gastos apenas le da para mantener a su familia; quizás tenga que enviar dinero a su país, o se pasa tanto tiempo trabajando que al llegar a casa apenas puede estar con sus hijos… No sé qué problemas tendrá o no, pero lo que está claro es que se los guarda para dentro, sin que nadie tenga que cargar con la culpa de cuan perra sea su vida. Y me acuerdo de los otros cajeros y cajeras del mundo mundial,sin ánimo de generalizar, gente que trabaja ante clientes en general, algunos de ellos con caras largas, de bulldog relamido, caras de perros/as sin collar dispuestos a saltarte al cuello, con esa estupidez y altanería con que hacen su trabajo. Pagando con el ajeno los platos rotos de su miserable vida.
Sintiendo una complicidad inédita, abandono el supermercado, deseando que me vuelva a tocar la misma cajera la próxima vez.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Trafalgar Square, Trafalgar Cape
Hamburguesa, patatas y coca-cola compradas en una hamburguesería famosa: 4,30 libras; comerse todo eso sentado a los pies del Nelson´s column en Trafalgar Square, viendo latir el corazón de Londres, no tiene precio.
La ocasión la pintaba clara, aprovechando que me encontraba solo por el centro de Londres, me dio por darme un paseo por el Big Ben, London Bridge… Para terminar en Trafalgar Square, que además de ser la plaza más famosa es mi favorita en Londres. Y como llegaba la hora de la cena me acerqué a la hamburguesería más cercana, pedí un menú para “take away” y con mi vitualla volví a la plaza, homónima del Cabo cercano a Cádiz, donde tuvo lugar la batalla naval más famosa y trascendental de la historia. Esto lo dicen los ingleses, claro, que si llegan a haberla perdido no iban a escribir Trafalgar ni en los libros de historia, como pasó con Cartagena de Indias.
Trafalgar Square es una céntrica plaza, lugar de reunión y de importantes citas. Entre otras cosas, aquí celebran los ingleses el nuevo año, ya que desde allí se puede ver el Big Ben; se reunieron para celebrar la proclamación de Londres como ciudad olímpica en 2012; y se reunen también para celebrar los triunfos de la selección nacional… Vamos, que no se reúnen nunca por ese motivo.
Y ahí estaba yo, en Trafalgar, pero en la plaza, no en el cabo, más quisiera yo… Comiéndome la hamburguesa en los pies de Nelson ante la atenta mirada de este, por si le manchaba las botas. Nelson fue el Almirante a cargo de la flota inglesa en la batalla, que perdió la vida en ella, y llegó a Londres metido en un barril de Ron para que su cuerpo se pudiera conservar bien y quedara bien guapito para hacerle el entierro de Estado que se le prepararía en Londres. Y como a un inglés le puedes privar de cualquier cosa menos de su ración de alcohol diaria, a los marineros no le temblaban el pulso cuando tenían que meter el vaso en la barrica de Ron donde estaba su almirante más tieso que el pezcuezo de Berlusconi.
Créanme cuando digo que la de hoy ha sido la hamburguesa más sabrosa que he degustado en mi vida. Aunque los componentes químicos ayudaran a ello, me refiero al contexto en el que me la he tomado. Lejos del bullicio de la mitad de una calle, o dentro del establecimiento… Pues nada de eso, en mitad de la plaza, con apenas una luz tibia; escuchando el continuo chorreo de agua de las dos fuentes cercanas al monumento, y sabiendo que lo que uno pisa tiene su historia, que lo que ve también. Pensando en aquella batalla, aquellos hombres que pudieron ser nuestros tatarabuelos, aunque tengamos la sensación de que las grandes batallas y hechos son cosas de la ficción, por verlas lejanas en el tiempo, como si no tuviéramos nada que ver con ello. Uno pensando en eso recuerda, claro está, a sus compatriotas, los que perdieron la vida tan miserablemente, por culpa de un gobierno incapaz. Gente arrancada a la fuerza de tabernas, de las calles de Cádiz, para luchar en el mar. Ese mar que solo conocían de haberse bañado en la caleta… Y veía esa plaza, ese monumento, como un recuerdo a ellos, a esos hombres que lucharon tan ferozmente y perdieron su vida en ese infierno de fuego, madera, metralla y sangre; sin otra escapatoria que la lucha o la muerte.
Pensaba también en que, vaya envidia, que los ingleses sí que saben homenajear a sus héroes, le ponen sus nombre a plazas céntricas, les erigen monumentos, les celebran festividades, los estudian orgullosos en sus libros de historia… Y en España poquita gente conoce a Blas de Lezo, Álvaro de Bazán, el Gran Capitán, los almogávares…
Y otra vez pensaba en la noticia sacada en prensa durante la semana pasada en la que el cabo Trafalgar va a ser urbanizable, gracias a nuestros siempre querido políticos que se han empeñado en cargarse cada centímetro de nuestro litoral, sin importarles un carajo ese paraje natural, esas playas vírgenes… Por lo visto, se han puesto entre ceja y ceja que en el cabo Trafalgar haya más guiris que en la plaza, con sus chanclas, sus calcetines y su cangrejada piel.
Cádiz-Londres fue el último viaje que Nelson realizó, aunque ya estaba muerto, jartándose de Ron ya. Y ahí estaba el de Cádiz, ósea yo, paisano de Gabriel de Araceli, que la pluma de Galdós se empeñó en que combatiera en la batalla, junto a otros marineros que sí perdieron la vida, y cuyos fantasmas pululan por el Cabo y por la plaza, oliendo mi hamburguesa.
Me fui no sin antes mostrarle mis respetos al almirante, que al fin y al cabo lo que hizo tiene su mérito, y mandándole un saludo departe del que lo dejó manco en Tenerife y le hizo volver a Inglaterra con el rabo entre las piernas, recordándole que el calificativo de “invencible” le venía aún un poco grande, por mucho que se empeñara la maquinaria propagandística británica.
Es lo más cerca que he estado de Cádiz en estas semanas, escuchando el eco de la batalla, y las olas contra la escollera de la caleta, donde esperaban los barcos a zarpar hacia la escabechina que le tenían preperada los ingleses.
Estas son las sensaciones que produce el conocer, el saber por qué están ahí las cosas, el que tengamos la posibilidad de recrearnos en cada plaza, cada calle, con un trocito de historia. A esta forma de moverse por el mundo algunos lo llaman “ser carca”, “un entendido”,”un pedante”. Y a mí no me cabe otra que sentirlo por ellos, por no tener nunca la posibilidad de moverse por ese museo al aire libre que es la calle, que no tiene nada que envidiar a ningún museo cubierto. Porque a lo mejor los aburridos son estos, que no hacen más que fotografiar un monumento solo porque más gente lo hace.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Bebiendo bajo la lluvia
Parece como si la lluvia quisiera apuntarse a la fiesta del fin de semana. Como si la luz hubiese dejado de trabajar y se fuera a otra parte, a otras latitudes. Las nubes invaden Londres en un abrazo de sombras y humedad. En armonía con la polución reinante, las gotas de lluvia bailan entre los faros de los coches, se cuelan en el metro por cornisas y alcantarillas y saltan traviesas entre las piernas de los transeuntes, que se mueven al son de silbatos, claxones y música de mp3s.
Raro es un Viernes que las precipitaciones no hagan acto de presencia. Y siempre me las encuentro ahí, a la salida del metro, después de un día de trabajo y a punto de llegar a casa.
Para el anecdotario una escena que no por pintoresca es menos curiosa. Un señor ya entrado en años, jubilado, sentado en la terraza de una cafetería que aún tiene las mesas en la calle, como si se resistieran a entrar, justo al lado de la entrada al metro. En una mano sostiene un paragüas, protegiéndose de la incesante lluvia; en la otra un periódico, y en la mesa el café, agüándose por momentos.
Ahí estaba el señor, aguantándo el chaparrón, nunca mejor dicho, inevitablemente solo y viendo a la muchedumbre correr. "Pobres infelices, con el gusto que da saborear un coffe bajo la lluvia"..."¿Por qué corre?Mira ese, ¿Acaso quiere llegar antes a casa para pillar a su mujer con otro?"."O aquel otro, ¿Acaso te vas a mojar menos cuando agachas la cabeza?"."Bonitas medias para humedecerlas tan pronto"...
Quizás sea el último cliente del día en aquella pequeña terraza. Al último de Filipinas no se le oyó ni una palabra, su estoicismo era patente, pero estoy seguro que entre dientes gruñía a la lluvia: "I´m sorry, pero no me vas a estropear el fin de semana, cacho perra".
Raro es un Viernes que las precipitaciones no hagan acto de presencia. Y siempre me las encuentro ahí, a la salida del metro, después de un día de trabajo y a punto de llegar a casa.
Para el anecdotario una escena que no por pintoresca es menos curiosa. Un señor ya entrado en años, jubilado, sentado en la terraza de una cafetería que aún tiene las mesas en la calle, como si se resistieran a entrar, justo al lado de la entrada al metro. En una mano sostiene un paragüas, protegiéndose de la incesante lluvia; en la otra un periódico, y en la mesa el café, agüándose por momentos.
Ahí estaba el señor, aguantándo el chaparrón, nunca mejor dicho, inevitablemente solo y viendo a la muchedumbre correr. "Pobres infelices, con el gusto que da saborear un coffe bajo la lluvia"..."¿Por qué corre?Mira ese, ¿Acaso quiere llegar antes a casa para pillar a su mujer con otro?"."O aquel otro, ¿Acaso te vas a mojar menos cuando agachas la cabeza?"."Bonitas medias para humedecerlas tan pronto"...
Quizás sea el último cliente del día en aquella pequeña terraza. Al último de Filipinas no se le oyó ni una palabra, su estoicismo era patente, pero estoy seguro que entre dientes gruñía a la lluvia: "I´m sorry, pero no me vas a estropear el fin de semana, cacho perra".
jueves, 4 de noviembre de 2010
Robin Hood robaba papel.
Pues sí, he tenido que ponerlo. Encima del váter, para que se vea bien... Porque pienso que un hombre puede estar dos dias sin comer, incluso sin beber, pero no puede soportar estar dos dias sin evacuar, sin jiñar, sin cagar... Esta necesidad biológica está infravalorada, y resulta que es uno de los placeres de la vida. Si piensas que soy desagradable admito la crítica, pero por el trono pasa todo el mundo, sea el rey o el último primo.
En mi planta ya nos quedamos sin papel higiénico ayer, y con nocturnidad y alevosía tuve que subir a la segunda planta y hacerme con un rollo, al que le quedaba un telediario para decir "hasta aquí hemos llegado". Así que ahora volvemos a tener el mismo problema, y mañana por la mañana me vuelvo a ver robando más papel de arriba, o usando el señor Roca de los vecinos. Pero ya saben, cuando uno se acostumbra a un váter...
No es la primera vez que tengo que "pedir prestado" algo en esta residencia. Ya he hecho más visitas arriba para adquirir cucharas, cuchillos, vasos... Y es que por lo visto somos los pobres de la resi, los marginados. Tenemos un servicio para toda la planta (3 habitaciones), en lugar de dos como los demás; la cocina es minúscula, tanto que para cocinar un pollo el animal tiene que pedir permiso para entrar...
Parece que me ha tocado el papel de Robin Hood, y tengo que robarle a los ricos de arriba, para nosotros, los pobrecitos de abajo. Villarriba y villabajo, como si fuera un anuncio de mistol.
A esto hay que sumarle que el extractor de aire de la cocina no funciona, tenemos que limpiarnos la habitación, las sábanas no nos la cambian hasta que anden por ellas mismas...
Solo el pensar que al final de la beca tengo que rellenar un cuestionario de satisfacción y comentar qué me ha aparecido el alojamiento me muero de gusto. Arrieritos somos. Cada uno se consuela como puede.
domingo, 31 de octubre de 2010
La fiestas de los muertos

Puede que la fiesta de Halloween sea una tradición anglosajona, que con el paso de los años ,y gracias al cine y a la globalización, ha ido traspasándose a otros países, entre ellos España, con la costumbre, cada vez más latente en los chiquillos, de ir a pedir caramelos por las casas… Pensamos en la capital anglosajona por excelencia, y pensamos en Londres, la capital del Reino Unido. Creemos que Halloween se celebra aquí de una manera muy especial, totalmente diferente a como se celebra en Madrid o en ciudades como Cádiz, por ejemplo.
Se cree uno que todos los escaparates estarán llenos de adornos de Halloween: calabazas, brujas, murciélagos… Piensa que se va encontrar por la calle hordas de niños hambrientos de golosinas y molestando a esos ricos ingleses que disfrutan en Chelsea del calor de su hogar… Se imagina las calles llenas y llenas de gente, todas disfrazadas, con disfraces originales, a cual más currado, tras horas y horas de costura o tras haber desembolsado una estimable cantidad de “pounds” en alguna tienda de disfraces varios.
En definitiva, te crees que esto es algo diferente, y te dispones a disfrazarte para disfrutar en la calle esta fiesta que por ser “nueva” para tí (nunca me he disfrazado en Halloween) piensas que va a ser diferente. Y de hecho lo es, es diferente a como te la imaginabas.
Les juro que me lo pasé bien, en buena compañía, en un pub con buena música, buen ambiente y gente muy simpática, o al menos eso parecía. Pero no deja uno de saborear ese aroma descafeinado que se te queda en el paladar después de haber vivido algo que esperabas con una dosis mayor de cafeína…
Una vez en la entrada del metro, nos dimos cuenta que los únicos seres humanos que estábamos disfrazados éramos nosotros, con pintas de habernos atropellado el tren, y con miradas cómplices y divertidas de los usuarios del “tube“. Para que luego diga que en Londres se pasa desapercibido te pongas lo que te pongas.
Al ir acercándonos a nuestra parada, Oxford Circus, el número de gente disfrazada aumentaba a cada momento, pero vaya disfraces… Algunos disfraces entraban dentro de lo normal: Te encontrabas el típico zombie, el vampiro, la momia… Pero siguiendo observando te dabas cuenta que en Halloween cabían todos los personajes posibles, y veías a chavalas, muy monas por ciertos, disfrazadas de gatas, de policía, de enfermera… Eso sí, con muy poca tela, que estamos en crisis oigan, y no está la cosa como para ir derrochando en trapos. Pareciese como si se dirijieran a una competición de cachas, o camisetas mojadas, o algún rodaje de esas películas que llaman de pelo. No sé a los demás, pero a mí miedo no me dieron ninguno… Bueno, un poco sí… Ya me entienden… Lo que sí es cierto es que las susodichas no pasaban frío, creo que están acostumbrado a él. Y mi teoría es que no son inglesas, sino siberianas, y tienen el frío tan asumido que han desarrollado bajo la piel una segunda capa, como si fuera un polar del Decathlon.
Y luego en el local lo típico, pagar una entrada, para acceder a una pequeña pista de baile, con más gente disfrazada bailando, no toda; con algunas chucherías en las mesas… Y los únicos adornos que te encuentras es una proyección de halloween con murciélagos, esqueletos y demás, la película de Drácula en una pantalla y las camareras disfrazadas de Popeye, que da bastante miedo también. Yo solo esperaba que no comiesen espinacas.
Lo de Popeye también se las trae, me vino a la cabeza aquel momento de la infancia en el que quedé desilusionado y engañado por ese mito infantil. Lo veía tan fácil y asequible… ¿El qué? Pues el ponerte fuerte en un santiamén solo por comer espinacas. Pero bueno, esa es otra historia que no viene a colación.
Lo que si viene al asunto es que Halloween pasa por Londres sin que te des cuenta. Es lo que tiene una ciudad grande, en la que hay tal mezcla de culturas, tantos costumbres eclécticas que las esencias más puras de la ciudad se pierden poco a poco. Quizás en los pueblecitos de Inglaterra aún se conserva esa costumbre intacta, esa esencia de festejar antiguos ritos, recordando a sus muertos, comiendo dulces típicos y reunida la familia entera mientras cada dos por tres te tienes que levantar porque aquellos pequeños fantasmas, vampiros o momias llaman a tu puerta a decir eso de “trick or treat?”. Algunos, tan amablemente, les dará algo y otros les dirá:
“Niño, tú en estas fechas te acuerdas de tus muertos, ¿no?… Pues yo también”.
jueves, 28 de octubre de 2010
Personajes varios
El conocer nuevos lugares tiene la innegable ventaja de que en ellos puedes encontrar esa fauna tan alucinante y sorpresiva como el propio lugar. Les hablo de la fauna de Londres, que no de la flora, de la que nos ocuparemos otro día. Esta fauna de la que les hablo no se trata de la que habita en Hyde Park, no son las palomas de Trafalgar Square, ni esos ultra que van a ver el Chelsea a Stamford Bridge… Es aquella fauna, perteneciente el género humano, aunque a veces cueste creerlo, y que se pasea tan plácidamente por las calles de Londres, con su extrañeza, frikismo y poca vergüenza a cuesta, en el buen sentido de la expresión.
Te lo puedes encontrar en cada esquina, cada baño, cada vagón de metro, en cada trabajo… Y su existencia es directamente proporcional al número de seres humanos habitantes de un sitio; y claro, en Londres humanos hay unos pocos. Resultaría tedioso relatar aquí todos los personajes con los que se encuentra uno cuando se da una vuelta por ahí, o con los que se topa de camino al trabajo… Pero lean en estas líneas los que me han llamado la atención, los que han dejado una huella en mi memoria, difícil de borrar en algunos casos, por desgracia…
Resulta que ayer, 27 de Octubre, terminé de trabajar. Muy alegremente, a las cuatro de la tarde me dirigí al baño de la empresa (Una escuela de negocios) para aliviar los bajos fondos, cambiar de agua al canario o como quieran llamarlo. Salgo del excusado y cumplo con el ritual del lavado de mano. Al lado mía, un negro (me niego a llamarlo persona de color porque de color somos todos) se empezó a lavar las manos, hasta ahí bien, luego siguió con los brazos, ahora con más fuerza e ímpetu, como si le fuera la vida en ello. Seguía la cosa bien pero ya empezaba a ser un poco más raro. De tanto jabón que se echó se puso los brazos blanco. Yo pensé que quizás tenía síndrome de Michael Jackson y quería perder su color, no sé.
Lo que está claro es que el susodicho no escatimaba en jabón y usaba este deliberadamente. Yo seguí tranquilo con lo mío, enjuagándome las manos y dirigiéndome al secador de mano, cuando el negro, ni corto ni perezoso, se descalza un pie, lo mete en el lavabo y venga a darle jabón a la extremidad inferior. Con ahínco el personaje se batió en duelo con los hongos y demás porquería que albergaban sus pies . Hongos interdigitales donde se podía fermentar los mejores quesos de Castilla La Mancha… Ahí estaba él, refregando su pie, como si temiera un brote de fiebre porcina, como si hubiese salido de trabajar de una central nuclear… El hombre no se pudo esperar a llegar a su casa, ¿Qué se le va a hacer? Oye, que se habrá quedado el chaval sin agua caliente y por esto lares ya hace un poco de fresco para jugarse el gaznate con el agua fría.
Lo que está claro es que el personaje se empeñó en dejar un recuerdo para el siguiente usuario del lavabo, que seguramente lo usara para lavarse también las manos, la cara o el culo, vete tú a saber.
Otro extraño personaje lo pudo conocer en el metro, en la estación de Oxford Circus más concretamente. Me gustaría que pensárais en un trabajador de metro, de los que hay en las puertas o tornos para ayudar y vigilar al personal. Lo imaginais como una persona “normal” de a pie, de infantería, vamos. Con su pelo cortado, bien vestido y con la presencia digna que exige el trabajar de cara al público. Os lo imagináis quizás ya maduro, padre de familia quizás, con algunas canas que otras o con una más que prominente calva, barriguita cervecera quizás… Bien, tampoco vais mal encaminados, ese es el trabajador prototipo del metro, el que se ve más a menudo. Pero si un día topáis con el que me refiero, lo primero que os vendrá a la vista será su peinado punky, al estilo casco romano, teñido de todos los colorees habidos y por haber. Esta cresta puede llegar a medir sus treinta centímetros perfectamente, y tiene pinta de estar más tiesa que la picha del David de Miguel Ángel.
No acaba con el peinado la cosa, debajo del reglamentario chaquetón que deben llevar todos los trabajadores del “tube” se encuentra la vestimenta que el señor se compra en no sé dónde, pero en Zara seguro que no: Unos vaqueros cagados, color oscuro, con sus cadenas (no sé de qué váter las habrá sacado), y unas botas al estilo soldado que le dan al conjunto un aire pintoresco y ¿Por qué no? Divertido.
Y me lo imaginé llegando a su casa, después de un agotador día de trabajo en el metro viendo pasar a gente y más gente, abriendo la puerta y diciendo “Cariño, ya estoy en casa”. Viniendo el perro a recibirle, con el mismo peinado con él. La mujer preparando la mesa, también con el mismo peinado, y su hijo de cinco año que viste camiseta de Marilyn Manson, adivinen cómo tiene el peinado, y se acerca al padre con una pelota a pedirle que juegue con él. En la casa se escucha al fondo Metállica, es la suegra que está en su habitación pegando brincos en la cama…
No conozco a este hombre, quizás sea un tío simpático, o no, lo que sí sé es que me inspiró más simpatía que aquellos que van con corbata y traje, con caras de comerse el mundo, todos iguales ellos, sin nada que los diferencie unos de otros. Este, al menos, era diferente, y se ha ganado mi simpatía por ello.
Y no dejo de pensar en ello: Qué envidia de país en el que se puede trabajar de esa guisa, sin nadie que te señale con el dedo, sin que te prejuzguen por tu vestimenta. Y saber que allí en España, cuando trabajaba en Decathlon, me llamaron la atención por llevar un pantalón de chándal a trabajar…
Te lo puedes encontrar en cada esquina, cada baño, cada vagón de metro, en cada trabajo… Y su existencia es directamente proporcional al número de seres humanos habitantes de un sitio; y claro, en Londres humanos hay unos pocos. Resultaría tedioso relatar aquí todos los personajes con los que se encuentra uno cuando se da una vuelta por ahí, o con los que se topa de camino al trabajo… Pero lean en estas líneas los que me han llamado la atención, los que han dejado una huella en mi memoria, difícil de borrar en algunos casos, por desgracia…
Resulta que ayer, 27 de Octubre, terminé de trabajar. Muy alegremente, a las cuatro de la tarde me dirigí al baño de la empresa (Una escuela de negocios) para aliviar los bajos fondos, cambiar de agua al canario o como quieran llamarlo. Salgo del excusado y cumplo con el ritual del lavado de mano. Al lado mía, un negro (me niego a llamarlo persona de color porque de color somos todos) se empezó a lavar las manos, hasta ahí bien, luego siguió con los brazos, ahora con más fuerza e ímpetu, como si le fuera la vida en ello. Seguía la cosa bien pero ya empezaba a ser un poco más raro. De tanto jabón que se echó se puso los brazos blanco. Yo pensé que quizás tenía síndrome de Michael Jackson y quería perder su color, no sé.
Lo que está claro es que el susodicho no escatimaba en jabón y usaba este deliberadamente. Yo seguí tranquilo con lo mío, enjuagándome las manos y dirigiéndome al secador de mano, cuando el negro, ni corto ni perezoso, se descalza un pie, lo mete en el lavabo y venga a darle jabón a la extremidad inferior. Con ahínco el personaje se batió en duelo con los hongos y demás porquería que albergaban sus pies . Hongos interdigitales donde se podía fermentar los mejores quesos de Castilla La Mancha… Ahí estaba él, refregando su pie, como si temiera un brote de fiebre porcina, como si hubiese salido de trabajar de una central nuclear… El hombre no se pudo esperar a llegar a su casa, ¿Qué se le va a hacer? Oye, que se habrá quedado el chaval sin agua caliente y por esto lares ya hace un poco de fresco para jugarse el gaznate con el agua fría.
Lo que está claro es que el personaje se empeñó en dejar un recuerdo para el siguiente usuario del lavabo, que seguramente lo usara para lavarse también las manos, la cara o el culo, vete tú a saber.
Otro extraño personaje lo pudo conocer en el metro, en la estación de Oxford Circus más concretamente. Me gustaría que pensárais en un trabajador de metro, de los que hay en las puertas o tornos para ayudar y vigilar al personal. Lo imaginais como una persona “normal” de a pie, de infantería, vamos. Con su pelo cortado, bien vestido y con la presencia digna que exige el trabajar de cara al público. Os lo imagináis quizás ya maduro, padre de familia quizás, con algunas canas que otras o con una más que prominente calva, barriguita cervecera quizás… Bien, tampoco vais mal encaminados, ese es el trabajador prototipo del metro, el que se ve más a menudo. Pero si un día topáis con el que me refiero, lo primero que os vendrá a la vista será su peinado punky, al estilo casco romano, teñido de todos los colorees habidos y por haber. Esta cresta puede llegar a medir sus treinta centímetros perfectamente, y tiene pinta de estar más tiesa que la picha del David de Miguel Ángel.
No acaba con el peinado la cosa, debajo del reglamentario chaquetón que deben llevar todos los trabajadores del “tube” se encuentra la vestimenta que el señor se compra en no sé dónde, pero en Zara seguro que no: Unos vaqueros cagados, color oscuro, con sus cadenas (no sé de qué váter las habrá sacado), y unas botas al estilo soldado que le dan al conjunto un aire pintoresco y ¿Por qué no? Divertido.
Y me lo imaginé llegando a su casa, después de un agotador día de trabajo en el metro viendo pasar a gente y más gente, abriendo la puerta y diciendo “Cariño, ya estoy en casa”. Viniendo el perro a recibirle, con el mismo peinado con él. La mujer preparando la mesa, también con el mismo peinado, y su hijo de cinco año que viste camiseta de Marilyn Manson, adivinen cómo tiene el peinado, y se acerca al padre con una pelota a pedirle que juegue con él. En la casa se escucha al fondo Metállica, es la suegra que está en su habitación pegando brincos en la cama…
No conozco a este hombre, quizás sea un tío simpático, o no, lo que sí sé es que me inspiró más simpatía que aquellos que van con corbata y traje, con caras de comerse el mundo, todos iguales ellos, sin nada que los diferencie unos de otros. Este, al menos, era diferente, y se ha ganado mi simpatía por ello.
Y no dejo de pensar en ello: Qué envidia de país en el que se puede trabajar de esa guisa, sin nadie que te señale con el dedo, sin que te prejuzguen por tu vestimenta. Y saber que allí en España, cuando trabajaba en Decathlon, me llamaron la atención por llevar un pantalón de chándal a trabajar…
lunes, 25 de octubre de 2010
Primer partidito de Liga
Primer partido en Londres y primera victoria. Y no se trata de un amistoso cualquiera...Bueno, sí... Es una liga en la que participan mis compañeros de oficina y a la que me han invitado a participar. Juegan todos los Lunes por la tarde así que de aquí al final de mi estancia en Londres podré jugar todos los partidos de la competición, siete en total, si mal no recuerdo. Jugando luego una eliminatoria contra los líderes de otros grupos, si es que quedamos líderes...
Ya me lo pidieron la semana pasada, en la oficina, pero me pillaba muy precipitado. Tenía que comprarme las botas, estaba con el traje de chaqueta y no me daba tiempo el ir y volver a mi casa. Así que mi debut ha sido hoy mismo, con victoria, sí señor. Da gusto ganar así, contra los líderes hasta ahora, por 2-1, dejando la piel y el sudor en el campo; que uno es un profesional,leñe, y a la hora de jugar el menda le echa huevos tanto si se juega junto a españoles como con ingleses.
Se hace raro jugar en otro pais, con gente que no habla tu idioma, a la que apenas conoces, con el árbitro diciendote cosas y tú sin entenderlo. A tí tampoco te entiende, así que puedes ciscarte en sus muertos tranquilamente y mentarle a la puta que lo parió. Todo esto sin llenarte mucho la boca, claro, que en cuanto a expresiones de la cara todos hablamos un mismo idioma.
Y a los de mi equipo le han dado por llamarme Iniesta, muy pretencioso por su parte. Con esto uno carga un gran peso encima, una responsabilidad, y no te queda otra que explicarle que lo único que compartes con el mejor jugador del mundo es el nombre, que es por eso por lo que me llaman Iniesta. Pero bueno, muy orgulloso de ello.
Ha sido un buen partido en lineas generales, me he sentido cansado al final del partido, necesito ritmo. Este parón londinense sin hacer mucho deporte me ha pesado, aunque estuve el pasado Sábado haciendo un poco de footing por un majestuoso parque que hay cerca de mi residencia, Holland Park. Todo esto con la garganta martirizándome y diciéndome "Aquí estoy, moreno". Ya estoy mejor, ahora toca mejorar la forma física, y ¡A por la liga!
Ya me lo pidieron la semana pasada, en la oficina, pero me pillaba muy precipitado. Tenía que comprarme las botas, estaba con el traje de chaqueta y no me daba tiempo el ir y volver a mi casa. Así que mi debut ha sido hoy mismo, con victoria, sí señor. Da gusto ganar así, contra los líderes hasta ahora, por 2-1, dejando la piel y el sudor en el campo; que uno es un profesional,leñe, y a la hora de jugar el menda le echa huevos tanto si se juega junto a españoles como con ingleses.
Se hace raro jugar en otro pais, con gente que no habla tu idioma, a la que apenas conoces, con el árbitro diciendote cosas y tú sin entenderlo. A tí tampoco te entiende, así que puedes ciscarte en sus muertos tranquilamente y mentarle a la puta que lo parió. Todo esto sin llenarte mucho la boca, claro, que en cuanto a expresiones de la cara todos hablamos un mismo idioma.
Y a los de mi equipo le han dado por llamarme Iniesta, muy pretencioso por su parte. Con esto uno carga un gran peso encima, una responsabilidad, y no te queda otra que explicarle que lo único que compartes con el mejor jugador del mundo es el nombre, que es por eso por lo que me llaman Iniesta. Pero bueno, muy orgulloso de ello.
Ha sido un buen partido en lineas generales, me he sentido cansado al final del partido, necesito ritmo. Este parón londinense sin hacer mucho deporte me ha pesado, aunque estuve el pasado Sábado haciendo un poco de footing por un majestuoso parque que hay cerca de mi residencia, Holland Park. Todo esto con la garganta martirizándome y diciéndome "Aquí estoy, moreno". Ya estoy mejor, ahora toca mejorar la forma física, y ¡A por la liga!
martes, 19 de octubre de 2010
De nuevo la Allende
Otra vez Chile, nuevas señales, y vuelve a ser Isabel Allende.
Pero esta vez no se me ha aperecido en el metro, sino en la misma empresa donde realizo las prácticas.
Ahí estaba ese libro de Isabel, "De amor y de Sombra", traducido al inglés. En una de las mesas de la oficina a espaldas de la recepción. Un nuevo guiño de estas pequeñas casualidades, después de dos dias que hace que escribí la entrada sobre Chile. No era un libro culquiera, no podía ser otro, precisamente aquel. El único libro que veo en la oficina desde que estoy allí y es uno de Isabel Allende...
Por cierto, han llegado a mis oidos que el presidente de Chile ha estado de visita oficial en Londres.
Chile, chile, chile...
Pero esta vez no se me ha aperecido en el metro, sino en la misma empresa donde realizo las prácticas.
Ahí estaba ese libro de Isabel, "De amor y de Sombra", traducido al inglés. En una de las mesas de la oficina a espaldas de la recepción. Un nuevo guiño de estas pequeñas casualidades, después de dos dias que hace que escribí la entrada sobre Chile. No era un libro culquiera, no podía ser otro, precisamente aquel. El único libro que veo en la oficina desde que estoy allí y es uno de Isabel Allende...
Por cierto, han llegado a mis oidos que el presidente de Chile ha estado de visita oficial en Londres.
Chile, chile, chile...
Miré los muros de la patria mía...
Hay día en los que me levanto mejor y peor, con más o menos sueño, feliz o encabronado. Pero hay días que te levantas de muy buena gana y una serie de acontecimientos te hacen cambiar la visión del panorama, vamos, que te encabrona.
Estoy feliz aquí, todos los que me conocen lo saben, y aunque hecho de menos a los míos, amigos y familia, mi trimilenaria ciudad, el clima, la gastronomía…; No hecho nada de menos a esa banda de hijos de puta que abundan en ese país llamado España…
Llevo algo más de seis semanas aquí, y mi oído se ha acostumbrado a no ser martirizado por esos gritos de la mal llamada princesa del pueblo (Belen Esteban). Mi vista agradece que al hacer zapping no se tope con esa banda de chuloputas y zorras asiliconadas que salen en hombres mujeres y viceversa. Mi estómago ya no se retuerce cuando escucho a un imbécil o a un político, que viene a ser lo mismo. Ya no veo a los de siempre en un bar a todas horas solucionando el mundo a su manera. Ya no veo por la tele local a esos enchufados que tienen la lengua desgastada de tanto lamer cavidades anales…
Y es que me he dado cuenta, aquí más que nunca, que no soporto a los sinvergüenzas, a los chupatintas, a la gente sin ideales, a los listos de turno, a esos gurús de la economía que saben qué pasará en el futuro y sin embargo no tuvieron huevos de predecir la crisis, o no quisieron tenerlos… Será porque aquí en Inglaterra no los veo por ningún lado, o están bien escondidos, eso seguro, porque hijos de puta hay en todos lados. Algunos sí que hay, pero es que en España la imbecilidad es una religión.
Será que no tengo tele, por eso estoy anestesiado, pero tengo internet y a veces lo que veo se las trae.
Me meto en un blog de un famoso escritor y leo los comentarios de la gente que comenta, valga la redundancia, el texto. Y te das cuenta que es imposible escapar de la gilipollez, ahí donde pueda haber un español habrá una gilipollez escrita. Ya sea insultando o haciéndose el listo, o succionando el ciruelo al escritor. Es que no cambiamos.
En cualquier foro, video en el youtube, no falta aquel facha que quiere la exterminación de todo lo que no tenga el color de su piel, aquel analfabeto que escribe “haber si te veo” o “tiene que a ver de todo”, aquel independentista de pacotilla o gilipollas a seca, que no tiene ni puta idea ni de la historia de su ciudad y que cree que tal comunidad u otra tiene que ser independiente porque sí, porque son más chulo que un ocho y allí se habla el churumini. En general, soplapollas que se escudan en el anonimato de un nick, para sortar ese tal despliegue de subnormalidades preguntándote a veces por qué se les dan ordenadores con internet a los monos.
Sigues navegando por internet y curioseas los blogs de políticos y jóvenes políticos, salvadores del mundo, adalides de la democracia, la democracia que pintan ellos, claro. Y no te queda otra que descojonarte antes la sarta de sandeces, de los iluminados de la sociedad, los “súbanse a mi carro que yo lo empujo”. Esos extraños seres que se pasean por la calle con aires de grandeza, y no se acuerdan que están en ese puesto porque un dedo le designó, o se cargó a medio partido, o tuvo que ponerse mirando a la Meca más de cinco veces al día. En este grupo no incluyo a ciertos compañeros que dejé en mi etapa en juventudes, que son como la flor entre la mala hierba, que por cierto abunda. Y por supuesto a ese amigo que anda en Nuevas Generaciones, un tío con ideales y que espero que llegue lejos, por el bien de su partido.
En fin como dijo Quevedo “Miré los muros de la patria mía…” y yo añado “…y los empujé a ver si se les cae a más de uno encima”.
Estoy feliz aquí, todos los que me conocen lo saben, y aunque hecho de menos a los míos, amigos y familia, mi trimilenaria ciudad, el clima, la gastronomía…; No hecho nada de menos a esa banda de hijos de puta que abundan en ese país llamado España…
Llevo algo más de seis semanas aquí, y mi oído se ha acostumbrado a no ser martirizado por esos gritos de la mal llamada princesa del pueblo (Belen Esteban). Mi vista agradece que al hacer zapping no se tope con esa banda de chuloputas y zorras asiliconadas que salen en hombres mujeres y viceversa. Mi estómago ya no se retuerce cuando escucho a un imbécil o a un político, que viene a ser lo mismo. Ya no veo a los de siempre en un bar a todas horas solucionando el mundo a su manera. Ya no veo por la tele local a esos enchufados que tienen la lengua desgastada de tanto lamer cavidades anales…
Y es que me he dado cuenta, aquí más que nunca, que no soporto a los sinvergüenzas, a los chupatintas, a la gente sin ideales, a los listos de turno, a esos gurús de la economía que saben qué pasará en el futuro y sin embargo no tuvieron huevos de predecir la crisis, o no quisieron tenerlos… Será porque aquí en Inglaterra no los veo por ningún lado, o están bien escondidos, eso seguro, porque hijos de puta hay en todos lados. Algunos sí que hay, pero es que en España la imbecilidad es una religión.
Será que no tengo tele, por eso estoy anestesiado, pero tengo internet y a veces lo que veo se las trae.
Me meto en un blog de un famoso escritor y leo los comentarios de la gente que comenta, valga la redundancia, el texto. Y te das cuenta que es imposible escapar de la gilipollez, ahí donde pueda haber un español habrá una gilipollez escrita. Ya sea insultando o haciéndose el listo, o succionando el ciruelo al escritor. Es que no cambiamos.
En cualquier foro, video en el youtube, no falta aquel facha que quiere la exterminación de todo lo que no tenga el color de su piel, aquel analfabeto que escribe “haber si te veo” o “tiene que a ver de todo”, aquel independentista de pacotilla o gilipollas a seca, que no tiene ni puta idea ni de la historia de su ciudad y que cree que tal comunidad u otra tiene que ser independiente porque sí, porque son más chulo que un ocho y allí se habla el churumini. En general, soplapollas que se escudan en el anonimato de un nick, para sortar ese tal despliegue de subnormalidades preguntándote a veces por qué se les dan ordenadores con internet a los monos.
Sigues navegando por internet y curioseas los blogs de políticos y jóvenes políticos, salvadores del mundo, adalides de la democracia, la democracia que pintan ellos, claro. Y no te queda otra que descojonarte antes la sarta de sandeces, de los iluminados de la sociedad, los “súbanse a mi carro que yo lo empujo”. Esos extraños seres que se pasean por la calle con aires de grandeza, y no se acuerdan que están en ese puesto porque un dedo le designó, o se cargó a medio partido, o tuvo que ponerse mirando a la Meca más de cinco veces al día. En este grupo no incluyo a ciertos compañeros que dejé en mi etapa en juventudes, que son como la flor entre la mala hierba, que por cierto abunda. Y por supuesto a ese amigo que anda en Nuevas Generaciones, un tío con ideales y que espero que llegue lejos, por el bien de su partido.
En fin como dijo Quevedo “Miré los muros de la patria mía…” y yo añado “…y los empujé a ver si se les cae a más de uno encima”.
lunes, 18 de octubre de 2010
Odisea en el metro

Alguna vez he hablado del metro, un transporte público que se caracteriza por su eficacia, puntualidad, comodidad…¡Los cojones!.
Quizás si escribiera otro día sobre el “tube” lo haría de forma más sosegada, intentando no despotricar sobre este medio que utilizan los hijos de la Gran Bretaña para llegar a sus trabajos en aquellas empresas que osan comerse el mundo.
Hoy es uno de esos dias en los que acabas hasta los huevos de metro. Se te pasa por la cabeza la idea de alquilar una bici y hacer todo los días la carrerita de los “nosecuantos” kilómetros que hay del centro de Londres a Greenwich.
Todos sabemos las ganas que nos entran los Lunes de empezar una nueva semana de trabajo: te levantas con la mejor dignidad posible, te refriegas los ojos para quitarte las legañas, desayunas, te duchas, y te dispones a emprender la aventura más heroica de tu vida, el llegar sano y salvo al trabajo. Venciendo la impuntualidad de este, los empujones, los roces, los dolores de músculo por aguantar una determinada postura…
El metro, para empezar bien el día, llegó con retraso a la estación de Earl´s Court, que es donde me monto yo. El vagón arribó lleno. “Pues nada, habrá que empujar un poquito para entrar a lo justo, para que las puertas no grabaran una raya en mi traje“. Lo malo es que yo no fui el único que tuvo esa genial idea; una mujerzuela que venía detrás quiso sumarse al homenaje, al congreso de estrujamientos y roces varios. Creía que esperar al siguiente tren iba a suponerle un descalabro en su vida personal o profesional. Y yo la entiendo, oigan, en un par de minutos puede pasar cualquier cosa.
Gracias a que de chico jugaba al Tetris y tengo un poco de práctica, pude contorsionar mi cuerpo de tal forma que me pude hacer un hueco entre brazos, piernas, maletines. Lo malo es que al final tuve que buscar una pierna que había perdido, pero al fin la encontré… Tan solo faltaba que en el suelo hubieran dibujado círculos de colores para que hubiésemos batido el record del mayor número de gente jugando al Twister. Muy divertido todo.
El tren paraba entre estación y estación, a cada parada más gente subía de las que bajaban, el aire dejó el estado gaseoso para hacerse líquido, casi sólido. Parecíamos vacas hacia el matadero, aunque ni punto de comparación, claro, hay personas que huelen peor, doy fe.
Y es que si te montas en el metro debes tener en cuenta los principios fundamentales de la Ley de Murphy. A saber:
-El vagón más lleno del metro es el tuyo. Siempre será así, te montes donde te montes.
-Si te pones de pie al lado de unos asientos esperando a que los que los ocupan se bajen del tren para ocuparlo tú, date por jodido: Precisamente esas personas se bajarán en tu parada.
-Si no tienes suerte al sentarte y te toca estar de pie ten por seguro que te tocará rozarte con alguien. Y la Ley dice que ese alguien será un tío o una señora mayor, y no la chica tan mona que tienes a escasos pasos.
-El único espacio de barra al que puedes agarrarte acaba de ser utilizado por una mano sudorosa.
E.t.c…
Llegó Monument, donde todos los dias me apeo. Sí, he dicho apeo oigan, que lo otro lo hago antes, en la intimidad.
Tras recorrer unos cuantos pasillos, adelantando y esquivando a gente cual Fernando Alonso con corbata, topo con una cola enorme. “Oh my God!” ( por no poner aquí lo que dije en realidad, “me cago en la puta”). Sí, lo que veían mis ojos era la cola para entrar en el DLR, ese tren-tranvía que me tenía que llevar a Greenwich después del recorrido turístico por las periferias de Londres.
Vuelta a los empujones de gente que entran en el vagón como posesos a la caza de un asiento que espera con ojos de carneros a ser devorado por el siguiente usuario, sin que tenga tiempo de escapar. Otra vez apretujado, que casi no te hace falta ni agarrarte a la barra. Esas legañas tuyas siguen ahí, forjadas en el paraíso de la cama, el edén de los sueños, entre sábanas tan queridas y olvidadas a veces.Esas sábanas frescas a las que a veces despreciamos, dejándolas arrugadas cuando nos vamos entre prisas y que, sin embargo, nos recibe cada noche con un cálido abrazo, una suave caricia y las piernas abiertas. En esas cosas pienso cuando estoy en el metro, ahí una muestra de mi estado mental. Añorando un destierro forzoso de la auténtica patria, la cama.
En fin, menos mal que uno ya va cogiendo experiencia en estos ruedos y se la suda un poco este mal rato que a veces te hacen pasar. Porque estos son momentos que te ayudan a aprender a aguantar chaparrones, para cuando caiga una igual puedas decir “no pasa nada, estoy matriculado en las mejores universidades del metro de Londres”.
domingo, 17 de octubre de 2010
Chile y Londres

Muchas casualidades se están dando ya, pero el destino me dice que el próximo viaje será a Chile. No sé por qué pero tengo esa sensación. Desde hace algún tiempo me ha atraído esa tierra, que he descubierto gracias a la pluma de Isabel Allende y Pablo Neruda. Recuerdo que la primera vez que oí hablar de ella fue gracias a Iván Zamorano, chileno que jugó en el Real Madrid, pero como al renacuajo que yo era le caía como el culo, corramos un tupido velo y digamos que la conozco gracias a los dos escritores.
Hace algo más de una semana la casualidad quiso que me topara de frente con las memorias de mi poeta favorito, Pablo Neruda, chileno; unas memorias que llevaba algún tiempo buscando y precisamente en Londres es cuando he tenido la oportunidad de empezar a leer.
También aquí en Londres, y más concretamente en el metro, pude cruzarme en menos de dos días con dos mujeres, muy monas por cierto, leyendo sendas novelas de Isabel Allende. La primera mujer leía "La casa de los espíritus" y la segunda "Inés del alma mía". Precisamente son estas las dos últimas novelas que he leído de la escritora chilena. El dato es aún más curioso en cuanto son las dos únicas novelas de algún autor hispano que he visto ser leídas en el metro.
Pues bien, si no tenía suficiente el destino con ponerme Chile delante de mis ojos, el susodicho me dio otra señal por si no había captado las anteriores, resulta que ahora el destino se cree que soy tonto.
Durante esta semana pasada se ha producido el rescate de los mineros chilenos que quedaron atrapados en la mina de San José de Chile. Este hecho no pasó desapercibido para la prensa británica, ni mucho menos. En la oficina, entre ordenadores y folios, tenía tiempo de sobra para mirar de soslayo la tele que tenemos perenne con la BBC a todas horas, retransmitiendo en directo la salida de los mineros, como si de un evento deportivo se tratara. Solo faltaba el comentarista deportivo poniéndole emoción al encuentro, el encuentro de los mineros con las familias, claro.
Pero la semana fantástica de Chile, cual promoción de “el corte inglés”, no acaba ahí. Leyendo y leyendo las memorias de Pablo Neruda me doy cuenta que éste hace algunas menciones a Londres. Habla por ejemplo de la National Gallery, cuando dice que allí se encuentra una obra de un amigo suyo, Álvaro Guevara, que tiene el privilegio de ser el único pintor de Hispanoamérica presente en aquel museo de Londres. La pintura mencionada es un retrato de una dama llamada Edith Sitwell, y se ha convertido en objetivo de mi visita gracias a Don Pablo. Vuelve a ser el destino, que quiere llevarme allí, lo sé. Algo habrá en ese cuadro o en esa sala, un mensaje oculto o algo. Sí, ríanse, pero gracias a un argumento tan nimio como un mensaje oculto en un cuadro un señor llamado Dan Brown se está forrando, inexplicablemente pero se está forrando.
Pero esto tampoco acaba aquí. Los que siguen mi blog verán que el Jueves anduve por el museo británico, y ya saben mi opinión sobre esa colección, que sin poner en duda su belleza cuestionaba su proveniencia. Pues bien, Neruda menciona en sus memorias a su amigo Winzer, que conocío en su etapa como cónsul por oriente. Este amigo suyo se dedicaba a “conservar el tesoro cultural y arqueológico” de Ceilán (ahora llamada Sri Lanka) inspeccionando excavaciones arqueológicas entre otras cosas. Y continuando la lectura Neruda dice: “Naturalmente, todo aquello que era transportable partía bien embalado hacia el British Museum de Londres”. Continuando definiendo a su amigo así: “Mi amigo Winzer era un excelente producto del imperio, es decir, un elegante sinvergüenza”.
Y en el British Museum estaba yo, ignorante de que algunas figuras que veía eran las mismas que mencionaba el escritor. Otro vínculo involuntario, otro guiño del destino, o la suerte.
Son pequeñas casualidades que no dejan de ser graciosas, pero que alimentan mis ganas de emprender un viaje para conocer Chile, en cuanto pueda. De momento voy a continuar en Londres, y mi próxima visita creo que será la National Gallery, a visitar el cuadro del amigo, y como me encuentre con chilenos en la sala no sabré si descojonarme o acojonarme, créanme.
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